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Hernán González Rodríguez                                    

Manfred Grautoff publicó en Panampost un oportuno artículo titulado: “La semilla de la corrupción en Colombia”, del cual espero resumir lo más destacado.

“La corrupción es consecuencia, comienza el artículo, no causa de nuestro pobre desarrollo social y económico. De acuerdo con Thomas Hobbes, el Estado debe ser fuerte para provocar miedo, evitando comportamientos indebidos en las personas, obedeciendo a su capacidad para aplicar la ley, lo cual permite la cohesión social alrededor de objetivos colectivos”.

Y continúa así: El padre de la economía, Adam Smith, afirmó que los gastos esenciales del gobierno son la seguridad interna y la defensa nacional. Colombia, por una tradición republicana liberal debilitó sus fuerzas armadas, mientras Europa y los Estados Unidos hacían lo contrario, fortalecerlas.

Esta ausencia de un ejército fuerte explica por qué los grupos armados ilegales terminaron controlando un gran número de áreas y capturando el Estado para colocarlo a su servicio, lo que privó al país de controlar el territorio nacional. Así, al no tener el Estado el monopolio de la fuerza, se toleraron organizaciones delincuenciales, las cuales, bajo un discurso socialista, violaban los derechos de propiedad, como es el caso de las guerrillas, que, como reacción de sus víctimas, impulsaron la creación de grupos paramilitares para enfrentar estos grupos delictivos.  

Por lo tanto, un Estado que no otorga seguridad, que provee bienes públicos en forma selectiva de acuerdo con un intercambio de favores electorales, llevó a la sociedad a una trampa donde fueron los grupos de intereses los que terminaron agravando en mala forma los problemas sociales… Al final, terminó el Estado controlado por el clientelismo, lo que llevó a la pérdida de su legitimidad ante la sociedad.

Paradójicamente, cuando las condiciones de seguridad llevaron a que en 2003 se implantara la política de seguridad democrática, terminó desarrollando esta la política social más progresista, desde cedular a la población, hasta ingresarla al sistema de salud. Hasta aquí mi resumen de los comentarios de Grautoff.   

El último año de gobierno del presidente Santos luce dramático.  Los escándalos causados por los sobornos de Odebrecht tocan a la puerta de la Casa de Nariño. La economía padece la peor crisis desde 1929. Los privilegios extremos que les concedió a las Farc nos hacen temer que “eran mucho más manejables en el monte que en el Capitolio”. Los colombianos han perdido durante su gobierno la confianza en la Justicia y en los partidos políticos. La Historia no les perdona ni a los premios Nobel sus falsedades, ni su deterioro de la institucionalidad democrática, ni su dadivosa amistad con las Farc. Por todo lo anterior y por mucho más, proyecta hoy Santos las sombras negras de su desprestigio, las cuales “crecen como crecen las sobras cuando el sol declina”. 

Publicado en Columnistas Nacionales

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