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Eduardo Mackenzie*                                         

Hace tres días, PanamPost trató de responder a mis críticas  del 20 de junio pasado a  sus irresponsables acusaciones contra la joven francesa asesinada tres días antes en el atentado del centro comercial Andino de Bogotá.

En su réplica (1), PanamPost me da razón en varios puntos: confirma lo que yo decía en el sentido de que el “experto” anónimo del FBI que ellos consultaron no estuvo en Bogotá, que no fue testigo presencial de ese cruel episodio, que no examinó la escena del crimen, que no tenía pruebas, ni acceso a “documentos y elementos de prueba” oficiales y que se basó en un manual o “protocolo a seguir tras un ataque con una bomba”. Admite que “ninguna de las víctimas estuvo involucrada” en el atentado. Acepta que la mayoría de europeos jóvenes que hacen trabajo social en Colombia “no se convierten en terroristas”. Dice que no cuestiona “el trabajo ni los valores altruistas de la ONG donde trabajó Julie Huynh”. Corrobora que el “experto” consultado, como dije yo, sabe poco acerca de la dinámica aleatoria de los gases producidos por una explosión.

Sin embargo, a pesar de admitir todo eso y del tono moderado de su réplica, lo que es digno de aplausos, PanamPost sigue defendiendo otros aspectos de su artículo, sobre todo lo relacionado con el papel jugado por su fuente anónima del FBI. Ello lo lleva a un callejón sin salida.

Dice, por ejemplo, que PanamPost no buscaba desprestigiar a la joven Huynh. Aduce que “simplemente” presentaron “un análisis de un experto en seguridad” [del FBI]. Este acusó brutalmente, sin prueba alguna, a la joven francesa. Entonces, si entendí bien, PanamPost no buscaba calumniar a nadie pero publicó, sin reparos, las calumnias de alguien. Lo que viene a ser lo mismo.

Se nota pues que subsiste una fuerte tensión entre el staff de PanamPost, quien firma tanto la réplica como el artículo publicado 44 horas después del atentado en Bogotá,  y ese “experto”. El staff de PanamPost sigue presentando lo que ese personaje dijo como respaldo y garantía de la seriedad científica de su artículo. Aunque insisten en que se trata de alguien del FBI persisten en ocultar su identidad y decir si él actuó como asesor a título oficial o a título personal. ¿Si fue a título privado por qué utiliza el nombre del FBI? ¿Si actuó de manera oficial se justifica su anonimato? Ese punto merece un debate. En todo caso, no dejará de interesar a la autoridad judicial francesa saber que un miembro del FBI acusó sin razón a la víctima Julie Huynh desde el comienzo. Si él actuó a título privado ¿porque permite que  PanamPost lance la disculpa de que “publicó las declaraciones de la fuente porque basa su análisis en su trabajo en una entidad de inteligencia respetada a nivel mundial”?.

PanamPost confió en alguien que,  a miles de kilómetros de la escena del crimen, se permitió acusar, basado solo en un manual interno del FBI, a una víctima del terrorismo. ¿Quién puede aceptar eso?

PanamPost alega que el anonimato de la fuente es “una práctica corriente” en Estados Unidos.  Quizás, pero no siempre. El código de la Associated Press para sus editores dice: “Un buen periódico debe indicar sus fuentes de información a menos de que haya un motivo claro para no hacerlo. Cuando se requiera proteger el anonimato de una fuente hay que explicar la razón”. Es decir la regla es indicar las fuentes, la excepción es el anonimato. ¿Abusar de ese privilegio es aceptable? Dada la gravedad de las acusaciones que contiene el concepto dado por el experto del FBI PanamPost debería reflexionar al respecto.

