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José Félix Lafaurie                                   

Con su 12% de favorabilidad a cuestas, y cayendo, el presidente arrastra su último año de mandato con el único propósito de cumplirles a las Farc a toda costa.

Sin embargo, ya no las tiene todas consigo. De una parte, la Unidad alrededor de la paz fariana se desmorona frente a los intereses electorales de 2018, aún a pesar del último gran pote de mermelada por esparcir, de 7 billones de regalías en “proyectos regionales” durante el segundo semestre.

De otra parte, la sociedad empieza a percatarse de que no era un asunto menor la entrega del Estado de Derecho y las instituciones consagrada en el Acuerdo Final. Ya la Corte Constitucional puso el fast track en su sitio y el fiscal ha frenado los excesos de algunos proyectos que, entre otras cosas, buscaban atajos para devolverle a las Farc sus recursos ilícitos. Ya los empresarios vuelven a expresar públicamente sus desacuerdos y hasta los medios muestran mayor independencia. La reciente audiencia pública de la Corte Constitucional sobre la FEP no fue precisamente un coro de alabanzas sino un memorial, exigiendo claridad de competencias y cuestionando la impunidad.

Pero hay un tercer elemento en contra. Descontando las chambonadas logísticas de las zonas veredales y el show de unos delincuentes en huelga de hambre porque no los sacan de la cárcel tan rápido como quisieran, lo cierto es que el Gobierno muestra afán en cumplir el Acuerdo con una cascada de proyectos tramitados por la vía rápida. No obstante, el país no percibe en las Farc la misma actitud, más allá de la alharaca mediática de sus líderes denunciado que el Gobierno es el incumplido, lo cual no es sino otro ejemplo de la inversión revolucionaria de la realidad y de la historia como arma de lucha, gracias a la cual siempre les salimos a deber.

La reinserción misma es un acto de fe. ¿Dónde están los milicianos? A la zona veredal de Norte de Santander no llegó sino la mitad de los guerrilleros esperados, mientras el ELN se fortalece en la misma zona. ¿Cambio de brazaletes? La entrega de armas resultó una parodia con rebaja de 7.000 de un mes a otro, por vía de retractación de comunicados oficiales y repetitivos del presidente y el ministro de Defensa, un “error” en el que nadie cree. Las Farc incumplieron con los niños, y también con las víctimas por cuenta de su pobreza de solemnidad, que el país tampoco les cree.

Por eso, aunque avanza el proyecto de las 16 circunscripciones especiales, está marcando un punto de quiebre en la respuesta ciudadana frente al Acuerdo Final. En efecto, crece el rechazo a esta nueva toma de las instituciones, porque, sencillamente, nadie cree que no sean para las Farc en el cuerpo ajeno de las organizaciones asentadas donde detentaron poder armado y hoy conservan poder territorial. Hasta los políticos recelan, porque son 16 escaños indirectos y 5 directos. ¡21 representantes!; una bancada envidiable para cualquier partido y una peligrosa asimetría de poder en la Cámara.

En las 16 circunscripciones viven más de 6.700.000 colombianos. En ellas habrá más de 4 millones de hectáreas en Zonas de Reserva Campesinas bajo influencia fariana. Allí están 24 de las 25 Zonas Veredales a donde llegaron las Farc para quedarse y hacer trabajo político. En ellas hay 130.000 hectáreas de cultivos ilícitos, más de la mitad del vergonzoso total a que hemos llegado. Allí está concentrada la minería ilegal y la presencia de las bandas criminales es absorbente. ¿Qué y a quién van a representar esos noveles políticos?

Publicado en Columnistas Nacionales

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