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Carlos Salas Silva                                                        

A finales de 2014 y comienzos de 2015 un equipo de cineastas dirigidos por Ana Salas, mi hija, se tomaron mi taller de artista pintor para filmar el proceso de la realización de un cuadro circular de 3 metros de diámetro. El resultado de esa experiencia es un film de largo metraje que se va a presentar en Bogotá en los próximos días luego de haber sido proyectado en Miami, Barcelona, París y otras ciudades en el exterior.

He tenido la oportunidad de verla y experimentar la extraña sensación de observarme desde atrás de mi mismo, saber con certeza que el que está ahí en la pantalla soy yo pero siendo otro. Lo que constituye mi vida de todos los días con sus rituales, sus monotonías, sus turbulencias y sus quiebres junto con las misteriosas horas nocturnas pasadas entre sueños, pensamientos, lecturas y videos, está en esta película reflejado de una manera muy cercana a la realidad. Esto hace de ella un documental construido como un film de ficción.

Por estar en orillas opuestas, con Ana hicimos un pacto, no hablar de política. Ese acuerdo tan difícil de mantener se ve de repente roto por una exclamación o un comentario rápido que se convierten en una bomba a punto de estallar. Con maestría Ana ha sabido mostrar eso en su película de tal manera que introduce un elemento documental que muchas veces se deja a un lado, lo que no se dice, lo que no aparece.

Dice Facundo Cabral que le gusta la gente sencilla aunque él sea complicado. Comparto ese gusto por quienes se ocupan de las labores más simples porque a pesar de que seamos muy complicados, nuestro acontecer está lleno de esas pequeñas cosas y es ahí en donde el pensamiento se siente más libre, sin las presiones de los compromisos y el afán de lucirse ante los demás. Una labor solitaria es la del pintor en la que sus pensamientos son simples, así se ocupe de cosas complejas. Barrer la calle se asemeja más a pintar un cuadro que muchas otras acciones.

Mi pintura es una lucha con la superficie del cuadro de la que sale victoriosa ella pero con todas las cicatrices que le han dejado las heridas de esa confrontación. Pero también mi pintura es un lugar de reconciliación. Todo el peso de un pasado lleno de errores no lo podría llevar sin el auxilio de la pintura. Cuando he pasado meses alejado de la pintura, siento como si me hubiera perdido de lo más importante, el enfrentamiento con los fantasmas que me asaltan desde muy niño. Ahora comprendo porque mi abstracción nació en una noche en vela, tenía que ser así. Uno de mis primeros recuerdos es el de haber despertado a mi mami para decirle que habían monstruos en mi almohada. Ella, muy sabiamente, volteó la almohada diciendo: “en este lado no hay monstruos, duerme tranquilo”.

Cuando Ana me contó que luego de sus diarios filmados tenía el propósito de realizar una película sobre su padre, supe que la haría fuera como fuera. Así es mi hija, su poética obra cinematográfica no podría hacerse realidad sin su rigurosidad y profesionalismo. Con una charla que sostuvimos En una playa en Nuquí cuando estaba cumpliendo cincuenta años, recostados contra un tronco mirando el mar gris del pacifico colombiano, se inició la aventura de esta película que no tiene fin. 

Publicado en Columnistas Nacionales

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