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Luis Alfonso García Carmona                                                 

La profusión de noticias políticas, entre las que se cuelan las mentiras del régimen, las amenazas de los  honorables ex guerrilleros, y las torpes excusas o justificaciones de quienes pretenden tapar el sol con las manos, ha logrado tender una cortina de humo sobre la triste realidad nacional. Hasta el punto de que una gran parte de compatriotas prefiere alejarse de este oscuro panorama y reemplazarlo por las incidencias del fútbol o con otros temas menos espinosos.

Pero la verdad es que estamos bordeando un abismo de proporciones incalculables. La corrupción ha alcanzado niveles nunca antes vistos en las más altas esferas del Gobierno; las cortes, convertidas en organizaciones criminales; la Democracia, reemplazada por un tirano que reúne en sus manos todos los poderes y, a su turno, es esclavo de las FARC, pues solo cumple sus mandatos; el déficit fiscal, originado en el desmesurado reparto de favores entre los validos del régimen, no tiene parangón en nuestra historia; las instituciones y el Estado de Derecho,  entregados a una banda de facinerosos que ni siquiera han cumplido lo pactado en el llamado “acuerdo de paz”.

No obstante las ingentes sumas de dinero que alimentan a los medios de comunicación y la repetida palabrería de los áulicos del tirano, la desaprobación al régimen persiste. En la encuesta Gallup de agosto la desaprobación al Presidente es del 72%, al Congreso del 80%, a la Justicia del 83% y al socio del Gobierno, las FARC, del 84%.Esto nos indica, ni más ni menos, que el establecimiento y sus cómplices, actúan de espaldas a sus gobernados.

Según enseña la Teoría General del Estado, disciplina que recibió importantes aportes de Hans Kelsen, George Jellinek, y Herman Heller entre otros, la existencia del Estado requiere una sociedad humana, asentada en un territorio, con poder soberano para delegar en una persona jurídica la aplicación de un orden jurídico que busque el bien público temporal. La organización racional de la sociedad incluye tres fundamentos elementales: El aumento progresivo de la libertad, la igualdad y la seguridad.  La escuela axiológica, que tiene su origen en las tesis de Platón en La República, y posterior desarrollo en las de Tomás de Aquino, define el bien común como la finalidad del Estado.

Pues bien, de la comparación de la teoría con la actual coyuntura del país, forzoso es concluir que, de seguir por el camino que vamos, el Estado dejará muy pronto de ser viable. Ya fue subvertido el orden jurídico, incorporando 312 páginas de basura a la Constitución. Principios universales como el de la cosa juzgada, el del juez natural, el de la separación de los poderes, el del respeto por la voluntad soberana del pueblo,  han sido arrasados de raíz en nombre de una fementida paz.

Se abandonó el fin principal del Estado, cual es la búsqueda del bien común, para reemplazarlo con la persecución del poder para una camarilla que pretende instaurar un sistema marxista-leninista que jamás ha sido del gusto del pueblo colombiano, como lo atestiguan los comicios celebrados en toda nuestra historia republicana. Los gobernantes de turno y sus adláteres, en un nítido abuso del poder, han colocado el aparato estatal al servicio de sus intereses particulares, con perjuicio del resto de la población.

Como resultado de lo expuesto, nos queda un país sin Democracia, sin Estado de Derecho, con una opinión pública abiertamente descontenta con la gestión gubernamental, sin recursos fiscales para afrontar las necesidades de nuestra sociedad y con un incierto porvenir marcado por la incertidumbre y la frustración.

¿Cómo impedir que caigamos en el abismo de la inviabilidad y nos convirtamos en la segunda Venezuela? Emprendiendo ya la tarea de la RECONSTRUCCIÓN NACIONAL. Unámonos al lado de quienes proponen cambiar la actual situación, devolver la Democracia, respetar la voluntad popular y desterrar de Colombia al socialismo del siglo XXI. Empecemos por divulgar estas verdades que calla la gran prensa ahíta de “mermelada” y por convocar a las gentes de bien a trabajar en esta causa.  

Publicado en Columnistas Nacionales

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