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Juan David Escobar V.                                       

“La historia enseña con énfasis inequívoco que el apaciguamiento engendra nueva y más sangrienta guerra. No señala ninguna instancia en el que ese fin haya justificado ese medio, donde el apaciguamiento ha conducido a más de una falsa paz. Al igual que el chantaje, que sienta las bases para nuevos y sucesivamente mayores demandas hasta que, al igual que en el chantaje, la violencia se convierte en la única alternativa”. Apartes del discurso del General MacArthur al congreso de EE.UU. en abril de 1951.

Leer las memorias de Edvard Beneš, el presidente de Checoslovaquia en el período en que su país fue invadido por Hitler, es un ejercicio en el que uno como colombiano ve cómo otros pueblos fueron pisoteados por criminales por culpa de dirigentes disfrazados de pacifistas. Beneš describe cómo la dirigencia pusilánime de Europa y su política de apaciguamiento, especialmente la francesa e inglesa, permitió que pequeñas naciones cayeran en manos de la Alemania Nazi con tal de evitar una confrontación. Es triste que un pueblo que confía en las leyes y en la dirigencia sea traicionado por ambas, como ocurrió con este gobierno y sus secuaces de algunos sectores de las cortes, la iglesia y otras instituciones.

La humillación a Checoslovaquia inició con el Acuerdo de Múnich en el que la dirigencia europea y su política de apaciguamiento les abrieron irresponsablemente las puertas a los lobos, con la ilusa creencia que si los nazis mataban ovejas, no serían francesas ni inglesas. Beneš dijo a nombre de sus compatriotas que dicha traición había sido: “acerca de nosotros, sin nosotros y contra nosotros”.

Parece que Beneš hablara también a nombre del pueblo colombiano que fue condenado por una dirigencia cobarde, que con malas o buenas intenciones, al final no importa, nos entregó a los delincuentes y premió sus delitos con impunidad, presupuesto y participación en los poderes públicos; “sin nosotros” porque como hizo caso omiso del resultado electoral; y “contra nosotros” porque ahora resulta que quien critique el acuerdo de impunipaz es un guerrista, como dijo el Papa el 26 de septiembre de 2016.

Los colombianos que ganamos en las urnas rechazando el acuerdo de apaciguamiento extorsivo, coincidimos con Beneš cuando escribió: “Hay asuntos de ley y principios de moralidad política, que no deben ser sacrificados a ningún precio, ni siquiera por cualquier supuesta o real ventaja política oportunista, ni tampoco bajo las más crueles amenazas y presiones”.

Pero este país no puede agachar la cabeza ni escupir sobre las tumbas de los soldados que dieron sus vidas defendiendo la ley y combatiendo delincuentes, aunque luego otra ley diseñada por delincuentes los convirtió en “actores políticos” y “víctimas” que debemos compensar de cuenta nuestra. El eclipse de la decencia y la democracia en Colombia durará 8 años, pero la luz vuelve a salir y en el 2018, en las urnas y sin temor, la mayoría de este país debe enderezar su rumbo.

El Colombiano, Medellín, 28 de agosto de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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