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José Alvear Sanín                                    

Una de las primeras grandes conquistas democráticas fue la llamada libertad de prensa, que en nuestro siglo xix dio lugar a enconadas polémicas para definir su responsabilidad. La difusión de noticias falsas, chismes, bulos, infundios, insultos, no puede ampararse en la libertad de los medios; pero por otro lado, el gobierno no puede orientarlos, dirigirlos, coartarlos y censurarlos con el fin de mantenerse abusivamente en el poder u ocultar sus equivocaciones, desfalcos, chanchullos o desmanes.

He ahí un problema tan difícil de resolver como el de la propiedad de los medios, en cuanto dice a la capacidad de grupos privilegiados para evitar la discusión de reformas sociales contrarias a sus intereses.

En medio de tantas dificultades, poco a poco se avanzó hasta un cierto equilibrio que hizo posible la consolidación de órganos razonablemente veraces y objetivos, sin cuya existencia es imposible transitar por la senda siempre insegura de la democracia. Hasta allí habían llegado los medios colombianos, tanto los liberales como los conservadores, dejando atrás el sectarismo, mientras los ciudadanos relegaban las publicaciones proselitistas, fanáticas y tendenciosas a una existencia marginal…

La democracia es pluralista y tolerante, mientas los regímenes totalitarios monopolizan toda la información. Sin embargo, hay gobiernos totalitarios que toleran algunos medios independientes pero de muy escasa difusión, para poder afirmar que en sus países hay libertad de información.

Para conservar algo de fachada democrática, en vez de nacionalizar los medios, en Venezuela, por ejemplo, hay compañías aparentemente privadas en radio, prensa y tv que no son otra cosa que apéndices del gobierno, que las sostiene con abundante y atronadora pauta.

Antes de la invención de la mermelada santista, Fajardo y Salazar, para adquirir figuración nacional el primero, y ambos para ocultar desastrosas administraciones locales y pésimos negocios en EPM, actuaron como precursores de esa dulce pócima, fletando medios con algo así como 300.000 millones de pesos, pero fue bajo este gobierno de Santos cuando casi todos los órganos pasaron a desinformar al país de manera concertada. La suma total de la mermelada mediática se cifra en billones de pesos. Solo Findeter, que es algo así como un banco oficial de segundo piso, en 2012 realizó $ 836.000 millones en gastos publicitarios para lograr los fines oficiales y políticos que sabemos.

Desde luego, estas cifras escandalosas explican por qué los medios masivos colombianos actúan como fachada democrática de un régimen de transición hacia el narcocastrismo, y por qué en ellos, en proporción de 20 a 1, dominan los comunicadores y plumígrafos mamertos. El Espectador, para no ir más adelante, es ahora equivalente a Voz Proletaria con página deportiva. ¡Y faltan las emisoras y canales que el gobierno entregará a las Farc!

Mientras el ocultamiento sobre el rápido e imparable avance de la transición hacia la república de Timochenko es impresionante, las pocas veces que los medios embadurnados se ocupan de la real situación económica y política es para denigrar e insultar las voces discordantes. El impecable y objetivo análisis sobre el lamentable estado de la economía y el orden público, sustentado en cifras oficiales, que presentó el doctor Uribe Vélez en Atenas, lo único que ha merecido es un alud de ofensas, tergiversaciones e insultos orquestados en todos los medios.

Los órganos democráticos se limitan a La Hora de la Verdad, de grande y merecida sintonía, el periódico digital Debate y La Linterna Azul, cuyos colaboradores corren grandes riesgos hasta en su libertad personal, porque el Decreto 895 del pasado 29 de mayo penaliza la libertad de opinión y prescribe la verdad oficial y fariana. ¡2017 puede convertirse en el “1984” colombiano…!

                                                                                              ***

La realidad informática sobre el comunismo la fijó el chiste polaco de la época: “Hay tres clases de noticias: 1. Verídicas, los resultados deportivos. 2. Probables: el pronóstico del tiempo, y 3. Falsas, todas las demás”.

                                                                                              ***

Cuando Eduardo Mackenzie, acompañado por 17 columnistas demócratas, hace un descarnado llamado de atención sobre el aterrador avance del narcocastrismo y en relación con los riesgos que se corren si la oposición  no comprende a cabalidad el juego de sus enemigos, no se trata de inoportuno o imprudente fuego amigo. Por el contrario, es una reflexión valerosa que merece la mayor atención, tanto del Dr. Uribe Vélez como de Andrés Pastrana, Alejandro Ordóñez, Martha Lucía Ramírez y de los cuadros directivos de todos los movimientos que luchan por la preservación del estado de derecho y la democracia.

                                                                                              ***

Jeremy Corbin, un inglés con rasgos de Lula, Petro y Pablo Iglesias, recuerda también la hipocresía andrajosa de Mujica.  En un país confuso y al borde del aislamiento, el futuro de este demagogo es brillante. Único resultado positivo, el apreciable retroceso del partido secesionista escocés.

                                                                                              ***

El tal mecanismo de monitoreo (¡donde no podía faltar un argentino!) nos informa que van “mas” de 86 menores devueltos por las Farc. Más de 86 pueden ser 87 o 1000, pero cualquier número da igual, porque los menores no regresan a sus familias. Pasan a un dizque “camino alternativo”, para seguir bajo la férula del Secretariado, con la aprobación del gobierno.

Publicado en Columnistas Nacionales

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