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Rafael Uribe Uribe                                     

No me tocará, pero si a mis hijos y nietos llegar a lo que hoy vemos en el espejo que no hemos querido mirar, Venezuela. Algunos de ellos, ignorantes de lo que al país espera, se dejaron convencer de la “pedagogía por la paz” divulgada en la universidad, pero recordarán con dolor esta Crónica cuando deban salir a la calle, exponiendo sus vidas, en busca del regreso a la democracia que contribuyeron a entregar dándole el sí al presidente más corrupto y mitómano de la historia de Colombia.

Me apena por ellos; me apena la mirada perdida de nuestra clase dirigente pensando que “aquí no pasa nada” como tantas veces lo hemos martillado en este foro; me apena ver generales de nuestro glorioso ejército nacional genuflexos y pasando de agache sobre los héroes que brindaron su vida por defender la nuestra,  comprados por la Prima de Fidelidad que no pasa de ser una infamia más de la mermelada esparcida por Santos sobre la inmunda tostada de la entrega de la patria.

Me duele la actitud del partido que mi abuelo sacó del ostracismo y perseguido, a costa de grandes sacrificios para él, su familia, y por el cual entregó una vida gloriosa que aún se recuerda y admira después de cien años de su martirio, vendiéndose a los intereses oscuros del marxismo leninismo.

Me duele también que un grupo de siete mil malhechores, supuestamente establecidos en las zonas de recreo que se convertirán en los “pueblitos de paz”, fiel copia de un San José de Apartadó, magnificado, asesorados por rábulas extranjeros y alcahueteados por un gobierno entreguista y mentiroso, hayan logrado dominar el parecer de casi cincuenta millones de compatriotas para castrar un Congreso otrora soberano; sustituir a su amaño la justicia arrinconando en el cuarto de San Alejo a nuestras Cortes; determinar que puede o no legislarse; alcanzar la asignación de diez billones de pesos anuales para “sus proyectos”; conseguir gratis diez millones de hectáreas para una reforma agraria desastrosa y que, los planes de desarrollo del país, solo puedan adelantarse bajo sus proyecciones.

Me aterra que la ONU se haya tragado el cuento de la dejación de las armas recibiendo solo siete mil, cuando el agraciado don Timo sale a afirmar que faltan 900 caletas como la recientemente incautada. Si así fuere, quedarían en el aire más de 50.000 armas fuera de explosivos y otros elementos de destrucción.

Me preocupa la denuncia del gobernador del Amazonas venezolano y de Corina Machado sobre la permanencia en su territorio de 4.000 miembros activos de las Farc con posesión de armamento pesado, incluyendo posiblemente misiles rusos. Quedan pendientes, desplazándose como Pedro por su casa, los milicianos estimados en más de 7.000.

Me sorprenden las 188.000 hectáreas de coca reportadas por los Estados Unidos, las cuales solo podrán ser erradicadas voluntariamente con el consentimiento de las comunidades que las mismas Farc manejan.

 En nuestro país, al parecer ya sin capacidad de asombro, pasamos de agache ante una reforma electoral donde para la oposición, que son solo ellos, se eliminan los umbrales, regalan “curules de paz”, emisoras, Tv, prensa y copiosos recursos económicos y facilidades que ningún otro partido tiene.

El Rincón de Dios

“Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia. Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra.” Os 6, 1-6 – Amén

Publicado en Columnistas Nacionales

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