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Carlos Salas Silva                                       

Durante una de sus “maratones democráticas”, esta vez en el sector de Belén en Medellín, Álvaro Uribe pronunció un discurso en el que le habló al pueblo paisa como se le habla a un amigo, con sinceridad, modestia y confianza en el otro: “Hombre, yo tengo que decir con mucha tristeza esto: lo que le ocurrió a mi gobierno con la justicia, yo ni quería volver a mencionarlo.”

De la manera más coloquial se dirige a su auditorio como si le hablase no a una multitud sino a cada uno de los presentes en particular, y a ese interlocutor le confiesa su sentimiento de tristeza y la desazón que le causa recordar lo que no quisiera mencionar, el maltrato infame que recibió su gobierno de parte de una justicia que hoy se ve seriamente cuestionada.

Se auto menciona diciendo “que ese Uribe como es de bravo, a ese tipo se le sale lo ‘furibe‘ a toda hora”, recordando las constantes descalificaciones que recibía de los medios cada vez que se atrevía a denunciar lo que ahora, luego de tanto tiempo y tanto daño causado, sale a la luz pública, corroborando sus palabras, sin que se reciba explicación alguna de parte de los implicados y mucho menos encontrar en ellos alguna muestra de arrepentimiento.

Álvaro Uribe, desde hace unos meses, recorre el país acompañando a los precandidatos del Centro Democrático demostrando así que la unión prevalece sobre los intereses particulares. Cada uno de los cinco hace sus propuestas sin entrar en los debates que tanto minan la solidaridad que la oposición ha sabido mantener en momentos tan complejos como el presente en el que se juega el futuro de Colombia que pende de un hilo.

A Paloma, María del Rosario, Iván, Carlos Holmes y Rafael les propuso, delante del auditorio -como debe ser, de cara al país-, una solución al cáncer que sufre la justicia colombiana: “Yo les propongo candidatos pensar esto, simplemente para que lo piensen: Colombia tiene un problema y hay una solución (…) Creo que las circunstancias de Colombia están obligando a pensar en una sola corte.”

Sin imposiciones, plantea la opción de una sola Corte y da sus razones. Así mismo pone sobre el tapete, sin demagogia ni arrebatos oratorios, otros asuntos vitales para la futura reconstrucción de un país que ha caído en la degradación de sus instituciones y en una profunda crisis económica. Pero también habla a los precandidatos y a su pueblo de lo que pueda ocurrir cuando Santos “dentro de unos años, bien tranquilo en Londres va a decir : “no, eso son esos uribistas los que le quedaron mal a las Farc”, él allá con la Reina Isabel y con sus amigos en Inglaterra: De ese problemita lo vamos a sacar nosotros, porque nosotros no le entregamos este país a las Farc.” Son palabras mayores que, por lo autenticas, no dejan duda de su sinceridad y el compromiso en cumplirlas.

En su discurso, tan alejado de la verborrea de los políticos que buscan votos y tan cercano a la conversación amena, la tertulia animada y al lenguaje de su gente, explica con ejemplos sencillos la manera como Santos incumple lo que promete: “¿Ustedes han visto por ahí un cuadro que hay en las cantinas? Dos retratos: cuando un hombre llega a pedir fiado, formal y simpático, ¡hombre!, zalamero y cuando le van a cobrar se vuelve un león, una fiera. Este Santos le prometió a los trabajadores, a las víctimas, a los pensionados. Y ahora se volvió una fiera a decir que eso era populismo y que no había plata.“ Y para poner otro ejemplo, lo compara con un padre que no asume sus deberes: “En Colombia se castiga mucho la paternidad irresponsable: Tan grave como el que engendra hijos y después los abandona es el que engendra esperanzas en la democracia y después las incumple. “

Termina su discurso de la manera más paternal: “Mucho cuidado, en la lucha seguimos, los quiero mucho, a ganar el año entrante”. Ante tanto engaño, tantas mentiras y traiciones, tanta palabra hueca, se produce esta oratoria que de ‘furibista’ no tiene nada. ¿Qué dirán ahora sus contradictores? 

Publicado en Columnistas Nacionales

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