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Pedro Aja Castaño                                

"Si hubo un cohecho o no hubo cohecho, eso no invalida el número de votos que fueron depositados a favor de la corrupción." (Juan Manuel Santos) /Refiriéndose a los votos para impulsar la reelección. Debate de candidatos presidenciales, canal RCN

En 1970 trabajaba en una organización que nos birlaba o embolataba  el sueldo a los empleados. El dueño era un corrupto. Yo, un joven inexperto, una vez le oí referirse a uno de los muchos casos laborales que cursaban contra él. Riéndose dijo: “Más vale un metro de juez que un  kilómetro de leyes.” Entendí que con ese tipo no valían los procedimientos de diálogo. Me fui al Ministerio del Trabajo, puse la queja con pruebas, llevé testigos. Un inspector le puso una multa diaria, bastante considerable, hasta que arreglara el asunto. Con la resolución sancionatoria me fui a El Tiempo, lo denuncié y al día siguiente la noticia estaba en primera plana. Ahí sí corrió el bandido a arreglar el entuerto. Aprendí que para que se te haga justicia, tienes que ser noticia.

En 2017 la noticia internacional ha sido  Odebrecht que ha graduado a la corrupción como la prima dona del zoológico humano. Alguien en la W Radio encuentra una frase de impacto al día siguiente de la entrevista con  el senador Musa Besaile y dice: “El sistema no está corrupto, la corrupción es el sistema”; más modesto El Tiempo publica: “Ventilador de Musa complica a exfiscal y a dos magistrados.” En la W Radio habla Wadith Manzur Imbeth, hijo del excongresista Julio Manzur a quien se le asocia con el escándalo del expresidente de la CSJ, Bustos,  y sus aliados el extorsionista Moreno y el expresidente de la CSJ, Ricaurte; la W indaga y el otro se defiende;  Julio Sánchez Cristo & Co ponen en el ‘paredón de fusilamiento mediático’ al representante de la Comisión de Acusación  que investigaría el caso, un ingenuo frente a estos tigres; lo acosan con las ‘preguntas concretas’, el hombre se defiende con el procedimiento legal que debe seguirse, procedimiento que los amigos de la W quieren ignorar. Al fin le creen a Alberto Casas quien, más controladito, les dice que el ‘magistrado’ (sic) tiene razón. Se calman, se desinflan, pasan a otra cosa. Su ‘sueño’ de justicia ha terminado. ¿Por qué? Porque no pueden superar la confusión que es la primera premisa del poder para manipular a las masas y desencantarlas para que no busquen la verdad. Porque la verdad ha sido sustituida por la noticia. Así, la confusión puede ser una herramienta de poder manejada conscientemente o un producto natural de la ineficacia de un sistema.

Como herramienta de poder, leamos la siguiente perlita: “Para dominar al mundo es necesario emplear vías indirectas, desmontar los pilares sobre los que reposa toda verdadera libertad (la jurisprudencia, las elecciones, la prensa, la libertad personal y, principalmente, la educación y formación del pueblo) y mantener el más estricto secreto sobre toda esta acción. Minando intencionadamente las piedras angulares del poder del Estado, los Iluminados harán de los gobiernos su acémilas hasta, que de puro cansancio, prescindan de todo su poder.

“La sobornabilidad de los altos empleados del Estado deberá impulsar a los
gobernantes a aceptar préstamos externos que les endeudarán y les convertirán en esclavos de los Iluminados; en consecuencia las deudas de Estado aumentarán sensiblemente, suscitando crisis económicas y retirando repentinamente de circulación todo el dinero disponible. Esto provocará el desmoronamiento de la economía monetaria de los “no iluminados”.  Fuente: “Las sociedades secretas – Un hilo conductor a través del entramado de las logias, las altas finanzas y la política” por Jan Van Helsing, Editorial Solar, Bogotá, 2016, Págs. 63-6.

El anterior pasaje hace parte de un documento conocido como “El nuevo testamento de Satán” un escrito secreto de los Iluminados de Baviera, dado a conocer en 1875 y que dio origen al más conocido como “Protocolos de los Sabios de Sión” que, dicen los entendidos, es una ficción; sin embargo,  lo vemos en funcionamiento. En el 2017 esa estructura de poder tiene otros nombres, pero consiste básicamente de: el control del dinero, la prensa, destrucción de la fe mediante la eliminación o burla  de los principios espirituales; la extensión del poder siendo amigo de todos, confundiendo con opiniones encontradas que desembocan en un desinterés por la cosa pública o política; endiosando el lujo y el dinero sin importar cómo se le obtiene; utilizando la política para fines egoístas y criminales. Utilizando la alimentación como herramienta de dominio (Venezuela) o lavado de cerebro (dietas y productos). Conversión de la educación en un proceso de robotización y no de liberación para pensar por sí mismo. Y permeando todo este sistema siempre estará presente la amenaza de la guerra y la muerte.

