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Alfonso Monsalve Solórzano                                    

Más de 130 muertos en cuatro meses de resistencia contra la dictadura narcosocialista, que se expresó  en manifestaciones callejeras diarias con la participación masiva de jóvenes que no han conocido la democracia y han crecido en la miseria, y de adultos y mayores, que tuvieron la oportunidad de ver un país rico y de presenciar su destrucción; todos con  hambre, sin salud, con desesperación y necesidad de libertad, dispuestos a dejarlo todo, hasta la vida, para terminar con la pesadilla chavomadurista, sumisa a Cuba y socia de los carteles del narcotráfico de  las Farc y otras mafias internacionales.

Todo, enfrentando la represión creciente y el cinismo de Maduro, Cabello y Rodríguez, con el arma de la unidad política encarnada en gran parte en la Mesa de Unidad Democrática, MUD, una coalición de partidos de oposición a la dictadura, que incluye a Alianza Democrática, AD (dirigida hoy por Henry Ramos Allup) y el Comité de Organización Política Electoral Independiente, COPEI, (cuyo líder actual Roberto Enriquez está en el exilio), partidos responsables, por la corrupción de sus gobiernos, del derrumbe de la democracia venezolana y de abrirle la puerta “socialismo del siglo XXI”.

Los partidos y las personas tienen derecho a aprender de sus errores y corregirlos. Pero estos grupos, y otros por el estilo, como el de Henrique Capriles, Primero Justicia, no sólo no han asimilado sus equivocaciones, sino que persisten en ellas ahora: la dictadura, desafiada por los ciudadanos, decidió convocar una constituyente “comunal” con la que desmontaría la Asamblea Nacional, dominada por la oposición, y la fiscalía, en manos de la chavista Luisa Ortega que se apartó de los manejos del régimen, y tomaría otras medidas para profundizar la “revolución”, acabando con la poca propiedad privada, convirtiendo  la educación, todavía más, en una herramienta ideológica, fortaleciendo institucionalmente a los grupos paramilitares, etc., en un camino sin retorno a un estado policía, monopartidista y dictatorial.

La oposición decidió adelantarse a semejante esperpento y convocó un plebiscito el 16 de julio, en el que 7.6 millones de venezolanos rechazaron la tal constituyente. La dictadura, por su parte, realizó la “elección” de los “constituyentes”, cometiendo uno de los mayores fraudes electorales de la historia de ese país, pasando por encima de la voluntad de su pueblo que la había rechazado y la condena creciente de la comunidad internacional que declaró que desconocía los resultados y la legitimidad de ese engendro. Pues bien, éste se posesionó y convirtiéndose en el poder omnímodo y único, procedió a eliminar a la Asamblea Nacional, a destituir a la Fiscal Ortega y a convocar elecciones regionales para diciembre.

Para sorpresa de todos, la mayoría de la MUD, encabezada por las organizaciones y  personajes citados, decide participar en semejante convocatoria, legitimando la constituyente que los venezolanos y la comunidad internacional habían rechazado. El argumento de Capriles es que hay que oponerse en todos los espacios, pero eso no tiene sustento alguno, primero, porque valida el engendro que el pueblo negó, y segundo, porque Tibisay Lucena, la jefe del Consejo Nacional Electoral, ha sido la ejecutora del gran fraude (y de todos los que ha habido desde que el chavismo maneja el poder), lo que no da ninguna garantía. Más aún, si la dictadura, en palabras de Cabello, que se burla de la coherencia de esos dirigentes, se reserva el derecho de la “constituyente” a certificar la “buena conducta” de los candidatos de la oposición.

Con razón el pueblo les ha dado la espalda. Está pensando que ha sido traicionado y que sus muertos y heridos fueron sacrificados en vano. La MUD ha traicionado a los venezolanos. Sólo María Corina Machado, cabeza de VENTE, ha mantenido una posición consecuente: su grupo se aparta de la alianza porque “no vamos a caer en la trampa de las elecciones regionales, ir a elecciones regionales es reconocer la Asamblea Constituyente fraudulenta, un Consejo Nacional Electoral que todo el mundo conoce como el más fraudulento del mundo, es aceptar que perdimos la lucha en la calle” y exige que la Asamblea Nacional rectifique y designe un nuevo CNE para que pueda haber elecciones sin trampa (www.elimpulso.com).

La lucha política tiende a tomar otros escenarios y seguir a otros dirigentes. La gente está optando por la resistencia activa. La calle ya no es de la MUD. Otros la rescatarán, y los ciudadanos se están decidiendo, además, por apoyar los grupos armados que se declaran en rebeldía, lo que aleja más aun, una salida pacífica. Creo que los venezolanos deberían erigir un gobierno paralelo. Es lo que se seguiría de la ilegitimidad de la constituyente.

Ya veremos qué hace Santos, ahora que Colombia ha sido abiertamente amenazada militarmente por Maduro.

Publicado en Columnistas Nacionales

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