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Luis Alfonso García C.                                                          

Nunca antes habíamos asistido a un desmoronamiento en todos los aspectos de la vida nacional como el que ha propiciado este acuerdo del comunismo con el gobierno más corrupto y desvergonzado de nuestra historia.

Reventaron la Democracia en mil pedazos cuando desconocieron a decisión mayoritaria del pueblo que dijo NO a los acuerdos Santos-Timochenko. Ya la soberanía no reside en el pueblo, como lo ordena la Constitución, sino en una asociación para delinquir organizada por Santos y las Farc, bajo la orientación de Raúl Castro y Maduro.

Desapareció la Justicia de la faz de nuestro territorio, envilecida por las prebendas de este régimen corrupto hasta los tuétanos (¿o será tétanos, señor Juampa?). Autorizó la Corte Constitucional la convocatoria del plebiscito señalando como requisito sine qua non para la aprobación de los acuerdos de La Habana , la “refrendación popular” que le daría vida jurídica a lo acordado. Para burlar la voluntad popular, la “Corte de los Milagros” no tuvo inconveniente en autorizar al Congreso para que le diera la “refrendación popular” que no se había logrado en las urnas. En esa misma línea se conocen reiterados fallos de los tribunales y de los entes de investigación, absolviendo a los criminales que gozan del favor del régimen y persiguiendo a todo aquél que se encuentre en la mira de las Farc o de sus aliados del Gobierno

Para dar la estocada final a la Justicia, ahora se ha creado un pomposo tribunal denominado la JEP, cuyos miembros son designados por marxistas-leninistas reconocidos, nacionales y extranjeros, y cuya organización lo convierte en el más pérfido instrumento para suplantar a la justicia ordinaria en su afán por estigmatizar a todo el que se atreva a oponerse al socialismo del siglo XXI que se está apoderando del país.

Nuestra economía, maltrecha por los desbocados gastos que ha demandado la “mermelada” regada para comprar las conciencias de congresistas, magistrados, medios de comunicación, empresarios, etc., ahora se ve enfrentada a arbitrar nuevos recursos para atender a las desmesuradas obligaciones contraídas en favor de la guerrilla.

No puede ser más oscuro el panorama. Para no hablar de la inseguridad derivada de la conversión de Colombia en el primer productor de coca en el mundo ,gracias a la entrega del país a las FARC. No hay un solo aspecto de la vida nacional que no se encuentre , como decíamos antes, completamente desmoronado.

La tarea que se avecina no es fácil. Hay que detener ya este proceso, orientado exclusivamente a perpetuar en el poder a los responsables del desastre.. Antes de las elecciones de 2018, tenemos la obligación de intentar la derogatoria de todo lo aprobado para implementar los acuerdos, por la vía del referendo derogatorio. Tenemos que firmar y votar masivamente, si no queremos sufrir lo que ahora vive Venezuela.

Y, dejando de lado las etiquetas partidistas, los odios o los afectos de tipo personalista, todos a una conformemos un gran movimiento, sobre una base programática que nos una antes de dividirnos. Ese movimiento yo lo llamaría RECONSTRUCCIÓN NACIONAL, porque eso es lo que la Patria necesita: que la reconstruyan desde sus cimientos.

Yo invito a mis compatriotas a que cada uno coloque su granito de arena en esta magna obra. Hagamos lo que esté a nuestro alcance para que algún día, con la ayuda del Altísimo que todo lo puede, tengamos una Patria con un sistema democrático, con una Justicia impoluta, con una economía saneada, con un respeto a las ideas ajenas, con seguridad en las ciudades y en los campos y con un proceso de desarrollo económico basado en el respeto a la propiedad privada. Todo esto es lo que tenemos que reconstruir.

Publicado en Columnistas Nacionales

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