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Ariel Peña                                     

Exactamente el 7 de noviembre de 1917 de acuerdo a nuestro calendario gregoriano, fue el asalto al palacio del invierno por parte de la banda bolchevique en Petrogrado, dirigida por alias “Lenin”, comenzando para la humanidad el genocidio más grande del que se tenga noticia, que según el libro negro del comunismo (1997) es de 100 millones de asesinatos; sin embargo, otros analistas mencionan cifras cercanas a 150 millones de víctimas. Toda esa calamidad ha ocurrido en estos 100 años, convirtiendo al marxismo leninismo en la peor organización criminal de todos los tiempos, cuyas elites nunca han perdido perdón y por el contrario se ufanan, lo que demuestra el carácter bestial de esa secta.

No está por demás recordar que en la llamada “revolución rusa”, fueron asesinados en el gobierno de Lenin alrededor de 7 millones de personas; posteriormente bajo el régimen de Stalin en las purgas se cuentan 30 millones de muertos; a lo que hay que agregar la catástrofe de China, que en la colectivización y revolución cultural bajo la férula de Mao Zedong  se asesinaron  a 65 millones de seres humanos.

No hay que olvidar al marxista Pol Pot que en Camboya mató a 3 millones; de igual manera Kim il Sung, abuelo del actual mandatario Norcoreano    fue responsable de la muerte de otros 3 millones; hay que mencionar  a Ho Chi Minh asesino de 2 millones en Vietnam y a Fidel Castro criminal responsable de miles de asesinatos en Cuba, quien además patrocino maquinas de la muerte en 13 países latinoamericanos con 26 grupos guerrilleros en la década de los  sesenta, recibiendo órdenes del gobierno soviético.

Colombia tiene su dosis del genocidio comunista de parte de las guerrillas, quienes siguiendo los dogmas marxistas generaron el conflicto armado para la toma del poder, siguiendo las instrucciones del mandatario soviético Nikita Kruschev, quien en enero de 1961 dijo que su país respaldaría a  los movimientos de liberación en cualquier parte de la tierra, y para eso tenía en Latinoamérica al lacayo de Fidel Castro en plena guerra fría. O sea que no hay que hilar muy delgado para saber que la responsabilidad de todas las victimas que ha habido en Colombia, por el conflicto político-militar de las ultimas 6 décadas recae en el marxismo leninismo, con sus bandas armadas Farc y Eln, una desmovilizada y otra en negociación con el gobierno; a ellas se agrega el M-19 que entró en la legalidad en 1990, el Epl y otras de menor importancia.

Los bolcheviques, como cualquier mafia que se respete, después de asaltar el poder comenzaron a urdir sus vendettas entre los principales miembros de la cúpula, pero primero buscaron legitimar su gobierno y para ello convocaron a una Asamblea Constituyente el 26 de noviembre de 1917; los resultados les fueron adversos, quedando de la  siguiente forma: social-revolucionarios con 20,9 millones de votos (58%), bolcheviques 9,0 millones de votos (25%), liberales 4,6 millones de votos(13%) y mencheviques 1,7 millones de votos (4%).

Reunida la Asamblea el 31 de enero de 1918, fue disuelta al día siguiente por el gobierno bolchevique, lo que en buen romance significa que las elecciones le sirven a los comunistas, pero si las ganan o pueden hacer fraude como ocurre en la hermana república de Venezuela o comprar votos a gran escala como lo  harán las Farc, en las elecciones de 2018 con los inmensos  recursos del narcotráfico. Los bolcheviques, en marzo de 1918 trasladaron la sede del gobierno a Moscú y como estrategia definitiva firmaron con Alemania el tratado de Brest-Litovsk, cuya jugarreta les permitió consolidar el golpe en  contra el pueblo ruso.

La vendetta entre bolcheviques comienza a materializarse en 1923, por la enfermedad de Lenin, quien por los ataques de apoplejía no estaba en condiciones de participar en los asuntos de gobierno y del partido, formándose un triunvirato en el seno del Politburó. Este triunvirato lo integraban  Stalin, Zinóviev y Kaménev, quienes  se habían confabulado para impedir que Trotsky se hiciera dueño del poder, el cual no asistió a los funerales de Lenin en 1924, ya que se encontraba en el Cáucaso y Stalin le había comunicado una fecha  falsa.

Stalin, en el enfrentamiento con Trotsky, logra que éste presente su dimisión como comisario de guerra, después de un tumultuoso debate en el congreso del partido, y en 1926 se excluye  a Trotski del Politburó, siendo expulsado del partido en 1927 y desterrado a Alma- Ata (Kazajistan); en enero de 1929 es proscrito  de la Unión Soviética; Trotsky se va a Turquía, de ahí en 1933 llega a Francia y es expulsado en 1935 y  debe radicarse dos años en Noruega, para luego ir a México en donde continua escribiendo y organizando su IV Internacional obrera bajo la hospitalidad del pintor Diego Rivera. Un sicario catalán, seguidor de Stalin y miembro NKVD, llamado Ramón  Mercader, el  20 de agosto de 1940 mata a Trotski con una hacha; el asesino fue condenado a 20 años de prisión en México, los que cumplió en 1960; sin embargo fue declarado héroe  de la Unión Soviética y protegido por el sátrapa de Fidel Castro, muriendo en La Habana en 1978, lo que demuestra el talante criminal comunista.

También dentro de la vendetta marxista de los bolcheviques, Stalin se deshizo de sus dos compinches, Zinóviev y Kámevev, y los  ejecutó en 1936, patentizándose indudablemente que el marxismo leninismo es una escuela del crimen, en donde lo importante es el poder sin interesar el sufrimiento de los pueblos Entonces, a 100 años del golpe bolchevique  en Rusia, se  ha demostrado sin lugar a dudas que el comunismo totalitario es enemigo de la humanidad, cuyo juicio histórico hay que hacerlo sin ambages, para que sea repudiado como ocurre con  el nazismo, el fascismo y el apartheid. Y en Colombia hay que permanecer con los ojos abiertos frente a las conspiraciones del comunismo totalitario con sus diferentes máscaras.

Publicado en Columnistas Nacionales

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