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José Alvear Sanín                                     

Otorgado casi toda a las FARC, se comprende que la “negociación” con el ELN tiene que conducir forzosamente a lo que podemos llamar la “cláusula de la guerrilla más favorecida”, porque todo lo conseguido por las FARC se extenderá al ELN. Este, a su vez, logrará algo más, como presupuesto para su firma…

El gobierno está de acuerdo, de antemano, con firmar cualquier cosa.  El jefe entregador, Juan Camilo Restrepo, así lo ha dado a entender con su actitud supina y sus melifluos comunicados frente al jefe receptor del ELN.  Desde luego, Restrepo no puede ser menos generoso que De la Calle, ni sus emolumentos menores.

El gobierno pagó aviones, hoteles y gastos a los del ELN, para que fueran a La Habana, a coordinar con las FARC los detalles de su colaboración estratégica para someter a Colombia, como corresponde a milicias igualmente dependientes del Foro de Sao Paulo…

Desde luego, las conversaciones con el ELN no están sujetas a plazos ni condiciones. Los subversivos saben que todo lo que exijan está concedido ya. Únicamente falta que ellos escojan la fecha que les sea más conveniente para firmar. ¿Antes, o después de las elecciones?

Dejemos, entonces, al ELN escoger la fecha. A nosotros lo que nos toca es colegir lo que se les va a dar. Para eso basta con aplicar la regla de tres: Si el ELN dispone de la cuarta parte de los efectivos que dizque desmovilizó el Secretariado, a los de Gabino habrá que darles, en esa proporción, cupos en la CSIVI. También será necesario ampliar, en igual proporción, la JEP, la Comisión de la Verdad y los incontables organismos, agencias, institutos y comités que están previstos en las 312 páginas.

A propósito: ¿cuántos folios tendrá el acuerdo con el ELN? ¿Qué abogado extranjero lo redactará, con la ayuda de rábulas criollos? ¿Pretenderán también que es un acuerdo humanitario y de derecho internacional?

Si las Farc tienen tres cupos en la CSIVI, el 25% de 3 es 0.75%, lo que exige un ajuste hasta de un miembro entero en ese organismo supremo del país. Si las FARC tienen 51 simpatizantes en la JEP, habrá que nombrar 12,75 magistrados afines al ELN, número que se redondeará a 13, a pesar de la “mala vibra” asociada con este terrible número, et cætera.

El costo de más burocracia no es problema para un gobierno que siempre encuentra recursos para favorecer a sus nuevos mejores amigos y socios. Los problemas serán para un país que no se da cuenta de que el acuerdo con el ELN significará la culminación del establecimiento de un régimen marxista-leninista totalitario, colectivista, despótico y castrista.

Como a las FARC se les entregó el campo mediante una dizque “reforma agraria integral”, el ELN exige la reforma urbana. Eso está claramente expresado en el comunicado del cese provisional al fuego:

Un proceso de paz que no cambie o modifique el modelo económico y

político, no pasa de ser un acuerdo cosmético y un remedo de paz (…).

En materia económica (…) si no se lleva a cabo una reforma agraria que

resuelva el problema de los sin tierra, y una reforma urbana pensando

en los que no tienen vivienda, la paz no es posible.

Estamos pues, notificados por Juan Camilo Restrepo, del cambio de modelo económico y social que se nos viene encima para alcanzar otra “paz”.

No existe revolución leninista que no implique “reforma urbana”, inmediata y fulminante, es decir, la expropiación de todas las áreas de las viviendas particulares que excedan los requerimientos de sus propietarios. Estos quedan reducidos a una alcoba, y obligados a compartir cocina y baños. Esta fórmula brutal exonera a la revolución de la construcción de nueva vivienda y de la generación de empleo correspondiente, pero elimina la libertad personal y la intimidad, tanto de los expropiados como de los nuevos ocupantes.

Así, la vida se convierte en un infierno, por la convivencia forzada, el desaseo de baños y cocinas, el saqueo de libros, discos y demás efectos. Así vivieron los rusos y los habitantes de Europa Oriental largos años.Los cubanos habitan edifícios cada vez mas  tuguriales, que amenazan ruina, en la que fuera una de las más bellas ciudades del mundo. En Venezuela ya empiezan a padecer esta situación.

Nadie expresó mejor ese horror que Jean-Paul Sartre cuando dijo: “El infierno son los otros”, imaginándolo como la convivencia de gentes obligadas eternamente a compartir la misma estancia…

                                                                                              ***

Como no se puede pedir peras al olmo, la designación de otro extremista revolucionario como fiscal de la JEP no ha sorprendido a nadie. Ese nombramiento confirma que esa jurisdicción revanchista jugará un papel definitivo en el establecimiento de un Estado totalitario… ¿Otro Fouquier-Tinville o un Andrei Vichinski?

                                                                                              ***

En estos días aciagos recuerdo a Elkin Valderrama Gómez, eximio jurista que nos dejó el 26 de octubre del año pasado. Su vida profesional estuvo orientada por su amor a la cátedra. Fruto de sus incesantes preocupaciones iusfilosóficas fue su libro Teoría General del Derecho, que él describió como “Gnoseontología del Derecho y Socioegología jurídica” (Medellín: Librería Jurídica Sánchez; 2010), fundamentada en la concepción del derecho como ética de la coexistencia humana.

Elkin resolvía las situaciones más complejas con una mezcla de sabiduría e ironía que le permitía ofrecer conclusiones sintéticas, como cuando finalizando su libro (p.385) sentenciaba: “La inocencia no se negocia, tampoco la culpabilidad. Esta se sanciona”. 

Cuando apareció su obra, señaló, profético: “Como sistema axiológico (…) el derecho es encumbrada manifestación de cultura; como instrumento de vindicta es su más perversa expresión” (p. 160). Y hablando de la función jurisdiccional advertía: “Si el juez es sabio, profundo y humanista, así serán sus decisiones; pero si es ignorante, inmoral, resentido, así serán sus decisiones”.

En estos días del cartel de la toga, de la JEP y el blindaje del NAF por parte de una corte constitucional equilibrista y trémula, hay que recordar, con dolor, desde luego, la desaparición de los postulados éticos sobre los cuales se asentaba el estado de derecho, tan caro para Elkin.

Publicado en Columnistas Nacionales

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