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Alfonso Monsalve Solórzano                                            

Santos, ofendido por las palabras de su exministro de defensa y exembajador en Washington Juan Carlos Pinzón, exclamó: “No quiero entrar en controversias con ningún precandidato presidencial, creo que no me corresponde, lo único que le digo es que los clásicos tenían razón cuando decían que la lucha por el poder, que es la política, infortunadamente saca a relucir lo peor de la condición humana”.

Lo que dijo Pinzón simplemente fue lo que la inmensa mayoría de los colombianos estamos pensando: que las Farc no entregaron todas las armas y, por esto, mostrando la trapisonda empaquetada en el “desarme” proclamado el martes, exigió más transparencia.

En realidad, se quedó corto. El país sabe que el propio gobierno había anunciado 14.000 armas en poder de las Farc, pero la Onu certificó apenas 7.132. Santos, que sigue creyendo que los colombianos somos imbéciles, para justificar el número de armas recibidas, no dudó en decir que las 14.000 eran el resultado de una mala suma que había hecho un general (nada menos que el encargado militar en la negociación el general Flórez) ¿Qué tal? El humor de los colombianos, que es infinito (todavía) respondió con presteza la insólita aseveración, con un meme en el que la imagen de una mujer parecida a una exministra de educación, decía: “Si las Farc tenían 14 mil armas y entregaron 7.132 ¿con cuántas se quedan: 14.000 -7.132 = 0.000”.

Todavía más, el presidente declaró el final de la “guerra” y “el adiós a las armas” de las Farc, a pesar de que no ha aparecido sino una de las 900 caletas admitidas por el propio alias Timochenko, y de las que hay, con seguridad, en Venezuela y posiblemente en el Ecuador.

Lo increíble en la declaración de Santos es que expresa su ira con Pinzón, hasta el punto de acusarlo de mostrar lo peor de la condición humana porque este exigió que se dijera la verdad.  Lo que esperaba el presidente es que su exministro se quedara callado ante tamaña mentira. Como quien dice, Santos se sintió traicionado por quien fuera uno de sus alfiles más cercanos porque no falseó la realidad y no lo encubrió en su engaño. Vaya, vaya. Pero más inaudito es que acuse a alguien de deslealtad, él, precisamente él, que fue capaz de montarse sobre los hombros de Uribe y su programa, para ganar las elecciones y después traicionar a su mentor y a su ideario. Esa sí que es mala condición humana. Y ¿cómo les parece la perfidia necesaria para llevar a cabo la madre de todas las traiciones, la que cometió con el pueblo soberano y su democracia al desconocer el plebiscito que el mismo convocó? Esas acciones (y muchísimas otras) sí que expresan lo peor de la condición humana.

Y todo esto lo hace en el desprestigio más grande que mandatario colombiano alguno haya tenido, mintiéndose como el narciso patológico que es, ante el espejo, diciendo que él está gobernado para la historia, mientras los colombianos de hoy ven destrozarse el país, al que no sólo entregó a las Farc sino que lleva a una crisis económica sin precedentes.

Y utiliza todos los trucos para vendernos su fracaso como una victoria, incluso el de pretender manipular la fe religiosa de los colombianos, trayendo al jefe del estado Vaticano para que oficie, no como tal, sino como pastor de los católicos del país, en un cambio de roles con el que quiere “santificar” su negociación, como si los asuntos religiosos pudiesen corresponder a determinada concepciones políticas. Afortunadamente hay muchos católicos que tienen en cuenta que no puede haber intromisión doctrinal cuando se trata de las opciones políticas, más aún, si los fieles que quieren ser presionados, son defensores de la libertad y la democracia. Aquí si que aplica la Palabra: Dad a Dios lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Y Santos es todo, menos Dios. A pesar de su apellido.

Postscriptum: estoy preparando un artículo sobre la carga tributaria de la valorización en Medellín y el país, por insinuación de un amable lector. Espero que quienes puedan, me hagan llegar información.

Publicado en Columnistas Nacionales

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