Un punto decisivo que no puedo dejar ir por entre las nubes es el de confundir la investigación policial con la labor periodística. PanamPost sigue confundido al respecto y eso se ve en su réplica. El staff dice en un párrafo: “(…) una investigación seria en un caso de terrorismo no llega a tales conclusiones de manera inmediata --[dudar de la culpabilidad de la joven Huynh y descartar esa pista por haber ella estado con su madre en el lugar del atentado]--. De hecho, continúa PanamPost, la responsabilidad de los investigadores consiste en no descartar ninguna posibilidad por ninguna razón; ni por corrección política, ni por diplomacia, ni por sentimentalismo.” 

¿De qué investigación está hablando? ¿La que hace un periodista o la que hace un policía? En todo caso, esos dos actores, bien diferentes, deben respetar ciertos derechos.

Una cosa es “descartar” una pista en la investigación policial o periodística (cosa que nadie pide, ni yo pedí en mi crítica inicial) y otra es proclamar el nombre de una persona y designarla como culpable de un crimen. Una cosa es investigar a todos los actores que parecen estar involucrados en un acto criminal y otra cosa muy distinta es proclamar, antes de que concluya la investigación y, sobre todo, antes de que haya una sentencia ejecutoriada, la culpabilidad de alguien.

El investigador policial no debe descartar ninguna pista pero no debe acusar a nadie. Esa es la labor de los jueces o de un jurado de conciencia. El periodista, por su parte, investiga ese mismo evento y presenta con lealtad los hechos, y se abstiene de afirmar que tal persona es la culpable, o de decir que esa persona llevó, por ejemplo, la bomba. En este caso, ni la policía, ni la prensa, ni nadie ha constatado quién puso la bomba en el baño de mujeres. El “experto” de marras decidió, sin embargo, que podía designar a la primera víctima como portadora del explosivo. Sin tener prueba alguna, sin haber sido testigo de ese hecho. Increíble. Decir, como hizo PanamPost, a través de su experto, que Julie Huynh había llevado la bomba, es cometer un abuso, es atacar el espíritu y la nobleza del periodismo.

Eso fue lo que hizo el experto: señalar con nombre propio a alguien que él estimó caprichosamente que era la persona que había llevado la bomba al baño de mujeres del centro Andino. PanamPost le creyó a su fuente y sigue creyendo en ella.

PanamPost dijo, a través de su fuente, que ni por “sentimentalismo” se podía descartar “ninguna posibilidad”. Aquí no se juzga si el o los investigadores judiciales “descartaron alguna pista”. Juzgamos lo que la prensa dijo sobre ese atentado. Yo no estoy ni estaba enterado de los entresijos secretos de la investigación judicial en Bogotá, pero si estoy enterado de lo que PanamPost y otros publicaron sobre ese atentado. Esa es la materia sobre la cual debatimos.

Se trata aquí, no de “sentimentalismo”, sino de un derecho inalienable: del respeto a la presunción de inocencia (y no “derecho de inocencia”) de que goza, aunque sea póstumamente, Julie Huynh: del derecho que ella tiene a ser tratada como inocente hasta que no haya una sentencia que la condene, así sea póstumamente. Es un derecho consagrado en el artículo 6-2 de la Convención europea de protección de los derechos humanos de 1950.

Son otros los que descartan arbitrariamente los indicios. PanamPost nos dice: “si la bomba iba a ser armada en el baño de mujeres ha tenido que ser una mujer la persona a cargo de hacerlo. Esto descartaría la tesis que ha aparecido en medios como Semana según la cual un hombre sospechoso ingresó al baño de mujeres”. ¡Que ingenuidad!  ¡Como si físicamente un hombre no pudiera entrar a un baño de mujeres!  “Ha tenido que ser” una mujer, dice PanamPost, la que puso la bomba pues ésta fue puesta en el baño de mujeres. Si esa es la lógica de PanamPost dudo que esa sea la de los bandidos.

