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José Alvear Sanín                                     

Nunca antes me vi obligado a escribir algo más políticamente incorrecto que ahora, cuando el país está reconciliado, plenamente al parecer, en torno al papa. Ahora, los más rabiosos enemigos tradicionales del catolicismo rivalizan en encendidos ditirambos con los verdaderos seguidores de nuestra religión, procurando encontrarle el carácter “pastoral” a una gira que nunca pudo ocultar su condición política.

Los elementos más rabiosos de la izquierda compiten en veneración con las más piadosas monjitas, mientras todos los medios enmelcochados abusan del incienso, celebrando la apoteosis de la paz  fariana, a la que se sumará la elena antes de que, con iguales méritos, a ella se adhieran combos, oficinas y clanes.

Como no soy teólogo, me abstengo en esta página de opinar sobre el modernismo del actual papa y acerca de su pertenencia a la “teología del pueblo”, variante lunfarda de la teología de la liberación, para señalar que nadie ignora la orientación peronista y la cercanía del pontífice con los Castro, Evo, Obama, y su permanente ambigüedad —por decir lo menos— frente a Maduro, reiterada por él en el vuelo entre Cartagena y Roma.

En medio del coro ensordecedor, debo recordar ciertos antecedentes de la visita pontificia. Horas antes del plebiscito del 2 de octubre, en su calidad de jefe de Estado, Bergoglio intervino abusivamente para apoyar el SI y demonizar el NO, ocasionando perplejidad y confusión entre los católicos colombianos.  Esa indebida intromisión papal restó millones de votos al NO, sin la menor duda.

El papa advirtió, además, que solamente vendría cuando la paz estuviese blindada, lo que significa que acepta como legítimo el desconocimiento de la voluntad popular…

“Como nada de lo que se hace oculto dejará de ser proclamado desde los tejados”, se ha sabido que la “mediación” de la Santa Sede en las negociaciones entre Santos y Timo, después de la elección de Bergoglio, ha sido permanente, y que el Vaticano no desconoce los detalles del acuerdo entre el gobierno y los narcoterroristas. (ver: https://www.santegidiomadrid.org/wp-content/uploads/2016/03/Vida-Nueva-_-Gianni-La-Bella_-%E2%80%9CSantos-y-las-FARC-coinciden-en-que-el-Papa-impulsa-la-paz-en-Colombia%E2%80%9D.pdf y http://www.wradio.com.co/escucha/archivo_de_audio/ahora-empieza-una-nueva-era-para-colombia-gianni-la-bella/20150923/oir/2942700.aspx     http://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/el-papa-fue-mucho-mas-clave-para-la-paz-de-lo-que-muchos-creen-gianni-la-bella-articulo-711219)

No creo, entonces, que el papa haya evitado ser manipulado por Santos, porque él sabía a  lo que venía… No dudo de que el pontífice, seguramente de buena fe, considere, desde su punto de vista político, conveniente para Colombia, y aun para la Iglesia, el tal “acuerdo final”, incluyendo la ideología de género.

 Vino, entonces, a consolidar ese convenio, cosa que ha hecho con especial maestría, tomando distancia física del presidente durante esos tres extenuantes días.

Su reiterado mensaje ha sido inequívoco: hay que perdonar, amar y reconciliarnos con quienes ni están arrepentidos, ni piden perdón, ni nos aman. Ahora bien, como para él todos somos igualmente víctimas, no existen responsables  ¿Qué inconveniente habrá, entonces, en votar por cualquier reconciliado que se presente?

Como católico recuerdo continuamente la parábola del hijo pródigo, donde el arrepentimiento precede al perdón. Así, según el Evangelio, no estamos obligados a perdonar a quienes persisten en su actuación malévola…

No desconozco que, entre tanta repetición del mantra de amor, perdón y reconciliación, el papa mencionó el respeto por la ley y la justicia, manifestación equívoca, porque él no puede desconocer que ahora la justicia es la JEP y que la Constitución y la ley han sido sustituidas por el espurio “acuerdo final”.

Para muchos, como es el caso del señor presidente, la visita papal ha producido milagros. Uno de ellos sería el fementido cese al fuego con el ELN, donde los subversivos a nada se comprometen, salvo a silenciar por 102 días las armas, mientras el Ejército los deje hacer y deshacer. En cambio para mí, lo milagroso es el estado de acrítica estupefacción en el que hemos quedado, que no nos permite columbrar la magnitud del espaldarazo vaticano a la paz habanera, ampliamente comentado en el exterior, mientras aquí se nos quiere hacer creer que el papa desautorizó a Santos…

No bien había salido el pontífice cuando ya se anunciaba la inminente designación de la “comisión de la verdad”, encabezada por De Roux y Alfredo Molano. ¿Qué verdad nos espera?

                                                                                              ***

¡Ojalá que para los escépticos como Alfonso Monsalve, Eduardo Mackenzie, Saúl Hernández Bolívar, Carlos Salas Silva y yo, alcancen la reconciliación, el amor y el perdón! 

Publicado en Columnistas Nacionales

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