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Carlos Salas Silva                                        

Sin duda se están frotando las manos ¡Lo lograron! No era difícil predecir el resultado. En un país católico hasta la médula, una visita del papa más controver­sial de las últimas décadas traería gran­des beneficios para “la paz” en Colombia. Apaciguar los ánim­os les era fundament­al -lo hicieron en el pasado, al ser derrotados en el plebiscito, inventando una me­sa de diálogo, de esas de las que son expertos, con la que se lavarían las manos antes de cometer el más duro golpe a la democracia dado en toda la historia de la región, el robo flagrante de la mayor manifestación del voto popular como lo es un plebi­scito-, y lo lograron.

Ahora, justo en el momento en que la implementación del ilegitimo acuer­do con los terrorist­as de las FARC pend­ía de un hilo por las arbitrariedades co­metidas en su ejecuc­ión que se agravaban cuando a congresistas y magistrados fav­orables a ese acuerdo se les estaba inve­stigando por graves acusaciones de corru­pción y cuando hasta la misma presidencia se veía tambalear al comprobarse el ingreso de dineros mal habidos en su campaña con lo que se violaron los topes elec­torales, que mejor salida que la de armar el circo y esta vez, nada más y nada me­nos, que con una sole­mne visita papal.

De inmensa gravedad lo que fue fríamente planeado y ejecutado por Santos y sus compinches con algo tan sagrado para la Iglesia. Este, como todos los actos poco éticos a los que nos ha acostumbrado el sátrapa en sus siete años de gobierno, está dirigido a legitimar la entrega del país a las FARC.

Causa consternación que las palabras del Evangelio sean pronunciadas por los peores enemigos de católicos y cristianos. Hablan de reconciliación quienes han cometido los actos más sanguinarios y se escudan en las palabras sagradas para justificar la impunidad que pretenden legitimar; de perdón quienes no han mostrado la menor seña de arrepentimiento; de lagrimas derramadas cuando han sido ríos de sangre los que han corrido por causas de sus ataques inmisericordes a militares y a civiles de todas las condiciones; de cizaña como si los de la oposición la sembráramos en sus campos que no son de trigo sino de coca y amapola.

Desde que el papa Francisco planeó su viaje a Colombia, esta visita se convirtió en un hecho político. Al Vaticano no le fue difícil hacerla pasar como exclusivamente pastoral, con lo que se salvaría de ser criticado por interferir a favor de Santos y sus aliados -el mundo se le vino encima cuando el papa le lanzó un salvavidas a la dictadura de Maduro llamando al diálogo-. No, esta vez el Vaticano junto a Santos fueron muy cautelosos. Y de qué manera: toda una jugada siniestra, una jugada maestra. Hoy la oposición en Colombia quedó peor que la de Venezuela. Si ya estábamos cometiendo el gravísimo error de alimentar disputas internas, con la visita del papa la división se ha hecho mayor.

Mientras que el gobierno ilegítimo, el congreso ilegítimo, las cortes ilegítimas y los medios enmermelados se alistan a recoger las ganancias de la partida, representadas en un camino expedito para la entrega total del país al comunismo y a los narcoterroristas aliados con el crimen transnacional organizado, la oposición colombiana quedó adormecida, confundida y engañada.

Este es un momento crítico y tenemos que tomar consciencia de nuestro compromiso histórico. Lo que se haga ahora será decisivo en el rumbo que tomará el país en las próximas décadas. Nos corresponde salir de la trampa que nos tendieron y asumir el reto de fortalecer la unión a pesar de las diferencias que se tengan con respecto a la visita del papa y su significado.

Álvaro Uribe hizo lo que le correspondía, vivir en plenitud la visita del papa como uno más de los miles y miles de sus compatriotas que hicieron lo mismo. A pesar de que la oportunidad estaba dada -fuimos el foco de atención de millones en el mundo- para hacer ver la realidad de unos acuerdos ilegítimos que dejan herida de muerte a nuestra democracia, él prefirió dejarla pasar.

¿Cómo retomar la lucha? ¿De qué manera podríamos levantarnos y no quedar en ese estado de confusión como en el que ha caído la oposición del país hermano?

Contamos con un partido, el único que queda en pie en Colombia al que van a tratar de aniquilar a como de lugar para consumar sus planes perversos y que si quiere sobrevivir tendrá que pasar de la defensa a la ofensiva. Ya bastante nos hemos desgastado defendiéndonos de los ataques continuos de todos los órganos del poder. Llegó la hora de asumir el combate.

El Centro Democrático no puede desperdiciar este momento. El régimen ha llegado a una situación de ilegitimidad total y su caída será inminente si las denuncias se multiplican sin caer en la trampa de atender el discurso de la ‘tolerancia’ y el ‘perdón’ cristianos pronunciado ahora ¡qué ironía! por los peores enemigos de la iglesia.

Publicado en Columnistas Nacionales

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