PanamPost sigue estancada en otros puntos. Los llama “señales de alarma”. En ese terreno es la pura ambigüedad la que reina. El staff deja en pie la serie de prejuicios de su “experto”, a pesar de que no piensa como él. Sobre la ida de la cooperante a un campamento de las Farc, por ejemplo. No sé si eso está comprobado. Aún si lo fuera, eso no es índice de culpabilidad. Quien la acusa afirma que ella fue a ese lugar acompañando al presidente François Hollande.  Un lector superficial creería que ella fue a ese campamento de manera clandestina. Así es como se forjan las acusaciones infundadas, materia prima de la desinformación. También ve como “señal de alarma” el viaje turístico de ella a Cuba y “la cercanía [de Julie] a la bomba”. En esos puntos, PanamPost piensa diferente, pero invoca varias veces, como caución, la visión amañada de “nuestra fuente”. Aunque dice que ninguna de esas “señales de alarma” es “prueba contundente de culpabilidad”.

PanamPost pretende que cumplió con su deber de informar. Veamos lo que dice: “En nuestra opinión, lo irresponsable hubiera sido guardar dicha información  y no cuestionar las versiones oficiales y contradictorias de las autoridades, tal como han hecho otros medios”. ¿Cuál información? Lo que presentó no eran sino deducciones falaces de un experto.  ¿Cuáles versiones oficiales? ¿Ellos querían que el 19 de junio, 40 horas después del atentado, hubiera ya “versiones oficiales”?  La primera información  oficial sobrevino el 20 de junio: un informe preliminar forense, en poder de la Fiscalía General, dijo que  no existían rastros de elementos químicos en los cuerpos de les tres mujeres que perecieron. Lo que derrumbó la hipótesis del experto “del FBI”.

Ese mismo día, la Fiscalía y la Policía Nacional dieron a la prensa los dos primeros retratos hablados de presuntos sospechosos del atentado: muestran los rasgos de dos hombres “que habrían ingresado al centro comercial Andino para colocar el artefacto explosivo”, según el testimonio de seis personas.  Los retratos fueron retirados luego no porque fueran falsos sino para completarlos y para proteger, probablemente, la operación de captura de las nueve personas (cinco hombres y cuatro mujeres), que fueron arrestadas horas después en Bogotá y El Espinal.

¿PanamPost quería que antes de las primeras capturas la policía publicara las imágenes de control del centro comercial Andino? ¿Qué país hace eso? ¿PanamPost tiene una visión ingenua de la lucha antiterrorista? Quizás. El staff escribe: “(…) tras atentados recientes en países europeos, las autoridades han divulgado imágenes de los sospechosos basadas en cámaras de seguridad horas después de los ataques”.  Inexacto. Los organismos de seguridad en Francia, por ejemplo, publican fotos o retratos hablados de atacantes en fuga después de las capturas o de la muerte de los otros actores, no antes. No 24 horas después de un atentado no elucidado.  Y esos retratos son mostrados bajo la definición de presuntos testigos no como culpables.

El redactor de la réplica tiene una visión muy alegre de lo que debe ser una investigación antiterrorista: esta, según él, se puede hacer a larga distancia. Nos dice: “Si un experto en asuntos antiterrorismo (sic) necesariamente tuviera que ser testigo presencial de los actos terroristas que investiga para tener credibilidad, ínfimo sería el número de personas con autoridad para analizar estos asuntos.” Yo sostengo que un investigador judicial, así sea un genial agente del FBI, debe examinar la escena del crimen y estudiar las pruebas recogidas. En efecto, no son muchos los que pueden producir resultados serios en esa materia. El experto tiene su propia ética y sus propios métodos. La primera es respetar los indicios aún los más ínfimos. ¿Eso se puede hacer a distancia o a través de una tercera persona? No lo creo. Una investigación no se improvisa, y mucho menos se trata a distancia. Una investigación no se hace leyendo en un manual. Hay que “leer” los detalles fácticos del crimen y en el lugar del crimen. Fue lo que no hizo el experto “del FBI”. Por eso incurrió en errores y en acusaciones sin fundamento.

(1).- https://es.panampost.com/panam-staff/2017/06/22/eduardo-mackenzie-respuesta/

* Segunda respuesta PanamPost https://twitter.com/eduardomackenz1/status/879364422833029120

París, 26 de junio de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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