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Eduardo Mackenzie                                             

Las impopulares y detestadas Farc acaban de realizar una operación de comunicación en Bogotá que les ha dado algunas migajas positivas en términos de imagen. Setenta y uno de sus cuadros de dirección llegaron de varios puntos del país para presentar, en la capital, en sesiones cerradas, informes de la situación militar y política de esa organización armada. Tomada por sorpresa, y sin poder asistir a las deliberaciones, la prensa terminó repitiendo lo que los jefes de ese movimiento dijeron: que era un “pleno” destinado a preparar el congreso de finales de agosto de 2017 en el que las Farc se convertirán en partido político y se darán un nuevo nombre.

Poco curiosa ante las informaciones que allí pudieron haber sido ventiladas, la prensa registró lo del “pleno” en forma minimalista, lacónica y previsible, hasta el punto de llamar la atención.  Es válido preguntarse si se trató, en realidad, de una reunión clandestina hábilmente preparada, ante la cual los periodistas no tuvieron más remedio que conformarse con las declaraciones bien calculadas de los voceros de esa organización.

Las pocas crónicas salidas de la denominada “Convergencia Nacional por la Reconciliación y la paz”,  dicen, todas, lo mismo: que las Farc “se convertirán en colectividad política legal, en desarrollo del acuerdo del fin del conflicto firmado con el gobierno colombiano”.

Para forjar la imagen idílica del nuevo “partido”, una agencia europea de prensa subrayó que las Farc darán el transcendental paso antes de la visita del papa Francisco, el 7 de septiembre próximo, para celebrar con él “la paz y la reconciliación” y que, sobre todo, las Farc, antes de hacer esa radical transformación, “se abrieron al diálogo con la totalidad de las fuerzas y movimientos políticos del país”, según aseguró una ex guerrillera llamada Erika Montero.

Como ese “diálogo” con los movimientos políticos es una mentira, pues el tal “diálogo” nunca se dio, ni fue propuesto, vale la pena recordar otros puntos que las cegatonas agencias de prensa y los medios colombianos en general han pasado de alto o no se han atrevido a mencionar siquiera. 

1.    El partido que las Farc anuncian como algo “nuevo” y “diferente”, no será otra cosa que un viejo partido leninista, un organismo centralizado, militarizado y fanatizado en extremo y que se caracteriza sobre todo por tener dos caras: una legal y visible, y otra ilegal e invisible. El modelo será, pues ese, tan conocido: un partido y dos aparatos, uno legal y otro clandestino, con tareas diferentes pero bajo una misma dirección central. El “nuevo” partido de las Farc será pues neo estalinista. Por algo será que los jefes de dicha formación no han dicho una palabra sobre el carácter del eventual “partido”. Algo de eso debieron haber discutido  en el pleno de Bogotá. Pero la prensa no ha podido informarse al respecto.

2.    El nuevo partido surge, por otra parte, con un derrotero preciso: impulsar un programa general cuya meta consiste en plantear un desafío a la Constitución política actual de los colombianos. No será un partido que acepta la legalidad institucional colombiana.

3.    Será un partido para dirigir una revolución comunista. Desde ya los voceros han lanzado las frases que anuncian eso de manera subliminal a su militancia: quieren  erigir a corto plazo, como dijo Carlos Lozada,  un “gobierno provisional”, que se dé como objetivo edificar  “un nuevo modelo económico, diferente al tradicional que se tiene”, y que sea “antiimperialista”. En otras palabras, ese partido querrá implantar un régimen socialista como el que existe en Cuba, Venezuela, Corea del Norte, etc. Si eso es un partido “nuevo” y si eso es el partido de la “reconciliación”…

4.    Ese partido no será jamás popular. Su programa  es un concentrado de negatividad frente a lo que los colombianos votaron el 2 de octubre pasado en el plebiscito. Estos dijeron que no respaldan el esquema de paz sin justicia pactado entre Santos y las Farc en Cuba. Hoy, los partidos y movimientos que llamaron a votar NO en ese plebiscito quieren  modificar substancialmente ese pacto o hacerlo trizas y abolirlo por completo, dado su carácter letal para la democracia colombiana. Incluso algunos sectores que acompañaron a Santos en la aventura vendepatria están hoy girando hacia una posición de rechazo parcial de ese acuerdo pues han visto los peligros que éste encierra para sus propios intereses.

5.    Alias Iván Márquez pretende quebrantar la voluntad popular al gesticular ante la prensa: “La renegociación de los acuerdos no es una opción”. “Jamás convinimos que íbamos a renegociar, no tiene que haber renegociación”. Esa línea será un obstáculo para quienes esperan que las Farc tenga una aceptación social mínima. El partido de las Farc será  dirigido por los autores de atrocidades gravísimas que han escapado a la justicia gracias a los acuerdos de La Habana que todos quieren, con justa razón, cambiar o revocar.

6.    El partido de las Farc tendrá que enfrentarse a las mayorías, a todos los sectores que rechazan de alguna manera el falso “acuerdo de paz”. La primera tarea del partido fariano será impedir que la unidad colombiana contra el pacto nefasto se consolide y elija un candidato presidencial que pueda ganar la elección presidencial en 2018. Esa acción destructiva  es  lo que Jaime Caicedo, jefe del partido comunista colombiano, designa bajo la fórmula tenebrosa de “lucha integral” contra el “paramilitarismo” y contra el “fascismo”.

7.    No hubo desarme de las Farc. Estas no convencieron a nadie de que la entrega sin testigos a un puñado de agentes de la ONU de los fusiles más oxidados era el desarme de las Farc.  Los bloques y frentes más curtidos de las Farc siguen en armas en suelo venezolano y bajo la forma de “disidencias”. Si éstas fueran auténticas el conflicto con la dirección central sería brutal. Las Farc jamás toleraron disidencias en su seno. Las que surgieron fueron erradicadas de manera sangrienta.

8.    El “partido” que emerja del actual repliegue táctico de las Farc –que podría terminar después de las elecciones de 2018--, estará financiado no sólo con los dineros que Santos promete darles gracias al pacto cubano sino, y de manera aún más importante, por el enorme botín que las Farc han acumulado en sus varias décadas de actividad criminal. Los narco dólares de las Farc aceitarán la maquinaria del “nuevo” partido, a menos de que las objeciones que ha presentado el Fiscal General de Colombia, Néstor Humberto Martínez, sobre el destino de esos capitales ilegales logre resultados tangibles. Alias Carlos Lozada se opone a ello y le ha hecho creer a las agencias de prensa europeas que el partido de las Farc  “tendrá una financiación igual a la de los demás partidos”.

9.    No se sabe si el nuevo partido resultará de la fusión de los grupúsculos comunistas que ya existen (PCC, Marcha Patriótica, Unión Patriótica, Progresistas, Presentes por el Socialismo, Polo Democrático Alternativo) o si será una estructura adicional. En todo caso, la orientación política de unos y otros es idéntica: la defensa a ultranza de los planes del castro-comunismo y del proyecto hegemonista continental conocido bajo el apelativo de “la Gran Cuba”.

@eduardomackenz1

Publicado en Columnistas Nacionales

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