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Fernando Londoño Hoyos                                      

La verdad inconcusa fue expresada en los números oficiales que le dolieron a Santos y por los que protestó su áulico londinense, Osorio Londoño que hace ahora de embajador

El Gobierno de Santos sufrió un ataque alérgico muy curioso. Casi muere con la reacción que le produjeron los números que el Presidente Uribe mostró al mundo desde Atenas. Y como acostumbra el Presidente indigno, no enfrentó el tema sino que lo hizo a través de un personaje que la opinión pública debe conocer algún día. ¿De dónde apareció Néstor Osorio Londoño como experto en café, de dónde se mantuvo decenios como representante en Londres de la Federación y cómo y por dónde saltó a la Embajada de Colombia en Londres? No lo sabemos muchos. Pero está claro que ha sido uno de los mediocres más protegidos y exaltados en la burocracia internacional de Colombia.

Bástenos por ahora resaltar que fue por años el compañero de Juan Manuel Santos en la Federación de Cafeteros, sin que ninguno de los dos hubiera visto en su vida un palo de café.

Pues Osorio resolvió decir, con declaración orquestada desde Colombia, que Uribe era un apátrida por decir allá en Atenas lo que Santos no quiere que se diga en parte alguna. ¿Qué fue aquello tan grave que puso en evidencia este oscuro personaje? Pues la verdad inconcusa que se expresa en números oficiales, porque nada duele más que la verdad que no puede rebatirse.

En el Gobierno de Santos se han multiplicado por cinco los cultivos de coca y la consiguiente producción de cocaína. Por supuesto que con el séquito de horrores que viene de la  mano de esta cosecha maldita. Los números son del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

La inversión extranjera directa en minería y petróleo ha caído en los últimos tres años a la vertiginosa tasa del 35 % anual y el Gobierno hace lo posible por extirparla del todo. Parece que a nadie inquieta lo que pase cuando ese propósito se consiga. En cinco años nuestra ruina será total e irreversible. Números y números que revientan de la ira al personaje que habita la Casa de Nariño. Números oficiales, incontrovertibles.

La caída de la economía es monumental, dantesca. El primer trimestre de este año creció 1,1 % y vamos igual o peor en el segundo. Eso es pobreza, desempleo, miseria. Números del Dane. Tragedia de Colombia.

La formación bruta de capital cayó en barrena. En 2016 fue del -3.6 % y los índices peores se dan en construcción (-7,5 %) y en maquinaria y equipos (-3,9 %) en el mismo año. Un crecimiento débil es la garantía del subdesarrollo. La baja, una hecatombe. Los números son del Dane.

El endeudamiento público pasó del 43 % del PIB al 54 %. Esos once punticos hacen impagable la deuda pública. Y si de contera acabamos la minería y el petróleo, pasaremos a lo que llaman los bancos el default, que es como la lepra financiera. Santos quebró el país. Números del Banco de la República.

El 33 % de los empresarios que tenían proyectos de inversión los han postergado o abandonado del todo. Numerito de la Encuesta de Opinión Conjunta. Sin Inversión caemos al abismo de la improductividad y la miseria.

Somos la cuarta economía del mundo, pero en el triste índice de la mayor tributación. No somos los cuartos en nada bueno. Solo en esta desventura. Cifras oficiales.

El avalúo catastral ha sido el vehículo privilegiado para acabar la clase media en Colombia. Mientras el avalúo creció el 496 %, el Índice de Precios al Consumidor solo aumentó el 86,8 %. Es una expropiación universal inadvertida y tramposa. El asalto final vendrá con la aplicación de lo pactado en La Habana. El comunismo no está tocando la puerta. La tumbó y se metió a la casa, sin permiso ni anuncio.

Esos fueron los números que dolieron a Santos y por los que protestó su áulico londinense, aquel Osorio Londoño que hace ahora de Embajador y durante más de treinta años bebió de la ubre de la Federación de Cafeteros.

Jamás podrá ser un apátrida el que dice la verdad que se le niega por sistema al mundo.

Jamás podrá ser un apátrida el que dice la verdad que se le niega por sistema al mundo. El boato del Premio Nobel esconde estas miserias y otras muchas. Tal vez por falta de espacio no expuso Uribe los números que revelan la caída dramática de las exportaciones colombianas. Santos nos llevó de regreso al pasado. Hacemos el mercado con las exportaciones de café, petróleo, carbón y oro. Como en los tiempos del Presidente Carlos Lleras, hace cincuenta años. Bienvenidos al pasado.

La omisión trae consigo otra, a la par dramática. La que se refiere al déficit en cuenta corriente. Este será uno de los factores por los que perderemos el grado de inversión. Lo que no ocurrirá por culpa de Uribe, ni de lo que dijo en Atenas. Los números son los números, aunque le aterren a Santos e indignen a su compañero de ayer y sirviente de hoy, el Embajador Osorio Londoño.

Publicado en Columnistas Nacionales

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