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Carta abierta al periodismo colombiano - Jueves, 20 Julio 2017 06:01

José Alvear Sanín                                   

El tema de la corrupción es tratado profusamente en los medios embadurnados. Después de las páginas para denigrar de Álvaro Uribe y de los colombianos que no comulgan con ruedas de molino en lo que toca a la ingestión obligatoria de la paz fariana, la corrupción es el asunto más socorrido de los columnistas.

Pero aquí no pasa nada y por eso la corrupción sigue avanzando.

Llevo años (y hasta un libro sobre el Metro) denunciando negocios oscuros. En los últimos meses me he ocupado, tanto de los megacontratos (Reficar, Odebrecht, la carretera de las dos arpías, EPM), como de otros que al lado de los primeros son menores, aunque por cifras inverosímiles se otorgan, a dedo, por el actual gobierno, con el doble objeto de enriquecer a los amigos (para que puedan vivir cómodamente en el extranjero cuando llegue la República Bolivariana de Colombia) y de engañar al país con la pacífica prosperidad que se nos viene encima.

No voy a cansar más a mis lectores recordando otra vez los centenares y hasta miles de millones de pesos en contratos chimbos para favorecer generales venales, periodistas fletados, medios genuflexos, huérfanos de un mártir, hermanitos del presidente y del ministro de Hacienda, fundaciones mamertas, juristas truculentos, documentalistas y cantantes ignotos, relacionistas melosos y toda suerte de paniaguados, entre los cuales sobresale un señor Prieto, vehículo de coimas, al que después de contabilizarle más de 30.000 millones, le siguen lloviendo nuevos y suculentos diluvios monetarios de la munificencia presidencial, que ahora se extenderá también al Vaticano.

Los pagos al jefe entregador # 1 siguen rodeados de pudoroso misterio, pero lógicamente deben corresponder a la generosidad oficial y a la magnitud del daño hecho por él al país. Sobre los emolumentos del jefe entregador # 2 todavía no hay indicios, pero seguramente también serán carnudos.

En los últimos días hubo escasa protesta, porque ya los colombianos estamos acostumbrados al escándalo anual del alza de las astronómicas dietas y adehalas parlamentarias. Con honrosas excepciones, el congreso se ha convertido en el paraíso de los badulaques, los ignorantes y los grandes corruptos. La mermelada irriga con miles de millones a tan sumisos votantes, que así  sacan adelante al gobierno en todo lo que propone.

Para los que conocimos el conservatismo tradicional es terrible la impresión que nos causan las fabulosas sumas que los congresistas dizque de ese partido reciben por prevaricar continuamente. Al respecto es conveniente lo que acaba de expresar el exministro Rubén Darío Lizarralde:

Si los congresistas (…) no robaran, no participaran de las coimas, de los contratos (…) nos rasgamos las vestiduras por los salarios (…) y no discutimos la esencia del problema, que son los cupos indicativos. Claudia López propone otros cupos, y con esto cree que se soluciona el problema. No, ella está proponiendo otro tipo de cupos, que la mermelada se reparta también a la oposición, y  todos calladitos.

Esta contundente apreciación refuta la propuesta irresponsable de la euménide parlamentaria y también replica la airada reacción de los legisladores pseudoconservadores, descalificados, con total razón, por el expresidente Pastrana.

El mar de nauseabunda corrupción en que naufraga la República no se corrige con leyes y más leyes. Habría que tener ciudadanos correctos en todos los cargos públicos. El problema es moral, no legal. Precisamente por ese es tan preocupante. ¿Cuántos justos quedaban en Sodoma? ¿Cuántos hay ahora en la Nomenklatura colombiana?

                                                                                              ***

Comentando la ceremonia “funeraria” de las Farc, encuentro en el blog español Actuall (junio 28/ 2017) esta reflexión:

Puedes ver a un asesino de masas entregando al Estado los fusiles y las granadas, o puedes ver a un gobernante entregando a los terroristas la justicia, la verdad y la memoria, que son las armas de un Estado democrático para proteger no solo a los vivos, sino también a los muertos.

                                                                              ***

Los dos catanos mal trajeados que acarician sonrientes una bebé, parecían un fecundo matrimonio gay, ¡pero eran Timo y Santos!!!

                                                                                              ***

La perfidia celebra la traición: Belisario reconoce que Juan Manuel logró, con la entrega del país, lo que él intentó afanosamente. Ambos, sin duda, pasarán a la historia, pero de la infamia. 

Publicado en Columnistas Nacionales

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