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Pedro Aja Castaño                                    

Dedicado a los héroes de las Fuerzas Armadas de Colombia.

'Señor, por favor, ayúdame a bajar uno más; otro más, hasta que no quede ninguno, y yo sea el último en bajar.”

Oración real de Desmond Doss cuando rescataba a sus compañeros heridos en la Batalla de Okinawa.

En nuestro siglo 21 tenemos muchas celebridades de 15 minutos, pero pocos héroes. Conocemos las estatuas de próceres reales y otros políticamente impuestos, como el Che Guevara o Chávez, pero muy pocas historias de héroes morales forjados en el campo de batalla como ejemplo para la humanidad. Este recuento de la película “Hasta el último hombre” (Hacksaw Ridge en inglés) dirigida por Mel Gibson y ganadora de muchos premios es uno de ellos. Es sobre el servicio militar de Desmond Doss, un objetor de conciencia durante la Segunda Guerra Mundial, condecorado por el presidente Harry Truman con la Medalla al Honor por su heroísmo en la batalla de Okinawa.

Nuestra cultura ha remplazado los héroes por las estrellas del rock, el cine o los deportes; o por los hombres y mujeres de éxito. Casualmente pueden ser objeto de nuestra curiosidad, atención y, al final, nos decepcionan, los olvidamos o remplazamos por alguien de moda o noticioso.

En cambio, los héroes nos dan algo sustancial, pues en vez de pasar el tiempo buscando la fama y la fortuna, en realidad viven sus valores; ya sea que estén en las noticias o no. No dirigen su atención hacia ellos mismos, sino hacia algo mucho más grande que a veces tiene el ropaje de la humildad: un enfermo, un soldado herido, o un sacrificio político, por ejemplo. Las celebridades pueden presentar al mundo como su trofeo, pero los héroes son los que hacen de un cierto mundo un trofeo digno. Por ese motivo necesitamos héroes morales. Ellos son los que nos pueden convertir en personas que hagan de este planeta algo mejor.

Desmond Doss se unió al Ejército de los Estados Unidos en abril de 1942. Podría haber obtenido un aplazamiento porque trabajaba como carpintero en un astillero en Newport, Virginia, pero quería servir a su país. Por ese motivo no se consideraba un objetor, sino un colaborador de conciencia. De ahí que habiendo decidido no portar armas debido a sus convicciones religiosas, ingresara como paramédico al ejército. En marzo de 1944, fue enviado junto con el resto de la División 77para la invasión aliada de Okinawa, "Sentí que era un honor servir a Dios y al país… estábamos luchando por nuestra libertad y la libertad religiosa."

En la película, después de una pelea con su hermano en la que casi lo mata, nos cuenta Desmond: “Mi padre había comprado un cuadro con la versión ilustrada de los Diez Mandamientos y el Padrenuestro; yo me quedé mirando la imagen del Quinto Mandamiento, 'No matarás'. Había una foto de Caín matando a su hermano Abel, y me dije: “¿Cómo puede un hermano hacer algo así? Me imaginaba a Cristo salvándonos la vida, y me propuse: quiero ser como Cristo, voy a salvar vidas en lugar de quitarlas.” Y esa fue la razón por la que quiso estudiar medicina, pero no pudo.

Sin embargo, el incidente definitivo que forjó su actitud hacia las armas se dio cuando su padre, un borracho, en una pelea con su madre, casi la mata. Desmond le quitó el revólver al padre y en el forcejeo el arma se disparó. No lo mató de milagro. Pero en su conciencia quiso hacerlo. Ese día juró que más nunca tocaría un arma. Y lo cumplió, a pesar de todos los sufrimientos, humillaciones y riesgos que esa decisión le costó, como soldado en el frente de batalla. Sus compañeros de batallón se burlaban de él, lo matoneaban. Sus superiores trataron de sacarlo del ejército porque ese dilema militar, de ser un combatiente paramédico desarmado, era insufrible.

