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Álvaro Uribe Vélez                                

La ciudad de Medellín, su Cámara de Comercio y su sector privado han hecho un enorme esfuerzo para mejorar la competitividad de su economía.

El impulso de los clusters ha sido una acción esencial. Bien ha enseñado Michael Porter que estos se constituyen en herramienta fundamental para el mejoramiento continuo de la productividad, que se traduce en competitividad. Y lo logrado por Medellín es prodigioso, a pesar de su topografía, la distancia y la mala comunicación con el mar. Esos clusters, que juntan a proveedores y consumidores en una tarea permanente para que todos ganen, han tenido en la ciudad expresiones muy importantes en ropa interior femenina, confecciones, energía, salud, infraestructura y vivienda sostenibles, turismo y TICs. Entre sus logros se destacan la vinculación de la pequeña, la mediana y la gran empresa, con la consiguiente transferencia de tecnología y formalización; representan el 44,3% de la base empresarial, el 35,9% del valor agregado manufacturero, el 43,2% de las sociedades creadas cada año y el 25,9% de las exportaciones industriales; han promovido a las empresas a agregar alto valor y a orientarse a servicios de alta tecnología; entre 2006 y 2016, las empresas cluster tuvieron un crecimiento anual del 7,9% y las demás del 3,3%; ha sido factores de atracción de inversión doméstica e internacional, con promedios anuales de 45,5%, mientras la inversión en las restantes ha sido del 8,9%; y entre 2005 y 2016 se pasó de 24 empresas por cada mil habitantes a 37.

No obstante que cada cluster exige vecindad territorial de las empresas así sean independientes y diferentes, lo cual implica un gran compromiso de las autoridades locales, las políticas de los gobiernos nacionales son fundamentales para el éxito o fracaso. Bastante ayudaron la seguridad democrática, el diseño y puesta en marcha de la política nacional de competitividad, los incentivos tributarios, las zonas francas de salud, el apoyo a la hotelería, las normas de estabilidad, los inicios de la articulación educativa, el Sena, la refinanciación de la deuda del Metro, la concepción de Autopistas de la Montaña, los avances en el grado de confianza en el país, etc. Pero el impulso se pone en riesgo como lo acreditan las cifras de actividad económica y de regreso del desempleo en las grandes urbes. El narcotráfico engaña la realidad del empleo rural y es el pivote sobre el cual gira la inseguridad. Se eliminó la norma de estabilidad normativa y tenemos una de las economías con mayores impuestos del mundo según lo certifica Business Insider del Reino Unido. La deuda pública consolidada ha pasado del 42% del PIB al 54%, y la del Gobierno Central del 37% al 42%. Hay petróleo para cinco años y en mayo solamente se habían explorado 25 pozos, descenso de exploración que empezó antes de la caída del precio. Los ingresos petroleros al fisco, al inicio de 2011 representaban menos del 1,5% del PIB, y subieron al 3,33%, suma derrochada. Se acumulan pronósticos negativos sobre la economía que ponen en riesgo la financiación de las autopistas, lamentablemente retiradas de ISA. Cesaron las ayudas a las obras locales que exigirán que nuestras autoridades busquen financiaciones a más de 50 años, que incluyan obras civiles y equipos.

Reacelerar el impulso es nuestro sueño para el 2018.

Nota: Cifras de Clusters tomadas de la Cámara de Comercio para Medellín y Antioquia.

El Colombiano, Medellín, 29 de junio de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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