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Jesús Vallejo Mejía                                  

La ideología de género campea a lo largo y ancho del NAF. Aunque los grupos cristianos que apoyaron el No en el plebiscito pidieron que se la excluyera del primer acuerdo, tanto el gobierno como las Farc se negaron rotundamente a considerar esa solicitud.

De La Calle, con su tono engolado, salió a decir, citando a Simone de Beauvoir sin mencionarla, que "No se nace mujer, sino que se llega a serlo". (http://www.semana.com/nacion/articulo/humberto-de-la-calle-aclara-enfoque-de-genero-de-los-acuerdos-de-paz/499350; https://culturacolectiva.com/historia/no-se-nace-mujer-llega-una-a-serlo-simone-de-beauvoir/). Y las Farc, por su parte, alegaron que dentro de los acuerdos de paz había que decidir sobre la condición femenina y especialmente acerca de la violencia contra la mujer, asunto en el que, dicho sea de paso, esa organización criminal ha dado bastante que hablar.

Aunque los defensores del NAF niegan que la multitud de referencias que en el mismo se hacen a los derechos de la mujer y de los integrantes del colectivo LGTBI no entrañan de suyo la adopción de la ideología de género, todo lo que en ese funesto documento se estipula está concebido para que sirva de criterio de interpretación de la normatividad que se dicte para darle cumplimiento y obliga a todas las autoridades colombianas.

En realidad, esas referencias ponen de manifiesto compromisos ideológicos con el marxismo cultural, que es la matriz más significativa de la ideología de género. En el documento programático de las Farc se alude expresamente al tema de la lucha para emancipar al ser humano de todos los lazos culturales y naturales que condicionan y limitan sus aspiraciones libertarias. Y ese es en rigor el trasfondo de dicha ideología.

El marxismo cultural dice enriquecer su acervo ideológico con aportes que proceden de distintas vertientes, tales como el pansexualismo freudiano, la revolución sexual de Wilhelm Reich, las tesis de Simone de Beauvoir sobre el segundo sexo o las supuestas investigaciones sobre la conducta social de hombre y mujeres que presentó Kinsey en sus famosos informes, cuyos fraudes denunció  Judith Riesman en el libro que puede descargarse a partir del siguiente enlace: http://www.drjudithreisman.com/archives/Kinsey_Sex_and_Fraud.pdf

El punto de partida esta "mélange" es el dogma de la filosofía historicista alemana, preñada de neokantismo y neohegelianismo, según el cual "el hombre no es naturaleza, sino historia". Este enunciado le sirve de base a Sartre para afirmar que "en el hombre, la existencia precede a la esencia" y, por consiguiente, él se hace a sí mismo con independencia de todo condicionamiento. Su realidad es plástica, flexible, maleable hasta el extremo.

El papa Benedicto XVI, que sí goza de una muy sólida formación teológica y filosófica, ha señalado desde que escribía como Joseph Ratzinger que esta concepción de la libertad conlleva la negación del ser mismo del hombre:"... Todo esto, en el fondo, disimula una insurrección del hombre contra los límites que lleva consigo su ser biológico. Se opone, en último extremo, a ser criatura. El hombre tiene que ser su propio creador, versión moderna de aquel ‘seréis como dioses’; tiene que ser como Dios” (Vid. http://dspace.ceu.es/bitstream/10637/8168/1/Ideologia_VicenteMorro_2015.pdf)

La distinción entre "sexo", como categoría biológica, y "género", como categoría cultural adolece, tal como suele formulársela, sobre todo en boca de un diletante frívolo como De La Calle, de no pocas inconsistencias. Pero estas no amilanan a los ideólogos, que no van tras la verdad, sino de otros cometidos a menudo emocionales, pasionales o meramente utilitarios. De lo que se trata aquí es de destruír el orden tradicional de la civilización y erradicar la moralidad judeo-cristiana que privilegia la familia y la sexualidad responsable.

La ideología de género va muchísimo más allá de la protección razonable de la mujer frente a las inequidades que le impone la tradición o la comprensión amigable de las variadas peculiaridades de la conducta sexual. Su cometido final es muy otro, como puede advertirse no solo a partir de muchos de los enunciados con que se la formula, sino de las aplicaciones que la ponen en práctica.

