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Darío Acevedo Carmona                                              

El muy previsible rumbo dictatorial total que se había previsto para Venezuela y que acaba de reafirmarse con la constituyente de corte fascista es una señal de alerta para Colombia.

La idea de que existe un peligro para que en nuestro país tome forma un proyecto similar al que se ha impuesto en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, tiene cada vez más racionalidad. Llámesele como se quiera, el proyecto de socialismo remozado del Foro de Sao Paulo sigue ahí, desafiante.

Yo les sugiero a los incrédulos que se lean los estatutos del “nuevo” partido de las Farc en los que se mantiene la misma formación militar de células y escuadras bajo el nombre de comunas, y la declaración de principios en la que reafirman su adhesión al marxismo leninismo. También deberían visitar las páginas de su centro de pensamiento, anncol.eu, para que lean con sus propios ojos las opiniones, las tesis y los programas que proponen para el país.

Lo que uno observa en el día a día de las declaraciones de los jefes de las Farc es un lenguaje exigente, desafiante, amenazante: “las Farc no desaparecen, se transforman y las armas las colocamos a un lado” manifestó el prepotente ideólogo Santrich. Se presentan como luchadores del pueblo por la justicia, hablan pestes contra el capitalismo y la propiedad privada conservando su lealtad al Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

Son insistentes en sus alusiones al imperialismo yanqui y a las oligarquías nacionales a las que culpan de todos los males, así como en la defensa de las ideas de gratuidad con todo aquello que les sea útil para atraer incautos: la educación, la salud y muchas otras cosas deben ser brindadas gratuitamente por el Estado, sin decir de dónde van a salir los recursos.

Ellos tienen a su favor que las gentes atraídas por el demagógico discurso igualitarista desconocen que todo lo que ahora pregonan es parte de una estrategia para acercarse al poder de manera gradual. Ellos siguen las recomendaciones de Lenin, Mao y Stalin en el sentido de que en sociedades atrasadas los comunistas deben establecer alianzas con burguesías nacionales y sectores progresistas para luego dar el salto al socialismo, a la dictadura del proletariado, al régimen de partido único a la supresión de las libertades y la propiedad privada, a la eliminación de la separación de poderes a la persecución de las religiones y a la ideologización del sistema educativo.

La táctica leninista y gramsciana para la toma del poder es sumamente hábil y contempla múltiples variables y combinación de factores. Uno de ellos apunta a quebrar la unidad del “bloque de clases” dominante a través de la profundización de los movimientos sociales y de la lucha de clases. El proceso de paz entre las Farc y el gobierno Santos dividió ese “bloque de poder”, además, las reformas que se están adelantando a las instituciones y a la constitución son tan radicales que han creado un ambiente de desorden y confusión bastante útil a las aspiraciones de los comunistas.

Amparados en la idea de la paz se nos ha vendido la idea de una falsa reconciliación con quienes no reconocen sus crímenes y de tener a criminales de guerra como nuevos amigos como si no hubiesen dado suficientes pruebas de su desprecio por la democracia colombiana.

Los comunistas declarados y vergonzantes sostienen que estos pensamientos son fruto de especulaciones fantasmagóricas que tienen por fin crear miedo y promover el anticomunismo, de la paranoia de gentes que no admiten que la “guerra fría” se acabó. Pero la realidad que nos circunda dice que, si bien la guerra fría ya no existe, el “fantasma del comunismo” sigue recorriendo nuestro continente a pesar de su fracaso estruendoso.

Si algo caracteriza a los comunistas es su terca insistencia en “la causa” aunque los hechos tozudamente les digan lo contrario. De manera que es innegable, los comunistas están aquí, y a menos que pensemos que el comunismo es una doctrina democrática y que su modelo es positivo, hay que activar las alarmas.

Y si ya tenemos dirigentes políticos y gobernantes que les sirvieron en bandeja de plata la constitución y otras ventajas cruciales, si hay oficiales de alto rango que se enternecen reconciliándose con sus verdugos, si la clase dirigente, los gremios y los medios, son incapaces de asumir la crítica del entreguismo y subestiman los llamados de alerta ante el peligro, tendríamos la existencia de las condiciones ideales, en términos gramscianos y leninistas, para que los comunistas asalten el poder.

Para ello no se requiere ser mayoría ni ganar elecciones, preguntémosle a los rusos cómo fue que cien años atrás los bolcheviques, una minoría disciplinada, lograron derrotar a todos los que pensaban que eso era un imposible. Y si no les basta nuestra advertencia, la película la están presentando en Venezuela.

El Espectador, Bogotá. 13 de agosto de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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