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Carlos Holmes Trujillo García                                    

Entre las prioridades del nuevo presidente está crear las condiciones para que la economía crezca rápidamente a un mínimo de 7%, de manera sostenida.

 Hay que decirlo con insistencia. No importa cuántas veces se haga. Tampoco interesa la intensidad, para reiterar que equivocarse de prioridad en el momento actual del país, puede tener consecuencias catastróficas en el largo tiempo. Con razón dijo Clinton que cuando aparece el cansancio por repetir algo, apenas se está empezando a escuchar a quien habla.

Gran lección para la Colombia de hoy, nación que se mueve como un barco en medio de una gran tormenta, sin tener claro el rumbo, porque el capitán se dejó encandilar por las luces del mesianismo.

El mandato que recibirá el nuevo presidente en 2018, tendrá múltiples objetivos, desde luego. Sin embargo, crear las condiciones para que la economía crezca rápidamente, es decir, a un mínimo de 7 por ciento, de forma sostenida, deberá estar en el primer lugar de la lista de tareas prioritarias. Cuáles son las realidades que exigen que sea así? Veamos:

Luego de un crecimiento de las reservas probadas de petróleo del 26 por ciento, entre el 2002 y el 2010, empezaron a caer hasta llegar a 1.665 millones de barriles en el 2016, que alcanzan para cinco años. No puede dejar de decirse que dicho crecimiento se dio a pesar de la subida de la producción en esos años. Muy distinto a lo que sucede ahoya, cuando baja tanto lo uno como lo otro.

Por otra parte, el significativo aumento de la sísmica durante los mismos años, toda vez que se multiplicó en 7,4 veces, es historia vieja. Hasta el mes de abril de 2017, no se había explorado un solo kilómetro. Asimismo, después de haber llegado, en el 2010, a 112 pozos exploratorios, el número que se registró en 2016 fue de 21.

El declive ocurrió antes de que tuviera lugar el desplome de los precios internacionales, situación que se puso en conocimiento del gobierno Santos, de manera oportuna. Infortunadamente, las señales de alerta no tuvieron eco alguno, lo que condujo a que la caída de la cotización profundizara la tendencia negativa.
Para empeorar los males, se sabe que la producción agropecuaria, industrial y petrolera sufrieron un deterioro significativo en abril. Los indicadores de los que se dispone, hasta el momento, del segundo trimestre, muestran que las ventas al por menor, la confianza, tanto comercial como del consumidor, y los asuntos relacionados con las expectativas arrojan malos resultados.

Muchos estudiosos del comportamiento de la producción y de las ventas coinciden en que una de las causas determinantes de la caída es la última reforma tributaria, que ya tiene seis meses de edad. Y, ojo, hay investigadores que ya hablan del aumento del ‘riesgo país’ de Colombia, por la subida del déficit fiscal y su contradicción con las advertencias de las calificadoras, en el sentido de desacelerar la velocidad del endeudamiento.

Con todas estas evidencias, ¿puede haber alguna duda acerca de que la verdadera prioridad en esta coyuntura que atraviesa la nación es la economía? Claro que no, entre otras cosas, debido a que debe tenerse siempre presente que es necesario tener una buena economía para que sea posible diseñar y ejecutar una buena política social.

Portafolio, Bogotá, 03 de julio de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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