No obstante la tesis de que el hombre es ante todo cultura y por consiguiente libertad frente a los condicionamientos de la naturaleza, también rechaza la cultura en cuanto tradición. Lo que le interesa es la cultura como agente de creación ex novo, es decir, como despliegue de todas las potencialidades de la imaginación, que no son susceptibles de confrontarse con lo que ha sido ni con lo que es, sino con lo que se desea. El deseo se convierte así en la clave de la comprensión del ser humano.

Ahora bien, en razón del pansexualismo,  esta ideología  pone su acento en el deseo sexual como principal motor de la conducta humana y máxima fuente de goce. El deseo y el goce que del mismo se deriva no deben sujetarse a cánones ni modelos preestablecidos  con base en la consideración de la naturaleza ni de la sociedad. Son autónomos y versátiles, de suerte todo lo que los restrinja atenta contra la libertad humana. Las únicas limitaciones que se consideran tolerables son las llamadas a evitar que se cause daño a otros, pero ese concepto de daño se mira cada vez con mayor flexibilidad.

A partir de ahí, pululan los ataques contra la familia tradicional, ya porque se la considere "alienante", bien porque se la debe redefinir en función de la maleabilidad del ser humano, sin que interesen las consecuencias que esa redefinición o relectura acarrean para la civilización.

A quienes promueven ese nuevo orden o, más precisamente hablando, desorden, no sobra recomendarles la lectura del texto ya clásico de Carl J. Zimmerman, "Family and Civilization", que muestra que la fortaleza de nuestra civilización emana de las concepciones de la familia heterosexual y la sexualidad responsable que impuso el cristianismo.(Vid. ISI Books, Wilmigton, Delaware, USA, 2008).

En nombre de la emancipación se ha difundido una idea de los derechos sexuales que termina destruyendo la libertad en nombre de ella misma, según lo demuestra Gabriele Kuby en "The Global Sexual Revolution" (Angelico Press, Kettering, OH, USA, 2015).

Todo comienza ubicando la sexualidad dentro de la categoría de la intimidad, para luego afirmar que esta es un espacio de entera libertad al que la normatividad jurídica solo puede referirse con miras a su protección, mas no a su regulación. Se sigue que lo que dos o más adultos hagan en su intimidad a nadie le importa, desde que no haya daño entre ellos.

De ahí se sigue un sinnúmero de corolarios que ameritan tratarse en capítulo aparte. Menciono algunos: la libertad sexual justifica la despenalización del incesto, como se propuso en nuestra Corte Constitucional en salvamento de voto de ingrata memoria; la Corte Suprema de los Estados Unidos aprobó el aborto en 1973 con base en la protección del derecho a la intimidad de la mujer; no solo a los adolescentes, sino también a los niños, hay que garantizarles sus derechos sexuales, lo cual está conduciendo a que se proponga la legalización de la pedofilia.

La ideología de género promueve una verdadera revolución cultural. Los que la sostienen afirman que hay que adelantarla desde la escuela, aún en las primeras etapas. De ahí los programas de educación sexual tendientes a imponerles a los niños desde la más tierna infancia la idea de que la homosexualidad es tan legítima como la heterosexualidad, así como a enseñarles que son dueños de su sexualidad y la pueden compartir con los adultos. A los maestros se les exige que sus lecciones sean explícitas.

Pero como todo esto choca con los criterios de los padres y especialmente con las ideas religiosas, a los padres y pastores que se opongan a estas modalidades aberrantes de educación sexual y se atrevan a calificar como desordenada la conducta homosexual, se los castiga con distintas penalidades, aplicables además a los maestros que se niegan a este tipo de enseñanza.

No entraré en detalles que alargarían el texto de este artículo. Remito al impactante libro que sobre el tema escribió hace algunos años Janeth Folger y que ahora está más vigente  que cuando lo publicaron: "The Criminalization of Christianity"(Vid. https://www.amazon.com/Criminalization-Christianity-Before-Becomes-Illegal/dp/1590524683)

Todas estas implicaciones están in nuce en la farragosa y acaramelada palabrería del NAF. Le pregunto al cardenal Salazar si el Papa vendrá a Colombia a blindar lo ahí acordado para destruir la moralidad y la religiosidad del pueblo colombiano.

Publicado en Columnistas Nacionales

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