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Eduardo Mackenzie                                        

Los mamertos anuncian una época de terror revolucionario si los dejamos seguir avanzando con su plan "de paz".

Hace unos días, Jaime Caicedo, el jefe del comunismo colombiano, en una entrevista para el canal chavista Telesur,  resumió en una consigna la línea política central que él impulsará hasta las elecciones de 2018 y más allá: “Tenemos que erradicar culturalmente el paramilitarismo”. Enseguida reiteró: “Entre las preocupaciones de los comunistas se encuentra la implementación de los acuerdos de paz y en especial el punto de lucha contra el paramilitarismo.”

No sabía yo que el paramilitarismo es una “cultura” y que ese fenómeno se puede “erradicar culturalmente”.  Como los comunistas tienen un sentido alterado del lenguaje, y le dan un contenido inverso a las palabras que utilizan (en ellos el día es noche y la virtud es vicio), hay que dudar dos veces antes de aceptar la literalidad de las frases que lanzan.

¿De qué habla, pues, Jaime Caicedo? Veamos el resto de lo que le dijo a Telesur, una semana  después de un “congreso” en Bogotá del grupúsculo Unión Patriótica. Caicedo indicó que su intención es “derrotar la ultraderecha en las próximas elecciones”. Y que los partidos y grupos que rechazan los acuerdos Farc-Santos son unos “fascistas” que deben ser “erradicados” por los comunistas.

El jefe del PCC alegó que como “el fascismo siente miedo de la acción y la unidad de la izquierda” y hará “todo lo posible por evitar [nuestra] unidad”, los comunistas tendrán que “responder a eso”. ¿Cuál será la naturaleza de esa “respuesta”? ¿Será  haciendo una “gran coalición” entre las facciones extremistas y los actuales partidos de gobierno? ¿O es la advertencia de que alguien prepara algo mucho más violento?

Es evidente que cuando el jefe del PCC habla de “erradicar el fascismo” mediante una “política integral” él no se refiere a las bandas armadas tipo los urabeños, ni a los “disidentes” de las Farc, ni a los pistoleros del ELN, facciones que siguen matando colombianos en varios departamentos, sino a las corrientes políticas legales, parlamentarias y populares, a los seguidores del ex procurador Alejandro Ordóñez Maldonado, a los militantes y precandidatos del Centro Democrático, a los  conservadores pastranistas, a los amigos de Luis Alfredo Ramos y de Martha Lucia Ramírez, y sobre todo, a los millones de colombianos que piden la restauración moral de Colombia y la abolición de los acuerdos Farc-Santos. Sobre esto último Caicedo amenazó: “El hacer trizas el acuerdo de paz es en esencia la idea de volver a la guerra, defender sus exclusivos privilegios y emprender un nuevo genocidio en Colombia.”

El jefe mamerto acusa de “fascismo” a vastos segmentos de la sociedad colombiana. Él quiere “erradicar” a todos los patriotas que están contra la llegada al poder, de manera violenta o mediante el engaño, del partido armado Farc. Es decir, Caicedo quiere “erradicar” a los sectores que constituyen las mayorías políticas del país.

Al caracterizar el paramilitarismo como una “cultura” que debe ser “erradicada”, Jaime Caicedo anuncia que la lucha contra ese fenómeno debe ser violenta, social, general y sin límites. El no habla del desarme y judialización de unos grupos delincuenciales, sino de lavar las mentalidades de extensas colectividades humanas. 

Discutido probablemente entre bambalinas durante el “congreso” de la UP, con Aida Avella, Piedad Córdoba, Clara López y Gustavo Petro, el mensaje central de Jaime Caicedo es ese: guerra total contra los que votaron por el NO en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, contra la empresa privada y los sectores laicos y religiosos que se oponen a la destrucción de la familia tradicional. Según Caicedo, “hay una mentalidad paramilitar en muchos sectores (…) hay financiadores grandes, no hay un aparato paramilitar sin que sea financiado con muchísimo dinero”.

Evidentemente, el secretario general del PCC está envalentonado pues sabe que el acuerdo Farc-Santos creó los garrotes pseudo institucionales indispensables para “erradicar” lo que él ve como “el fascismo” en Colombia. La JEP (justicia especial de paz), el PDET (Programas de Desarrollo Agrario Integral con Enfoque Territorial) y la comisión de cogobierno con las Farc (la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Fina, CSIVI, del decreto 1995 de 7 de diciembre de 2016), son los órganos que serán los más utilizados en esa tarea de “erradicación”, si el país se deja.  

A pesar del carácter inconstitucional e ilegal de esos órganos, Humberto de la Calle, uno de los inventores de la JEP, anunciaba en marzo de 2017 como será esa “erradicación”: “Quien no reconozca la JEP, ni acuda a sus distintas instancias, se somete a privaciones de la libertad hasta por 20 años en cárcel”.

La obra de “erradicación” ya habría comenzado de alguna manera.  Jaime Caicedo le contó a Telesur que él hace parte de una “comisión de expertos” que dirigirá “la efectiva lucha contra el paramilitarismo en Colombia” y que incluso se han “dado pasos en la lucha contra el paramilitarismo”, pues ya hay un “bloque de búsqueda de la Policía Nacional”. Empero, Caicedo que queja de no haber podido hacer lo mismo en la Fiscalía “por la ausencia de gestión del fiscal Néstor Humberto Martínez”.

La meta de Caicedo es apoderarse de estos dos organismos  (en la Policía Nacional y en la Fiscalía) y acaparar otros organismos para montar falsas acusaciones contra sus adversarios. Lo dice así: “Necesitamos la unidad de lavado de activos y desactivar la estructura económica del paramilitarismo, es decir tenemos la deuda de una política integral de combate al paramilitarismo”.

Las sectas comunistas consideran que quien no esté con ellas es “fascista”. Los comunistas considera que el “fascismo”  es “la forma declarada de la dictadura del capitalismo”, la “cara camuflada” de los regímenes de los países  “pretendidamente demócratas”. Esa violenta retórica, sepultada por la historia en  todas partes, salvo en Cuba y Corea del Norte, y en los grupúsculos que dirige Jaime Caicedo,  es el plato recalentado con el que esa gente pretende sacar adelante la “implementación de los acuerdos” Farc –Santos.

En el congreso de la UP, Jaime Caicedo dictó la línea a seguir: “trabajar con sectores de la izquierda y más allá de la izquierda” y  llegar a “convergencias” y a pactos de unidad “en cuanto a la materialización de los acuerdos más allá del Gobierno Santos.” De ello se puede deducir que el mamertismo quiere hacer una “gran coalición” hasta con el “enemigo de clase” es decir con quien sea si éste acepta la prolongación,  total o parcial, de los pactos Farc-Santos, más allá de 2018. Y esa prolongación de los pactos vendepatria será no para velar por la paz sino para imponer un régimen revolucionario como el que le gusta a Jaime Caicedo. Por algo él cerró su intervención ante el congreso de la UP con esta frase lapidaria: “Decimos desde ahora que la unidad es para vencer”. Quedan pues notificadas todas las formaciones políticas del país.

@eduardomackenz1

Publicado en Columnistas Nacionales

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