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José Alvear Sanín                                     

Cada día Maduro lanza insultos más grotescos contra Santos, para hacer creer a colombianos y venezolanos que entre ambos se abre un abismo. Las timoratas protestas de María Ángela por la creciente brutalidad del régimen castro-chavista no pasan de gesticulaciones inocuas que no reflejan la indignación del pueblo colombiano frente a los matones y lumpengobernantes de Caracas.

Con excepción de Piedad Córdoba, William Ospina y algunos comunistas recalcitrantes,  todos los colombianos aborrecemos la atroz dictadura que oprime al hermano país.

Por esa razón es imperativo para el eje Timo-Santos hacer creer que Colombia no va a convertirse en otra Venezuela, porque su única carta electoral eficaz para conservarse en el poder es mantener la ilusión  de que no existe el castro-chavismo, que este es una invención de Álvaro Uribe para infundir temor en el electorado, de tal manera que en las elecciones del 2018 triunfe la actual oposición. Esa estúpida monserga se repite diariamente en todos y cada uno de los medios enmermelados.  No olvidemos que, para Goebbels, la mentira debe ser muy grande y repetirse continuamente; y que tanto Hitler como Stalin basaron sus inmensos aparatos publicitarios sobre el discurso incesante de la "paz".

En cuanto la opinión se dé cuenta de que Santos y Maduro ejercen papeles complementarios  dentro de la estrategia del Foro de Sao Paulo, todo estará perdido electoralmente para quienes nos quieren conducir a la República Bolivariana de Colombia.

De este modo, las manifestaciones públicas de Maduro contra Santos cada día serán más agresivas, hirientes y vulgares. Cuando se acerquen las elecciones en Colombia, Caracas hasta romperá relaciones diplomáticas con Bogotá, pero ambos títeres de Raúl Castro seguirán en lo que les toca: a Nicolás, acabar de transformar a Venezuela en un estado comunista totalitario; y a Juan Manuel, asegurar el triunfo del candidato suyo y del Secretariado.

Entre tanto, el secuestro del Estado colombiano a través de la legislación que impone la CSIVI (donde participa Venezuela), proseguirá mientras la JEP imparte el terror y la Comisión de la Verdad (en sentido orwelliano) impone la mentira en el orden cultural, reescribe la historia y así la enseña a través del aparato educativo, desde el kínder hasta el posgrado.

A medida que las gentes contemplan el horror venezolano, el gobierno y sus amigos se aferran al argumento estúpido de que Colombia es distinta de Venezuela y que aquí no pasará nada. La intoxicante paz habanera y mediática, día y noche, año tras año, obedece a bien probadas y letales estrategias comunicacionales que se vienen aplicando en Colombia desde 2010 y que alcanzarán su clímax durante la indeseable visita del papa Bergoglio (¡y esto lo digo como católico, apostólico y romano!).

Mientras la falsa pelea entre Maduro y Santos distrae y desorienta a la galería, aparece otra farsa, la ruptura entre el Dr. Santos y un minúsculo Sr. Pinzón, solapado instrumento presidencial durante toda su vida.

Esa “ruptura” es el inicio de una posible “operación Macron” a la colombiana. Un insignificante ministro de François Hollande fue inflado como candidato “independiente” frente al desprestigio total del presidente socialista, cuyo partido estaba en vía de extinción. Esa operación tuvo éxito y la izquierda, reciclada como una nueva mayoría presidencial, conserva en Francia el poder.

Pinzón se parece a Macron por su juventud y puede ser preparado para “candidato sorpresa”, como última carta para “que todo cambie sin que nada cambie”, maquiavélica fórmula de frecuente utilización en Francia.

                                                                                              ***

Cuando recibió su premio Nobel, el Dr. Santos prometió donarlo para obras benéficas. ¡O no ha tenido tiempo de escogerlas o ya olvidó su promesa! Pero si prefiere conservar su millón y pico de euros, él mejor que nadie  bien sabe que los colombianos somos desmemoriados.

                                                                                              ***

Bien haría la Fiscalía en analizar las no tan veladas amenazas de Ariel Ávila en El Tiempo, contra la Dra. Martha Lucía Ramírez, candidatizada por este lugarteniente de León Valencia para ser judicializada por el temible tribunal de la venganza. 

Publicado en Columnistas Nacionales

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