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Paloma Valencia Laserna                                      

La cifra es aterradora: 48 niños son violentados sexualmente a diario en Colombia. Los casos de Yuliana y ahora de Sarita (en Armero Guayabal) son símbolos atroces de una realidad que tenemos que reconocer y afrontar.

Las cifras  del 2016 reflejan que son las niñas con edades entre los 10 y los 14 años quienes presentan mayor riesgo de ser víctimas de algún tipo de delito sexual, con 7.648 casos el año pasado, lo que equivale al 40,52 % del total de los casos. Sin embargo, 495 menores de 5 años en han sido víctimas de violencia sexual en este año. Además, cada día tres menores de edad son abandonados y dos niños asesinados.

Se trata de seres humanos vulnerables y frágiles. ¿Qué está pasando en la familia colombiana?

De acuerdo al documento Forensis 2015 en Colombia se registraron 26.985 casos de violencia intrafamiliar, de los cuales 10.435 corresponden a violencia contra niños, niñas y adolescentes, 1.651 a violencia contra la población adulta mayor, y 14.899 a violencia entre otros familiares. El 86,30% de los hechos sucedieron en una vivienda, dentro del marco de las actividades relacionadas con el cuidado personal de los menores, siendo los lugares de mayor ocurrencia: Bogotá, con 3.238 casos, Antioquia 1.083 y Cundinamarca 1.003.

El Fiscal General sostuvo que entre enero y octubre de 2015 las denuncias penales por violencia intrafamiliar sumaron 99.805 en todo el país, lo que se traduce en un incremento del 20.41%, el mayor entre todos los delitos.

No se puede hablar las soluciones a la corrupción y violencia que aquejan al país, sin abordar la realidad pasmosa que viven los niños y las mujeres en sus propias familias y  nuestra sociedad. Hay una crisis sin precedentes en la familia colombiana, no hay respeto no hay afecto.

El populismo punitivo no es la solución. No se trata de seguir sacando normas que no se cumplen. La eficacia simbólica del derecho, la idea de que enunciar sanciones más graves cambia el comportamiento de las personas, tiene límites, que en mi opinión, ya están agotados. Cambiar la manera como los colombianos se están relacionando con sus familias es un tema de educación.

Los valores en la familia deben ser afirmados. El amor no debe ser solo una palabra su significado se debe traducir en el respeto por cada uno de los integrantes de la familia. Donde todos tienen un estadio de igualdad, donde ningún ostenta posiciones que le permitan abusar de otro. Hay que superar la idea de que los niños y las mujeres le pertenecen a los padres o esposos, o que la educación permite los excesos violentos, o que los celos justifican el maltrato.

Debemos avanzar en el diseño de políticas públicas que intervengan en la familia y trasformen. El ICBF debe ser una entidad de apoyo a las familias, a las madres cabeza de familia, mas que una entidad que llega solo cuando el daño está causado y se requiere una intervención sancionatoria.

Ojalá las tristes muertes de estas niñas sirvan como una alarma que nos despierte. Ni una más. Debe haber cambios en la sociedad ya, solo la educación será capaz de transformarnos.

Publicado en Columnistas Nacionales

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