Como resultado de ese mundo, en la edición de El Tiempo del 31 de agosto recogemos los siguientes titulares: “Imagen de la justicia y los partidos, en su peor momento”; “Cambios urgentes que los expertos proponen para salvar la justicia”; “Partidos y cortes con récord de mala imagen”; “Que la visita del Papa no sea un espectáculo”; “Ser robot”, “Ética” (Columnas).  Y usted pensaría que es el fin del mundo. Además, si  consulta “Anexo: Casos de corrupción en Colombia” que cubre desde 1995 hasta el 2017, tenemos: Del 2010  al  17 ha habido 53 escándalos  ¿Pero no es cierto que usted solamente recuerda la paz? Del 2004 al 2009 hubo 13, pero lo que usted recuerda es a Uribe contra las Farc. Y de 1995 a 1999 hubo 4, pero solamente recordamos a las Farc y los paracos y sus barbaridades y el 8000. En todo ese tiempo hubo detrimento patrimonial del estado, delitos y personas, pero no recordamos nada de eso. ¿Qué pasó con la conciencia pública? ¿Cuál es la causa de ese olvido selectivo?

Por eso digo que le demos gracias a Odebrecht que, aunque no es una sociedad secreta promotora de descalabros sociales,  nos ha dado la oportunidad de estudiar el cáncer de una estructura de poder que invade los estados, en la que la amnesia es vital.  Y para ello comencemos con una pregunta sencilla. ¿Ocurrió acaso que el expresidente de la CSJ, Leonidas Bustos,   se le ocurrió un día que quería hacerse millonario por medio de la extorsión? No lo creo. Vio la oportunidad  en un escenario compuesto por ciertas personas  desprovistas  de normas éticas  y, como consecuencia, de cualquier escrúpulo político. Vio también una sociedad ignorante de  leyes y derechos; de perezosos que se desinteresan por la justicia porque jamás les enseñaron a ser críticos. Pensó que, mientras fuera extremadamente cuidadoso; no llamara la atención, fuera hábil y discreto en el manejo de leyes para el engendramiento de jurisprudencias oportunas, podría conectarse con un grupo de poder, un cierto ‘establishment’ de favores y negocios.  Prueba de lo anterior es que en los diferentes comentarios que uno oye, hay el siguiente: “Era vox populi que fulano hacía tal cosa.”

La tragedia de esta situación es que, como en el caso de un cáncer tenemos: los que diagnostican, (una oculta minoría adscrita o no a los círculos de poder) los que actúan (una minoría con el poder de la influencia pública, medios), los espectadores de los acontecimientos (una mayoría a la que le venden el show para el rating o la lecturabilidad); los que se sorprenden de que haya acontecido algo (la gran mayoría de los que se creen buenos, o están desinteresados, o no les importa el show porque han renunciado a toda esperanza) Ese es el verdadero cáncer. Ahora bien, ese ‘cáncer’ se defiende. Y en esa pelea se va muriendo el paciente, dándole actualidad al viejo adagio que reza: “Entre todos la mataron y ella sola se murió.” Quienes conocen los actores del anterior sistema tiene un acceso al poder porque saben manejar la impunidad del anonimato social.

Imagínese entonces que un enemigo del sistema mayor que alberga al establishment jurídico, tiene una capacidad intimidatoria de otra índole;  el demócrata corrupto, no puede lidiar con otro corrupto entrenado para el absolutismo criminal (mafia);  o político (Terroristas & Co.) que no conoce límites, ni el miedo a morir, o hacer ‘lo que sea’. Y si ese demócrata corrupto y cobarde, es el líder de una comunidad que ha puesto sus esperanzas en él, pero a la que no puede pedirle ayuda, es el comienzo del infierno. El miedo que sintió Musa Besaile al mirar los ojos del extorsionista y amenazador Moreno; Besaile desprovisto del celular, indefenso, a solas en el lobby de un elegante hotel, es el miedo del mal propio que encuentra su reflejo exterior. ¿Cómo se percibe ese mal? Como una repentina toma de conciencia  de que existe un sistema de antivalores real, que no entiende, algo extraño, inesperado, doloroso, ajeno a la naturaleza humana,  que no cree que le esté pasando a él; algo de lo que  no puede escapar. No entiende que está recogiendo los frutos de sus actos. Y esa ceguera espiritual de su conciencia de sí, la percibe como mal. Y está a un paso de la locura.  Además, si la persona  domina el arte escénico puede protagonizar lo que más le convenga para engañarse a sí mismo y a los otros haciendo el papel de víctima; o un inocente calmado, como se le oyó hablar al Senador Hernán Andrade en la W. Sin embargo, hay que decir, que si esa persona es inocente,  tendrá el gran poder de una fe en el bien que es ella misma para enfrentarse al mal bien vestido y encarnado en la amenazante cara amable de un extorsionista sin escrúpulos; o afrontar a un tenaz inquisidor. Pero, generalmente el diablo no busca a gente inocente.

Pero no nos engañemos. Así como existe el malvado inconsciente; existe el otro plenamente consciente del  mal que ejerce, sabe para quién trabaja, lo asume sin miedo porque cree que ese ser representa ‘la verdad’; está tan identificado con él que hasta lo llama ‘mi papá’. Así llamó Moreno a Bustos; ojalá Moreno descubra quién es el verdadero padre del mal y que es real. Si no me cree que lea lo que dice el Papa Francisco en: “Las 13 frases más explosivas que ha dicho el Papa Francisco sobre el demonio.” Y el Papa no es supersticioso.

Espero que esta perspectiva nos ayude, no solo a halar la pita para desenrollar el ovillo, porque la pita la pueden cortar cuando la cosa se pone peligrosa, sino para abrir diferentes frentes que solucionen el problema que no consiste, solamente, en ufanarnos de llevar a unos intocables a la cárcel. Claro que por ahí se comienza.

Publicado en Columnistas Nacionales

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