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Carlos Salas Silva                                            

En vísperas de la visita de Juan Manuel Santos a Donald Trump vale la pena recordar estas palabras extraídas de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos: “La experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad”.

Que estemos dispuestos a padecer males tolerables, por nuestra inclinación a la inercia o por la fuerza de la costumbre, es algo que conocemos muy bien y lo hemos experimentado en nuestras vidas como nos ha ocurrido en los años de gobierno del inepto Santos. Pero cuando se traspasa cierto límite y quien gobierna pretende convertirse en dictador, esa tolerancia desaparece y tenemos no sólo el derecho sino el deber de derrocarlo. Es lo que nuestros hermanos venezolanos han entendido por fin y que nosotros no hemos querido asumir todavía.

La Declaración de Independencia redactada por Jefferson el 2 de julio de 1776 que ha inspirado la de muchos países comenzando por Venezuela y Colombia en 1811, es el lazo fundamental que une a los pueblos libres y el primero que se corta cuando se les quiere imponer las cadenas del despotismo. De ahí debería partir el diálogo entre Trump y Santos definiéndose cada uno de ellos como verdaderos defensores de ese documento fundamental, sin lo cual esa conversación será pura habladuría.

Difícilmente el ilegitimo presidente colombiano logrará convencer que es un verdadero demócrata. Hacer teatro en la OEA y hasta en la ONU, plagadas de burócratas aduladores, es posible, pero en la Casa Blanca las cosas son diferentes. Trump podría hacerse el de la vista gorda ante los avances de Santos hacía el despotismo absoluto inspirado en Castro y Chávez, y relegarnos a la condición de una Banana Republic, si no fuera porque lo que ocurra en Colombia con la llegada al poder del comunismo narcoterrorista significará un grave riesgo para la seguridad de Estados Unidos.

Hay quienes afirman que vamos un paso adelante de Venezuela en la caída en el abismo, lo que para algunos es absurdo al contrastar el grave deterioro del país vecino con la aún soportable situación nuestra, olvidando que, mediante la implementación de un acuerdo ilegitimo firmado por un gobierno a su vez ilegitimo con un grupo criminal narcoterrorista, estamos siendo encadenados a un sistema antidemocrático de las peores condiciones.

Lo que ocurre en Colombia y Venezuela ha llegado a extremos que si no fuera por las evidencias que se tienen del inmenso daño y el sufrimiento causado, sería imposible de creer ante lo absurdo de la situación. Mientras que a los venezolanos los golpean, torturan y asesinan los esbirros del régimen a nosotros nos humillan y degradan desde el poder imponiéndonos leyes y decretos que nacen de un maldito acuerdo que rechazamos en un plebiscito que nos fue robado.

Mientras Santos siga pisoteando la Constitución sus intentos por congraciarse con Trump son del todo inútiles. Las posiciones han cambiado y no se puede ser tan torpe de seguir viendo a quien es hoy el presidente de la nación más poderosa del mundo como el simple propietario de Miss Universo ¿o si? Ya veremos.

Publicado en Columnistas Nacionales

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