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José Alvear Sanín                                  

El movimiento de recuperación nacional que enhorabuena ponen en marcha los expresidentes Uribe y Pastrana, sea que se llame Frente Republicano, Alianza por Colombia o Coalición por la Democracia, constituye la última esperanza para un país empujado hacia el abismo por el eje Timo-Santos.

A la estimulante recepción de este movimiento por parte de Martha Lucía Ramírez  seguirán con seguridad otras voces patrióticas, porque cada día con mayor claridad los ciudadanos ven que si no se unen las fuerzas democráticas, el “futuro de Colombia—como lo advirtió Pastrana— será el presente de Venezuela”.

Faltan pocos meses para las elecciones de 2018, las más importantes en la historia,  porque no solo está en juego el gobierno, sino la conquista definitiva del poder. Si no logramos mayoría en el congreso y presidente en la primera vuelta, el país se convertirá irremediablemente en un estado narcoterrorista. Para llegar a ese horror solo falta la elección del candidato de Raúl, Rodrigo y Juan Manuel, que no es otro que Humberto de la Calle. Para asegurar la elección de ese funesto personaje, el abominable eje tripartito no ahorrará ningún esfuerzo, incluyendo los lícitos.  Petro, Clara, Galán, Cristo, Claudia, Fajardo, Roy, Pinzón, etc., son personajes de pacotilla, meras figuras de paja para la diversión de la galería, mientras los verdaderos titiriteros mueven los hilos en favor del taimado jefe entregador…

Lo anterior nos lleva a considerar que ha llegado la hora de Germán Vargas Lleras, verdadero pivote sobre el que girará la política nacional en los meses venideros. Después de una distinguida carrera parlamentaria, formó un movimiento político para adelantar su legítima aspiración presidencial. El doctor Santos lo llamó oportunistamente para configurar con él, después de haber desembarcado a Angelino Garzón, una fórmula tranquilizante, porque ya asomaban las orejas de Timo detrás de la farsa habanera.

Encargado de la necesaria modernización de la infraestructura del transporte y de un ambicioso programa de vivienda popular, el Dr. Vargas Lleras esperaba merecidos dividendos políticos para llegar en 2018 a la presidencia.

Están fuera de duda sus capacidades para ejercer la primera magistratura, pero como de lo que se trata no es de servir a Colombia, sino de completar su entrega al partido comunista clandestino, Vargas Lleras nada puede esperar del más falso de sus amigos, Juan Manuel Santos, así haya tenido que tragar ranas, sapos, babillas, caimanes y cocodrilos en tres interminables años como digno vicepresidente en medio de un gobierno falaz, traidor e incompetente para todo lo que no sea la entrega a los peores enemigos de Colombia.

Ahora bien, el Dr. Vargas Lleras tiene derecho a aspirar, pero —debo decirlo con el mayor respeto— su candidatura ha sido saboteada y lo seguirá siendo, desde la casa de Nariño, el secretariado, los medios abyectos, La Habana y los demás factores reales de poder, porque él es un enemigo formidable para ellos.

En los últimos días, quizás algo tarde, Cambio Radical, presidido ahora por un demócrata íntegro, impoluto, inteligente e insobornable, Jorge Enrique Vélez, está atajando con valentía la legislación agraria, la JEP y la reforma electoral, es decir, los tres peores engendros del “acuerdo final”, necesarios para consolidar la toma definitiva del poder, porque el gobierno ya lo tienen.

La realidad es que contra el eje Timo-Santos, la posibilidad de Vargas Lleras de llegar a la presidencia cada día será menor. Sin embargo, el exvicepresidente está en condiciones de determinar el futuro de Colombia. Muy pronto llegará el momento en que en vez de terminar su carrera como un candidato derrotado más, estará en condiciones de ingresar por la puerta grande de la historia con un acto de patriótico desprendimiento, como el árbitro definitivo que inclina la balanza de tal manera que en el momento decisivo las fuerzas democráticas, reforzadas por él, se impongan sobre las de la infame cábala narcocastrista.

Actuando con la máxima responsabilidad y patriotismo, Vargas Lleras, sin llegar a la casa de Nariño, podrá equipararse, o aun superar, a Carlos Lleras Restrepo como eximio servidor de Colombia.

                                                                                              ***

Estoy de acuerdo con el señor Guillermo León Escobar, embajador ante el Vaticano, cuando afirma que “el papa no es ingenuo” (El Tiempo, 22 de junio / 2017). Bergoglio, en efecto, no está “mal aconsejado”. Sabe  a lo que viene, sabe quién paga los extravagantes gastos de su periplo y también sabe a quiénes beneficia la explotación de su visita. De ella dizque debe proceder el “blindaje espiritual del país”, es decir, la bendita resignación ante la entrega del Estado y la sociedad al marxismo-leninismo, el mayor enemigo histórico del cristianismo. ¡Cómo era de bueno cuando el título de Santo Padre no carecía de sentido!

Publicado en Columnistas Nacionales

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