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Hernán González Rodríguez                                   

Las críticas sobre la Jurisdicción Especial para la Paz -JEP- son cada vez más numerosas y preocupantes. No parece existir en ella el equilibrio entre paz y justicia que defiende en forma optimista el presidente Santos, porque según él, se justifica inclinar la balanza en pro de la paz, sacrificando la justicia. En pro de invertir en desarrollo el dinero de la guerra.   

Autorizados juristas censuran el funcionamiento próximo de nuestra Jurisdicción Especial para la Paz -JEP- con prerrogativas muy superiores a las de la rama judicial. No aceptan el argumento de algunos de sus colegas que sostienen que la paz como bien superior lo justificará todo.

El representante en Colombia del alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos afirma que nuestra legislación ya presenta: “beneficios a personas sentenciadas o a personas protegidas como miembros de la Fuerza Pública y de las Farc, sin hace reconocimiento, sin hacer aportes a la verdad, sin hacer reparaciones sociales”. 

Algunos comentaristas se han declarado muy alarmados, con razones de peso, porque la justicia de la JEP será prospectiva, esto es, reconocerá la existencia de derechos fundamentales esenciales entre las generaciones actuales y las futuras. Por ejemplo, como legarles a nuestros hijos una civilización que permita preservar la especie humana, el medio ambiente...

La extensión de la responsabilidad de las acciones del presente sobre el futuro, la consideran los amigos de las Farc como un maravilloso vinculante entre las generaciones. Pero se preocupan alarmados sus enemigos, porque nos crearán una justicia prospectiva con prerrogativas más allá de las de la justicia legal, lo cual permitirá que los magistrados izquierdosos de la JEP decidan sus procesos como les dé la gana.

Consideran los farianos que su justicia prospectiva es algo muy innovador, trasformador, tanto que la pregonan como sin par en el mundo actual. Pero esto no es cierto. La justicia ha sido desde tiempo inmemorial de dos tipos, retrospectiva, o sea, la que se preocupa por lo que pasó. Y prospectiva, esto es, la que se preocupa por lo que pasará.

En casi todo lo que he consultado existe acuerdo en que la justicia prospectiva debe ajustarse a la legislación vigente, algo que no garantiza la JEP.  Reconocen algunos que existe el riesgo en la prospectiva de juzgar con base en conductas hipotéticas, en circunstancias futuras y subjetivas de los jueces.  

Una violación, por ejemplo, es a la par una falta retrospectiva y prospectiva, puesto que se viola una ley existente y puede tener efectos nefastos hacia el futuro y aquí aparecen vinculadas las religiones.  No se comprende cómo obligar a una niña dar a luz y a educar al hijo, quizá, de un drogadicto degenerado. Lo correcto parece radicar en juzgar cada caso en particular con un poco de generosidad. 

Publicado en Columnistas Nacionales

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