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Jaime Jaramillo Panesso                                                

El mundo musulmán de hoy pareciera ser similar al primigenio imperio árabe que conquistó medio mundo y se asentó en España por varios siglos, formando un mestizaje que enriqueció la cultura hispánica y particularmente el idioma español o castellano. Pero lo de hoy es otra cosa, porque desde el interior del Islam se ha desprendido una fracción radical que vuelve a alzar la bandera del imperio mundial de Alá y Mahoma su profeta, utilizando dos elementos: la creación del Califato o Estado Islámico y el yijadismo consustancial.

Mientras el EI tiene una estructura de dominio territorial y un ejército formal que controla norte de Siria y parte de Irak, el yijadismo es un conjunto de combatientes clandestinos fanatizados para actuar en  un tipo de guerra irregular con metodología terrorista. Al Qaeda fue la cuna del Yihadismo. El terrorismo evolucionó desde ese nido engrandecido con la destrucción de las torres gemelas, el llamado 11S. Nunca antes el territorio continental de Estados Unidos había sido blanco de un ataque enemigo.

Este hecho rompe en dos la forma de lucha militar y política. Y se extiende con el tiempo a otras formas de acción que desquician  la tradición militar de los ejércitos corrientes, como los hechos atroces en Francia, Alemania, Reino Unido y los ocurridos últimamente en Barcelona, España. El terrorismo musulmán, yijadista, fanático y religioso sitia la democracia occidental y a otros países del mundo. Es inevitable e inderrotable al menos que la  ciudadanía considere que el problema no solo corresponde a los aparatos de inteligencia y seguridad, sino que exija y apoye la declaración de guerra multinacional contra el Estado Islámico, fuente primaria del terrorismo musulmán.

Pero el marco mundial es más complejo porque existen otros efectos del 11S y demás hechos terroristas que se parecieran a un tipo de tercera guerra mundial, con características propias. El primer efecto es un cañonazo a la globalización económica o integración mundial, puesto que al atacar los  estados nacionales provoca el regreso a la autarquía, al aislamiento de los países a petición de amplios sectores de la opinión pública. Aunque el terrorismo no es el único factor, coadyuva en hechos como el triunfo de Ronald Trump y la salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea. En sentido contrario, por fortuna, se crea una coalición de países que desde el terreno mismo de los hijos de Mahoma, unen esfuerzos militares contra el EI que será derrotado, sin duda, no obstante las amenazas y los riesgos que representa el terrorismo. Si por el contrario algunos países árabes redoblan su apoyo al Yihadismo, América Latina podría estar entre sus objetivos militares secundarios.

Cualquiera que sea el desenlace en la lucha contra el Estado Islámico, el mundo de los mahometanos tiene un gravísimo problema: el enfrentamiento entre chiitas y sunitas, con sus fracciones internas cada uno. La experiencia más valiosa en la tarea de conservar la soberanía y la protección de sus habitantes y ciudades la tiene Israel, no obstante la ola antisemita que alimentan desde siempre los estados árabes.

En medio de este cuadro mundial se produce la masiva migración de musulmanes, especialmente sirios y marroquíes, a los países europeos en donde niegan asimilarse a las leyes, costumbres y cultura del país receptor. Inmigrantes masivos son también los africanos y libios. Las guerras en Siria, Chad, Nigeria y Libia son factores que producen oleadas de migrantes que ocasionan conflictos sociales y xenofobia. Las normas radicales del Presidente Trump para controlar el flujo de inmigrantes no son de extrañar en etapas como la que vivimos. Sumar a lo anterior la amenaza de Corea del Norte con una guerra nuclear, nos permite observar un panorama que exige líderes mundiales con poder e inteligencia, respaldados por sus pueblos. Por ejemplo, un Trump dedicado a temas internos de costurería, ¿será capaz de sacar adelante al mundo que encabezan los Estados Unidos? ¿Podrá el jefe de estado ruso aliarse con Europa y EEUU para reordenar el caos que está latente? China jugará un papel muy importante con su modelo comunista a la Confucio. Y no se dejará tentar hacia una guerra nuclear cuando está alcanzando un alto nivel de crecimiento económico y científico. La incertidumbre es el medio  en el cual sobrevivimos, pero cualquier tempo pasado no fue mejor.                                                                      

Publicado en Columnistas Nacionales

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