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Carlos Salas Silva                                          

El domingo pasado, mientras nuestros hermanos venezolanos se jugaban su destino en una jornada histórica, cincuenta y tantos periodistas se ocupaban de defender la honra de uno de sus colegas que había sido “difamado” por el ex presidente Álvaro Uribe. Los detalles de este novelón los conocemos de sobra y no vale la pena repasarlos aquí. Lo que me parece pertinente en este caso es anotar que realmente no estaríamos en nada si les siguiéramos el juego a los ofendidos comunicadores. Vergüenza sentiríamos si cayéramos en esas triquiñuelas olvidando nuestro compromiso con la lucha por la liberación de los venezolanos.

¿En qué estaríamos si fuese así? Estaríamos en nada y podrían, quienes sostienen al régimen, seguir haciendo con nosotros lo que les viene en gana, culminando su perverso plan de entrega del país a una partida de criminales, llenarlo de coca, destruir sus ríos y bosques, arruinarlo, envilecerlo, lo que sea porque pondríamos toda nuestra atención en la discusión alrededor de saber si a un bufón se le difama o no diciéndole “violador de niños”. No es que no estaríamos en nada, es que estaríamos en la olla y en una olla ya desfondada de tanto rasparla un gobierno derrochón que ha sido muy generoso con sus bufones de corte.

Razones tendrá Álvaro Uribe para ponerle atención al tal periodista Samper y además, para escribir en su tan esperada, visitada y comentada cuenta de Twitter un trino como el que suscitó tamaña respuesta de los ofendidos periodistas. Lo cierto es que muchos están atentos a lo que escribe Uribe, hay que ver que hasta el inútil de Vivanco salió en la defensa del maltratado periodista cuando debería ocuparse de sancionar a un violador sistemático de los derechos humanos como lo es Maduro. Pero no, es más importante proteger la honra del sobrino del que deshonró a su país al llegar a la presidencia sostenido por un cartel de la droga.

Y razones tendrá Uribe para no darle mayor importancia al asunto limitándose a responder con una breve carta en la que termina de “difamar” al ya “difamado”, sabiendo que todo lo que dice se atiene a la verdad y que el que quiere que se le respete que comience respetando. Si hay alguien que tenga plena consciencia de su deber histórico es Álvaro Uribe y pierden su tiempo quienes pretenden ponerlo en la picota pública por tan poca cosa.

Lo verdaderamente importante y en donde debemos poner nuestra atención es en el país hermano. Luego de la victoriosa jornada del plebiscito lo que se le viene a los venezolanos es muy delicado. Siendo conscientes de los inmensos riesgos, asumen su lucha y no darán un paso atrás. ¡Qué contraste con el triste papel de estos periodistas en un momento tan crítico! “Punto final” se titula la carta, perdón “El Manifiesto” firmado por ¿cincuenta y tantos? No, por 101 periodistas, según cifras más recientes. Punto final es el que hay que ponerle a la tiranía de Maduro.

Mientras que Juan Manuel Santos viajaba a La Habana, Andrés Pastrana se encontraba en Caracas e Iván Duque en La Haya. El primero le daba la espalda a Venezuela, el segundo demostraba su solidaridad con la oposición venezolana y el tercero denunciaba a Maduro ante la Corte Penal Internacional.

Publicado en Columnistas Nacionales

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