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José Alvear Sanín                                

La definición de novela como “obra literaria en la que se narra una acción fingida (…), cuyo fin es causar placer estético con la descripción de sucesos o lances interesantes de caracteres, de pasiones y de costumbres (…)”, se completa con la precisión de que “(…) es ´histórica´ la que desarrolla su acción en épocas pasadas, con personajes reales o ficticios”.

La novela, como fuente de conocimiento histórico, merece atenta consideración. Basta pensar lo que aportan obras como Guerra y Paz o La Rueda Roja, sobre el devenir ruso; La Comédie Humaine, para analizar la historia social francesa, o lo que dice Proust sobre el affaire Dreyfus, para iniciar el análisis de ese fenómeno.

Traigo lo anterior a cuento porque en la Colombia del Acuerdo Final y la Comisión de la Verdad avanza una solapada pero eficaz operación de desmemoria histórica, cuyo resultado será hacer del reciente pasado apenas una vaga penumbra, y de su remembranza, un tabú.

Las Farc se van convirtiendo en un segundo movimiento de liberación nacional, en un partido idealista, altruista y de pacífica reivindicación social; y sus jefes, en abnegados luchadores y defensores del pueblo oprimido. Dentro de pocos años los señores del Secretariado ocuparán sitiales de honor, al lado del Libertador, en los manuales escolares imperados para la cátedra obligatoria de la paz.

Dentro de esa estrategia, la obliteración de los prontuarios y la judicialización de quienes se atrevan a recordarlos se inscriben en la panoplia de acciones para escribir una historia oficial de corte leninista, que, obviamente, será obligatoria, vinculante y dotada de poder coercitivo.

Lo que atrás esbozo es quizá la mayor amenaza que se cierne sobre la libertad individual y de pensamiento.

En la nueva Colombia, de la que ya se habla, cualquier cosa de lo que ahora escribamos se convertirá en material vetado, prohibido o incriminatorio, referido a un pretérito que cada vez será más oscurecido por la actuación deliberada de los poderes totalitarios que se apresuran a dominarnos.

Lo anterior es la constante en el devenir de las revoluciones. La leyenda dorada de la Francesa apenas comenzó a desgarrarse al avanzar el siglo XX. Las revoluciones de Octubre y de Mao todavía tienen corifeos, casi todos, por desgracia, en América Latina.

En medio de la marea mediática de la paz habanera, la gran industria editorial prefiere marginarse, abstenerse, callar…

Afortunadamente no todo el mundo guarda culpable silencio. El profesor Alfonso Monsalve Solórzano, autor de cuatro tratados sobre temas como soberanía, legitimidad, derechos humanos en el mundo globalizado y teoría de la argumentación, amén de unos cuarenta eruditos ensayos sobre los principales aspectos de la ciencia política, ha decidido alejarse por un tiempo del lenguaje filosófico, preciso y técnico, para embarcarse en la búsqueda literaria, en forma de novela sobre el más apremiante asunto nacional.

Preocupado por la omisión mediática de la realidad, con el título de El Secuestro de Borge, ha compuesto un interesantísimo relato sobre el sombrío fondo de violencia y terror que caracteriza la actuación, durante más de medio siglo, de los grupos subversivos a los que se les abren ahora, de par en par, las puertas del poder.

Abanderado de las ideas democráticas de tolerancia dentro de un marco civilizado de convivencia, en su novela se ha adentrado en la maraña física y mental de los subversivos, para contarnos la verdad sobre el horror de las personas inocentes secuestradas durante largos años y convertidas en moneda de cambio o en objeto de venganza, víctimas que reciben un trato inhumano y perverso caracterizado por el hacinamiento en infames cambuches en la selva, maltrato físico permanente, pésima alimentación, carencia de atención médica, inexistentes servicios higiénicos y temor continuo a la muerte. Además, incomunicación del mundo exterior y hasta de sus familias…

Tampoco desconoce nuestro autor las condiciones ignominiosas y sádicas impuestas por los comandantes a sus desventuradas tropas, especialmente a las mujeres, sometidas a prestaciones sexuales forzadas y al aborto salvaje, rutinario y obligatorio.

Al lado de una impresionante narración sobre el diario padecer de los secuestrados, el relato incluye apreciables disquisiciones sobre la historia reciente del país y acerca de los temas fundamentales de la ciencia política, inspirados en los autores preferidos del novelista, desde Kant hasta Rawls, cuya influencia se refleja en su evolución ideológica personal. En la novela, el autor se refleja en un personaje ficticio, el profesor Jorge Francisco Borge, que comparte el cautiverio con personajes reales, apenas camuflados en sus nombres.

Oportuna y necesaria obra, porque desnuda los antecedentes que un país atolondrado por la propaganda que lo hace soñar con una idílica paz, olvida. Esta no puede edificarse sobre  la desmemoria, la mentira, la impunidad, el optimismo bobalicón y la desinstitucionalización.

El Secuestro de Borge no se consigue en librerías. Por esa razón, quien se interese por tan valerosa y apasionante denuncia, puede adquirirla escribiendo a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. . El autor se la hará llegar.

Publicado en Columnistas Nacionales

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