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Fernando Londoño Hoyos                             

Decía Jean Francois Revel que la verdad estaba moribunda. Pues aquí se murió del todo la pobrecita, para ser suplida por la peor de sus enemigas, que es la conveniencia.

La investigación que se adelanta por el terrible acto terrorista del Centro Andino es la más grotesca parodia de una investigación. Porque todo apunta a una verdad inconveniente, andan todos buscando una mentira que convenga. Y pretenden que la aceptemos.

El Fiscal ya exhibe el trofeo de ocho presos contra los que no tiene más prueba que la sospecha de que sean los autores de semejante crimen. Y sospecha de ellos porque ya tuvo antes la sospecha de que anduvieran involucrados en otras bombas que por acá estallaron. Prueba, lo que se llama prueba, no tiene el Fiscal ninguna. Pero el ministrico de Defensa lo felicita en conmovedor mensaje, porque ya tiene presos ocho sospechosos. Es una maravilla.

El problema de Néstor Humberto, el Fiscal, es el mismo problema del Gobierno. Porque toda sospecha seria se mueve en dirección contraria a las conveniencias de la gloria de la Paz. Si fue el ELN, como muy bien podría ser, porque el último atentado terrorista cometido en Bogotá fue obra suya, y no por sospecha sino por la plena prueba de su confesión, se le dañan a Santos las charlas entabladas con esos bandidos en Quito. Y los más inicuos atentados de este linaje cometidos en Bogotá, la bomba del Club el Nogal y la bomba que solo por milagro no costó la vida de quien estas líneas escribe, son obra probada de las FARC. Pero tampoco es conveniente que fueran las FARC. Luego no fueron las FARC. Y la prueba de que no fueron los terroristas del ELN ni los terroristas de las FARC, es que ambos han dicho que no fueron ellos. Como se ve, prueba plena de su inocencia.

Moviendo los hilos de toda esta trama de embustes estará tras de bambalinas el gran experto que el régimen tiene para mentir, que es el Vicepresidente Oscar “coca” Naranjo, como lo llamaban sus amigos de ahora, los de las FARC. El mismo de las mentiras de noviembre de 1.985, que costaron la vida de los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia. El mismo de las falsedades de Potrerito, Jamundí, que dejaron diez policías muertos y un puñado de soldados condenados por un crimen que no cometieron. El mismo de las mentiras que le tapó a su amigo del alma, el Coronel Danilo González, quien se llevó a la tumba todos los secretos del asesinato del más grande pensador político que tuvo Colombia en el Siglo XX, Álvaro Gómez Hurtado. Y el mismo que se inventó la mentira de la mano negra de la extrema derecha, para tapar por orden de Santos a las FARC en el atentado en mi contra. Como se ve, no hay duda de que pronto sabremos la verdad que buscamos sobre los autores del Centro Andino.

Los hechos que el Gobierno encubre son gravísimos. Porque prueban que el terrorismo está más vivo que nunca, que estamos haciendo la paz con terroristas activos y que la sociedad colombiana ya no tiene un hombro sobre el que pueda llorar sus penas.

El Centro Andino tiene cámaras de seguridad por todas partes. Santos oculta su contenido, con la ayuda del Fiscal. Lo que las cámaras digan es altamente inconveniente. Por eso apostamos a que pronto recibiremos la noticia de que en un accidente tecnológico se borraron esas grabaciones. Ya ha pasado antes y nada menos que en la Corte Suprema de Justicia, para borrar la prueba de ciertas visitas inconvenientes.

De modo que a resignarnos. El Fiscal nos traerá muy entretenidos con el cuento del MRP y de sus desconocidos miembros, por lo menos mientras baja la marea y ya no nos acordemos de nada. Pronto vendrá una tragedia mayor o parecida para sacarnos de la memoria la del Centro Andino.

El problema es que en un país así no se puede vivir. Cuando la ficción sustituye la vida, no queda espacio para la vida. Cuando la conveniencia prevalece sobre la verdad se entra de plano en el mundo insoportable de Maquiavelo, que salva al príncipe para matar a la gente. Y es aquí donde estamos, como los condenados en el peor de los círculos infernales de Dante. Hemos perdido hasta la esperanza.

No estamos preparados para que nos digan lo que pasó en esta tragedia nacional. Reaccionamos con ira, cuando deberíamos exigir justicia. Y con justificado escepticismo cuando nos juran que han encontrado la verdad. Bonito mundo en el que andamos y bonita realidad la que enfrentamos. La que solo nos deja la certeza, plena y total, de que somos víctimas del terror y tenemos cerrados todos los caminos del porvenir.

Publicado en Columnistas Nacionales

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