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Juan David Escobar V.                             

La semana anterior un columnista de este periódico que no oculta su animadversión por los catalanes, se burló de sus aspiraciones independentistas y evidenció el desprecio que tienen en algunas partes del resto de España por esta región y por su gente, tan parecida a los antioqueños.

Es difícil entender a los enemigos de la soberanía catalana, pues sus argumentos para intentar justificar su posición terminan formando una absurda contradicción de la que no parecen conscientes.

Desde el otro lado del Atlántico a uno le queda difícil entender ¿cómo es que quienes despotrican de Cataluña por tanto mal que supuestamente le hace a España y tanto les molesta el sentimiento nacional catalán, por qué quieren retenerla por la fuerza y la chantajean por todos los medios?

Se parecen a ese miembro de pareja que se queja de los supuestos atropellos de su cónyuge que aparentemente es la fuente de todos sus males, pero en vez de liberarse de tan dañina presencia, se aferran a ella con garfios de acero, la amenazan con la ley y hasta con cárcel si se atreve a plantear la posibilidad de la separación.

Los sicólogos de pareja dicen que quien intenta retener por la fuerza al que no quiere estar contigo, lo violenta a dar artificialmente lo que no puede o no desea, provoca más dolor que felicidad y desvela una patética ausencia de autoestima.

¿No será que el resto de España lo que intenta es disfrazar su dependencia de Cataluña y creen que al demonizarla alcanzarán el solaz que su pequeñez no lograra darles? Como en la fábula atribuida a Esopo de la zorra y las uvas, ¿no será que la incapacidad de alcanzar las uvas que tanto se desean en secreto, los lleva a fingir desprecio?

Los enemigos de la soberanía catalana arguyen factores económicos y legales para negarla. Dicen que Cataluña independiente no es económicamente viable, pero el excelente economista Xavier Sala i Martín ha demostrado que ese es un argumento más del deseo madridista que de la realidad. ¿O será que temen cargar solos con los gastos que ahora reparten entre más?

Sin duda que el ordenamiento jurídico es “una” de las bases de la unidad nacional, pero no la única ni suficiente. Cuando hablamos de naciones, que es un concepto más sociológico que jurídico, asociado al sentimiento de lo que las personas consideran su referente colectivo y a una concepción común del devenir, la ley no logra borrar los deseos de soberanía de los grupos. En lo referente a aspiraciones de soberanía, la ley no amalgama ni aglutina, solo maquila.

¿Por qué no dejan que Cataluña haga su referéndum, se labre su destino y asuma las consecuencias y costos de sus decisiones?

No le teman a la voluntad popular ni a la democracia. España no es Colombia en donde, a diferencia del resto del mundo, desobedecer la voluntad popular en las urnas y secuestrar no son delitos.

El Colombiano, Medellín, 18 de septiembre de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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