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Rafael Nieto Loaiza                                              

Visita Francisco tierras colombianas. Llegó en medio de las prevenciones de muchos. Los motivos eran dobles: uno, su relación con Cuba y con Venezuela.

En la isla se reunió con los tiranos y les llevó regalos. En cambio, no lo hizo con los disidentes. Aunque le pidieron audiencia, no se las concedió. “Estuvo bien claro que yo no iba a dar audiencias” dijo el Papa. Pero no explicó nunca las razones por las cuales no quiso ver a quienes se han jugado su libertad una y otra vez por conseguir que en Cuba haya democracia y se respeten los derechos y libertades de todos los ciudadanos. En Venezuela facilitó un diálogo entre el gobierno y la oposición que fracasó en noviembre del 2016 y después, en su visita a Egipto, dio unas polémicas declaraciones que causaron críticas entre quienes luchan contra Maduro. Más tarde tuvo que desmarcarse del grupo de Samper y Zapatero, instrumental al régimen chavista. Por fin, en agosto el Papa "[pide que] se eviten o se suspendan las iniciativas en curso, como la nueva Constituyente, que, más que favorecer la reconciliación y la paz, fomentan un clima de tensión y enfrentamiento”y por último, 153 muertos después, dirige "un apremiante llamamiento a toda la sociedad para que sea evitada toda forma de violenciainvitando, en particular, a las Fuerzas de seguridad a abstenerse del uso excesivo y desproporcionado de la fuerza".

En Colombia, fue causa de desconfianza su posición sobre el plebiscito. Aunque la Conferencia Episcopal había declarado formalmente que la Iglesia Católica no asumiría posición e invitaba a los feligreses a votar de acuerdo con sus convicciones, el Papa tomó partido apenas dos días antes de que los colombianos saliéramos a las urnas. Francisco afirmó que “[t]engo que decir que el presidente Santos está arriesgando todo por la paz, pero veo también otra parte que está arriesgando todo para continuar la guerra. Esto hiere el alma” y remató su video diciendo que “prometo que cuando este acuerdo sea blindado por el plebiscito, yo iré para enseñar la paz”. Su Santidad mordió el anzuelo envenenado de la división santista entre amigos y “enemigos” de la paz. Aun con semejante empujón, ganó el No.

Ahora Francisco está acá. Ha cuidado muchísimo su mensaje y ha evitado a toda costa contenidos que puedan leerse como un apoyo al gobierno de Santos que, ese sí, ha hecho de todo para aprovechar políticamente la visita de su Santidad. Su mensaje ha sido de fe, verdad, justicia, perdón y reconciliación.

Muy profunda y sentida ha sido su homilía en Villavicencio, después de escuchar los adoloridos testimonios de algunas víctimas, aunque hiciera falta alguna solo de las Farc.  “Vengo aquí con respeto y con una conciencia clara de estar, como Moisés, pisando un terreno sagrado. Una tierra regada con la sangre de miles de víctimas inocentes y el dolor desgarrador de sus familiares y conocidos”.

“Nos reunimos a los pies del Crucificado de Bojayá, que el 2 de mayo de 2002 presenció y sufrió la masacre de decenas de personas refugiadas en su iglesia. Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Al mirarla contemplamos no sólo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en la Colombia de los últimos decenios. Ver a Cristo así, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es «más Cristo» aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. Nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a Él y con Él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor”. 

El perdón libera, no cabe duda, pero es decisión personal de cada víctima. El olvido solo nos conduciría a repetir la tragedia en el futuro. La reconciliación es imposible sin justicia. La justicia no es venganza ni odio. En cualquier caso, la paz futura exige rescatar la democracia y la institucionalidad republicana, luchar contra el narcotráfico y los violentos, y corregir el perverso y tácito mensaje del pacto con las Farc de que ser bandido paga. 

Publicado en Columnistas Nacionales

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