De muchas formas trató de explicar que deseaba estar en el ejército y hacer su parte, simplemente sin tener que matar. Él entendía que esa guerra era justa, pero que matar estaba mal. Después de un intento de hacerle un consejo de guerra por desobediencia, decidieron dejarlo en servicio y enviarlo al frente.

Un Héroe Moral es una persona que de manera intencional y desinteresada mantiene una virtud moral, como amabilidad, paciencia, el ser justo, compasivo, amoroso, pacífico, tenaz en sus deberes; sabe cuáles son los riesgos y consecuencias de sus acciones, pero las asume. Lo hemos visto en los movimientos de derechos civiles, en la vida de Sor Teresa de Calcuta, la acción desinteresada de Óscar Schindler, Gandhi, Albert Schweitzer, etc. Los héroes morales no son perfectos, sin mancha o sin errores. Es posible que no alcancen su objetivo mientras viven pero hacen un gran esfuerzo por lograrlo. Sin embargo, si su acción individual es lo suficientemente grande como para inspirarnos hacia un nivel superior de comunidad o de vida personal, entonces son para nosotros un héroe moral. Debemos también considerar que muchos lo sean, pero nuestro peculiar modo de ser o pensar, no nos permite verlo así. Desmond Doss era una de esas personas que muchos no comprendieron en un comienzo, pero más tarde no pudieron negar la evidencia de su heroísmo. Y el día marcado por su destino llegó.

Hay en la isla de Okinawa una meseta cuyo acceso se da por un acantilado, casi una pared, de aproximadamente 100 metros. "Los japoneses habían estado allí durante años", contó el verdadero Desmond Doss. "Tenían esa montaña en forma de panal con camuflaje por todas partes; parecía un terreno natural. Eso es lo que tuvimos que enfrentar." Los japoneses se escondían por todos lados, en cuevas, túneles, agujeros y fortines, listos para ametrallar a cualquier enemigo que se acercara. El acceso a la meseta era tan mortal que se la llamaba la cresta en forma de sierra (“Hacksaw Ridge")
Recuerdan los soldados involucrados en la batalla para tomar la cresta y la meseta que los cuerpos se apilaban en medio de charcos de barro y sangre. El fuego de las ametralladoras era tan fuerte y seguido que cortaba los cuerpos por la mitad.

Desmond Doss fue uno de los tres hombres que se ofreció voluntariamente para subir la cresta y colgar las redes de carga que eran las mismas que se habían utilizado para bajar los soldados desde los barcos del ejército hasta las lanchas de desembarco que los llevaron a tierra. Desmond sabía que sería el blanco preferido de los japoneses. Los paramédicos eran los primeros en caer para desmoralizar a la tropa. Por ese motivo se quitaban los elementos de identificación de la Cruz Roja.

Debido a los disparos de mortero pesado, artillería y ametralladoras, la mayoría del batallón retrocedió dejando atrás decenas de heridos para enfrentar solos la muerte inevitable o la captura por parte de los japoneses. “Esos hombres de allá arriba eran mis amigos y no iba a abandonarlos…algunos tenían familias y confiaban en mí. No sentía que debía valorar mi vida más que la de ellos, así que decidí quedarme y cuidar a todos los que pudiera. Pero no sabía cómo iba a hacerlo," contó Desmond a los que reconstruyeron los sucesos reales. Al igual que en la película arrastró a los heridos hasta el borde del acantilado, los bajó uno a uno por esa pared, y salvó 75 americanos y 2 japoneses. En la investigación de los hechos un soldado japonés contó que tuvo a Desmond varias veces en la mira, pero que al intentar dispararle el arma se le trababa.

Fue un milagro que Desmond Doss hubiera salido del acantilado de Okinawa. "Cuando hay explosiones y ráfagas tan cerca que prácticamente te rozan y no te hieren cuando deberías haber muerto varias veces, sé a quién debo mi vida tanto como a mis hombres. Es por eso que me gusta contar esta historia para la gloria de Dios, porque sé que, desde el punto de vista humano, no debería estar aquí.” La verdadera historia revela que pasó 12 horas en la cresta rescatando a los hombres, con un promedio de un hombre cada 10 minutos. Algunos investigadores dicen que fueron más de 75, quizá 100.
El asalto final para tomar la escarpada meseta sucedió en la mañana del sábado 5 de mayo de 1945, el día que debía dedicarse a la oración, según las creencias de los adventistas del 7º día. Dado que Desmond era el único para- médico que quedaba en la Compañía B, aceptó ir, pero solicitó que le dieran tiempo para leer su Biblia. La demora fue aprobada por la cadena de mando y el asalto quedó en suspenso hasta que Desmond terminó sus devociones. Ese día, el Regimiento 307 de la División 77 de Infantería superó y venció a los japoneses que se rindieron.

