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Carlos Salas Silva                                       

Sólo a una mente llena de maldad se le ocurriría dejar a su pueblo como presidente al personaje más bajo que podía encontrar. Eso hizo Chávez, con pleno conocimiento de causa, cuando decidió, en su último gesto de tirano, que Nicolás Maduro sería su sucesor. Tan sólo a una mente perversa se le podía ocurrir dejarle el país a un grupo de criminales de la peor calaña. En eso ha estado empeñado Santos durante sus mediocres siete y pico años de gobierno.

Venezuela no para de darnos unas duras lecciones de las que, por desgracia, poca enseñanza hemos sabido sacar. Nos han robado elecciones siguiendo el modelo descaradamente aplicado por Chávez y luego por Maduro desde que le “ganó” a Capriles. Juan Manuel Santos, luego de la manera tan vil como se infiltró en el gobierno de Álvaro Uribe para trepar como una serpiente el árbol del poder, se inició en el robo de elecciones con las pasadas parlamentarias en donde se jugó el todo por el todo. Era requisito indispensable, para la entrega del país a las FARC, contar con unas mayorías corruptas en el Congreso. Luego de ver lo fácil que es estafar a todo un pueblo, hacerlo de nuevo en las presidenciales y las regionales para él fue un juego de niños.

Maduro roba con el mayor desparpajo. Ha demostrado ser capaz de arrebatarle el pan a un niño para aplacar el apetito desmedido de su entorno de buitres. Le da igual que sean grandes cantidades de dólares, petróleo, minerales o votos. Sabe que un país reprimido y una oposición dividida es pan comido para sus muy oscuras ambiciones. Por su parte Santos miente, miente y miente como pocos tienen el descaro de hacerlo y ha aprendido que atornillarse en el poder es muy fácil, con tan sólo seguir los procedimientos de la mafia aplicándolos, como todo un capo de capos, las cosas funcionan. Así llegó hasta el extremo inaudito de “asesinar” la voluntad popular apenas nacida de un plebiscito -como “abortar” un bebe después del parto, me perdonarán la comparación-.

Lo que se nos viene es muy grave. Hemos presenciado como los venezolanos y la comunidad internacional han permitido el fraude monumental en las recientes elecciones, de la misma manera que en el pasado. El gran reto para los colombianos es impedir el fraude, no tolerar la compra de un solo voto, no permitir que los dineros públicos se utilicen para financiar la campaña del candidato de las FARC que será el mismo de Santos, denunciar con valentía cualquier presión armada contra la población para llevarla a votar como indiquen los criminales y tener vigilancia atenta a la Registraduría. Cobrarles de una vez por todas a los congresistas de la Unidad Nacional su traición a la patria negándoles el voto y mostrándoles el desprecio que se merecen en cada ocasión que se presente y, especialmente, decirle a Juan Manuel Santos que, así siga los pasos de su fallecido amigo Chávez, no le vamos a alcahuetear sus caprichos y veleidades propios de una inmadurez plagada de vanidad.

Como parte de la estrategia del gobierno y los narcoterroristas en la lucha por el poder, va a jugar un papel fundamental el tratar de dividir a la oposición, lo que ha funcionado espléndidamente en el país vecino. No podemos caer en esa trampa. El Centro Democrático ha demostrado ser lo suficientemente sólido en estos duros años como para quebrarse en su momento más decisivo. Lo que está en juego no tiene reversa, la meta es arrebatarle el inmenso poder acumulado en estos años por un gobierno ilegitimo, corrupto y perverso para reconquistar la democracia y emprender un camino de crecimiento moral y material.

En las parlamentarias nos jugaremos el todo por el todo -no se tuvo en cuenta eso hace cuatro años y hemos venido pagando las consecuencias-. Necesitamos unas mayorías en el Congreso para poder llegar a las presidenciales con toda la fe en que la luz volverá a brillar en el horizonte y para ello los dos grandes retos son: luchar contra el fraude desde ya y mantener la unidad.

Publicado en Columnistas Nacionales

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