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Juan David Escobar V.                                       

Aldo Naouri, un célebre sicopediatra francés, que no resulta del agrado a la generación que ha convertido la alcahuetería en sinónimo de educación, plantea que los padres que no ponen límites producen dictadores, pero igual de peligrosos son los papas que no ponen límites a los dictadores ni a los tiranos.

El Papa Francisco, que ha sido tan promocionado por su rechazo al acartonamiento papal y su publicitada humildad en el vestir y vivir, cual discípulo del expresidente Mujica; que se muestra tan hosco con ciertos líderes que no se ajustan a lo que según su concepción debe ser propio de ellos pero que extrañamente abraza y su rostro se ilumina frente a tiranos caribeños a los que termina por bendecir porque su espíritu crítico y su valentía para denunciarlos curiosamente enmudece ante las barbas castristas; que como es su deber cristiano proclama la necesidad de una opción preferencial por los pobres pero para ello acude y repite las trasnochadas consignas del comunismo con aroma a incienso peronista, que reducen la existencia de la pobreza a la fácil narrativa del “capitalismo explotador” al que se le culpa falsamente de ser la fuente única de la desigualdad, la corrupción y la depredación, como si eso no se hubiese dado pero en mayores magnitudes en el comunismo, viene de visita a Colombia.

Los que crecimos como cristianos nos alegramos que el encargado de proteger la herencia de Jesucristo y a su rebaño, venga a hablar con sus ovejas, pero confiamos que Dios ilumine a su administrador humano y no se involucre en política como espera que suceda el presidente colombiano. Y mucho menos que venga a justificar a los lobos, como lo ha hecho parte del Episcopado Colombiano que confundió el apaciguamiento con la paz y que para que los lobos no siguieran matando, apoyaron un acuerdo de impunidad en el que los lobos no son culpables de matar ovejas y lo mejor es entregarle una cuota de ellas y ungirlos a los altares de la rama legislativa pero sin pagar por sus pecados, como siempre ha enseñado el que crucificado cuelga de los collares cardenalicios. No queremos confirmar la percepción que sentimos algunos que el episcopado actual está dirigido por los seguidores de la nefasta Teoría de la Liberación que tanto condenó el Papa Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes lograron enjaularla en las catacumbas romanas para que no volviera a causar estragos, pero que en este papado misteriosamente los candados han desaparecido a manos del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Müller, discípulo de la Teología de la Liberación y de su fundador Gustavo Gutiérrez.

Le pido a la Madre del hijo de Dios encarnado que esta visita sea una bendición y que mis dudas sobre parte del accionar del Papa se borren, así como confirmar la necesidad de la bondad pero no de la claudicación ante la maldad.

El Colombiano, Medellín, 14 de agosto de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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