Pero en la noche del 21 de mayo de 1945, la unidad de Desmond se encontró inesperadamente con una compañía de soldados japoneses. Lucharon cuerpo a cuerpo y Desmond se ocupó en proteger a los heridos. "Comenzaron a lanzar granadas de mano… Vi venir una. Había tres hombres en el agujero conmigo en la parte inferior, pero yo estaba del otro lado mirando cuando la lanzaron. Sabía que no había manera de que pudiera alcanzarla así que tirándome al suelo lancé una patada donde pensaba que podría caer la granada. Medio segundo después, sentí que estaba volando en el aire. Veía estrellas que no debería estar viendo y supe que mis piernas y mi cuerpo habían estallado.”Quedó con 17 esquirlas de metralla incrustadas en el cuerpo, principalmente en sus piernas.
En una carta a Dorothy del 31 de mayo de 1945, le informó que mientras era curado en el barco hospital Mercy, se dio cuenta de que había perdido su pequeña Biblia al ser herido. Se la había regalado su esposa antes de partir. Le contaba a Dorothy que esperaba que alguien la hubiera encontrado y se la guardara. "Esa fue mi principal fuente de fortaleza durante la guerra y en el servicio", aseguraba y luego, "al perderla, me sentí perdido". Los hombres de la Compañía B se enteraron de lo que sufría por esa pérdida y arriesgaron sus vidas para encontrarla para Desmond, lo cual lograron. ¿Qué aprendí de esta película?

1. Que el trono moral no lo ocupa cualquiera, ni pertenece a los famosos. Muy pocos en Colombia sabíamos de Desmond Doss.
2. El heroísmo moral de Desmond se basaba en una fe heroica, como la de Jesucristo.
3. A este pacifista de Dios que probó su convicción en el frente de guerra, salvando vidas sin disparar un tiro, le creo. El Ejército de EE. UU, sus compañeros y Harry Truman le creyeron. Sobre los otros que son pacifistas por política, les respeto su derecho, pero me reservo el mío de creer o no.
4. El objetor de conciencia puede serlo por una posición política amparada en el derecho subjetivo de discrepar de la autoridad; pero también existen los que se ganan ese derecho a ser objetores o colaboradores de conciencia, demostrándolo y haciéndolo respetar con sus vidas. Desmond Doss se ganó ese derecho inobjetable probando que no era cobarde al estar en primera línea en el campo de batalla y persistir en su tarea de proteger a los heridos aun cuando sus compañeros se habían retirado.
5. Sin embargo, no salió ileso de la batalla; probó el dolor de sus compañeros y tuvo la muerte a su lado.
6. Su ejemplo de fe, su auténtico y demostrado valor lograron convencer a sus compañeros. No los discursos.

No creo necesario, para presentar en contra argumento de este escrito, hablar del egoísmo moral o ético cuyos representantes abundan y están de moda. Sin embargo, el egoísmo ético es compatible con la moral del sentido común que incluye al otro, y consistiría en obedecer ciertas reglas, cumplir promesas, no mentir, no dañar, etc. deberes u obligaciones que derivarían a un fin común, el cual sería de interés propio. Este sería el egoísmo inteligente. Aun así, algunos deberes y obligaciones pueden ir en contra de esa comodidad subjetiva. En eso consiste el heroísmo moral, salir de la zona de confort grande o pequeña; por eso duele y solamente es superable mediante el amor, o la repentina iluminación de que existe un interés superior.

Pensamientocolombia.org, 29 de octubre de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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