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Luis Alfonso García Carmona                                               

Cada día que pasa en este interminable régimen Santos-Timochenko, nos trae una nueva y deplorable sorpresa. Ahora nos anuncian que, para solucionar la crisis de la Justicia originada en la corrupción que la roe desde sus entrañas, el gobierno convocará un referendo.

La verdad es que  -ante la poca credibilidad que el gobierno de Santos inspira– no se sabe quién saldrá a votar semejante despropósito.

¿Cómo se va a atrever Santos a pedir que le voten sí al referendo, cuando todo el mundo sabe que él mismo se ha encargado de corromper hasta los tuétanos (ahí sí) a jueces y tribunales? No se nombra un solo magistrado que no esté comprometido de antemano con lo que Santos ordene. Muy reciente está la designación de Diana Fajardo, escabroso proceso en que los voceros del Presidente (las FARC y el senador Armando Benedetti), salieron a amenazar al Congreso, diciendo que si no se escogía a la candidata del Presidente, los acuerdos de paz no se podrían implementar. Ver: http://www.eltiempo.com/politica/polemica-por-eleccion-de-fajardo-a-la-corte-constitucional-94410

Desde antes de llegar al solio presidencial, ya su labor contaminante de la Justicia había empezado. Recordemos la infamia cometida contra Andrés Felipe Arias, con la complicidad del ex- presidente de la Corte Suprema y acérrimo enemigo del gobierno de Uribe Vélez, Yesid Ramírez. Se condenó a Arias a pesar de que la Procuraduría lo había absuelto después de una minuciosa investigación de dos años, y de que las famosas adjudicaciones indebidas que se le endilgaban las había realizado un organismo internacional, independiente del Ministerio a su cargo, la ILCA-OEA. Ver: http://www.periodicodebate.com/index.php/nacion/politica/item/13849-verdades-y-mentiras-sobre-el-caso-de-andres-felipe-arias-y-agro-ingreso-seguro

Fueron Santos y su compinche en la entrega del país a las FARC, Sergio Jaramillo, quienes “empapelaron” como ahora se dice, a un héroe de la Patria, el Coronel Hernán Mejía Gutiérrez, para privarlo no sólo de su libertad, sino del  bien más preciado para un militar: su honor y su buen nombre.

No se nos olvida que en el 2012 intentó Santos otra reforma a la Justicia, que, en lugar de buscar soluciones a los inveterados problemas que la aquejan, pretendía favorecer aún más a los congresistas  corruptos, aumentar el período de los magistrados y otras lindezas por el estilo. Fue tal la protesta generalizada contra este monumental desaguisado, que Santos se vio en la necesidad de objetar el Acto Legislativo, ya cumplidos todos los debates reglamentarios, y a convocar a sesiones extraordinarias para archivarlo, procedimiento totalmente inconstitucional. Así lo determinó el Consejo de Estado, pero dejando en firme la impúdica revocatoria. 

No nos extrañemos, entonces, que esta Corte, con semejantes antecedentes, haya sido capaz de avalar la “refrendación popular” emitida por el Congreso en sustitución de la voluntad popular que dijo NO en el plebiscito, y, que, a renglón seguido, avale los acuerdos donde se crea un tribunal y una fiscalía paralelos para perseguir a los opositores de las FARC y para absolver a los más crueles criminales de nuestra historia.

Si seguimos por este camino, el legado de Santos va a ser la destrucción de todas nuestras instituciones. Los escándalos de los magistrados Leonidas Bustos, Francisco Ricaurte, Gustavo Malo, Camilo Tarquino y del fiscal Gustavo Moreno, serían suficientes en cualquier país del mundo para realizar una limpieza a fondo en la Justicia ; eliminar esa multitud de organismos judiciales; crear un sistema de designación que garantice el acceso de verdaderos profesores del Derecho, maduros, sin ambiciones políticas ni económicas, que sean escogidos por su brillante hoja de vida; quitarle al Congreso toda función judicial; y, sacar de la Justicia toda función electoral.

Ese sería un buen comienzo para la tarea de RECONSTRUCCIÓN NACIONAL que los colombianos piden a gritos. Empecemos por llevar al Congreso y a la Presidencia a los mejores hombres, sin importar si son o no conocidos. Juzguémoslos por sus actuaciones, no por lo que digan de ellos.

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Publicado en Columnistas Nacionales

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