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Libardo Botero C.                                    

Un olor pestilente emana de la mesa de negociaciones con el Eln. Mientras los terroristas arrecian sus acciones violentas, desde atentados contra oleoductos hasta secuestros, sin dejar de asesinar uniformados de la fuerza pública, el gobierno prosigue sus pláticas en Ecuador, dejando inocuas constancias, que más que expresar su indignación y repudio son apenas muestras de su degradación y pusilanimidad.

Desde fines de marzo del año pasado, cuando en Caracas se promocionó el acuerdo entre el gobierno y esa agrupación, para desarrollar lo que llamaron la “fase pública” de negociaciones, quedó claro que la guerrilla tenía la sartén por el mango y el gobierno mentía. Para ambientar el inicio del proceso sin que el Eln renunciara al secuestro, ni a la extorsión, ni a los atentados contra la infraestructura, ni a ninguna de sus prácticas criminales, urdieron las “partes” la trama de la devolución de un secuestrado, Ramón José Cabrales. El ministro del interior, Juan Fernando Cristo alabó el “gesto humanitario” de los plagiarios, auspicioso de los diálogos, cuando al otro día el señor Cabrales reveló que lo habían liberado solo porque su familia había cancelado la gruesa suma de dinero exigida por sus raptores. Periodistas connotados, publicaron por entonces la lista de los secuestrados que el Eln mantenía en su poder.

Mayúsculo fue el sainete. El presidente Santos en televisión, les prometió a los colombianos, la misma noche del evento de Caracas, que la fase de negociaciones solo se iniciaría en Ecuador “tan pronto queden resueltos unos temas humanitarios, incluido el secuestro. Para el Gobierno NO es aceptable avanzar en una conversación de paz con el ELN mientras mantenga personas secuestradas”. Monstruosa mentira. Al otro día, todavía en Caracas, los cabecillas elenos en rueda de prensa, declararon que lo pactado era que esos puntos hacían parte de la agenda convenida y se discutirían en la mesa misma, no un compromiso previo.

Para instalar la mesa de negociaciones en Quito, a principios de enero de este año, se arregló una comedia similar, con la liberación del ex congresista Odín Sánchez. La realidad la conoció el país por boca de la misma familia: tuvieron que pagar una suma de miles de millones pesos para rescatarlo. ¿Podría concebirse mayor cinismo de parte del gobierno, cuando, en esas condiciones, invitaba -como lo hizo Juan Camilo Restrepo, jefe de la delegación gubernamental, el día de apertura de la mesa-, “al ELN a darle hoy la mejor noticia a los colombianos con su renuncia pública al secuestro", a sabiendas de que no iban a hacerlo, porque así estaba pactado? Lo que estaba santificando con la instalación de la mesa era la autorización monda y lironda a los bandidos de proseguir con su accionar criminal. Revestido todo de una falaz retórica, aquella de “negociar en medio del conflicto”, malhadada tesis cuya autoría cada uno adjudica al contrario, pero ambos aceptan sin atenuantes.

Hace poco más de dos semanas concluyó el primer “ciclo” de negociaciones, luego de tres meses de pláticas estériles, táctica en la que son duchos los elenos. Los “avances” divulgados son meras baboserías. En cambio, durante todo este tiempo el Eln no ha hecho más que recrudecer sus atrocidades, sobre todo los secuestros, en un rosario interminable y desafiante, para doblegar más la voluntad claudicante del gobierno. La sociedad está exasperada, hasta la coronilla, con la avilantez de la pandilla criminal.

Entonces, de nuevo, en un susurro inaudible, con cara de ruego, el ex ministro Juan Camilo Restrepo a través de Twitter, se quejó por los desafueros de la banda terrorista, pero sin suspender las negociaciones ni condicionarlas, claro está. Las actividades “asociadas” al secuestro, asegura Restrepo, son “indefensables”, prohibidas por el DIH que los elenos “dicen respetar”, vía por la cual “se alienan más de opinión publica” (!!) (sic). Cuando uno esperaba que, por tanto, exigiría la renuncia a semejante atrocidad para seguir dialogando, el ex ministro les lanza este salvavidas de antología: “La congruencia o incongruencia entre lo que dice el ELN y lo que hace, se medirá en adelante en si renuncia o no al secuestro.” “En adelante”, quién sabe cuándo, cuando ellos digan…

Envalentonados ante tanta flojera y cobardía oficial, los cabecillas del Eln, por enésima vez, han tenido la desfachatez de defender sin pudor el secuestro y la extorsión, de manera descarnada y provocadora. En una serie interminable de trinos en Twitter, descargaron la semana pasada toda la hiel de su doctrina feroz. Amparados en el “sagrado derecho a la rebelión” (que ya el acuerdo con las Farc consagró y ha sido elevado a norma supraconstitucional), alegan que pueden apelar a los medios que sea para sacar triunfante su proyecto. Con altanería proclaman que no reconocen ni respetan nuestras leyes, pues ellos tienen las suyas, que los autorizan a semejantes tropelías. “Ejerciendo el derecho a la rebeldía, el ELN desconoce la legislación colombiana; así mismo el ELN tiene su propia legislación.” No andan descaminados, presumiendo que en un futuro cercano lograrán, como las Farc, elevarlas a disposiciones superiores, fuente suprema de interpretación de nuestra misma degradada Carta Política.

En cuanto a la extorsión y el secuestro, su óptica es aterradora pero simple: “Como rebeldes los Elenos y las Elenas nos sentimos con el derecho de financiar nuestras actividades revolucionarias”, como sea. Por tal razón, revistiendo su crimen de una aureola de reivindicación social, se reafirman: “El ELN seguirá financiando sus actividades en parte, con la tributación de quienes han amasado sus capitales, explotando al pueblo.” “El ELN seguirá exigiendo tributación a quien recurra a prácticas ilegales como corrupción (estafa, robo al erario público), narcotráfico, etc.”. O a quien no recurra a esas prácticas, igual da, pensamos nosotros, mirando sus víctimas. Para concluir con esta confesión, tan comprometedora para el gobierno: “El tema de las retenciones y otros asuntos que son modalidades o prácticas de las partes, es el quinto punto de la agenda bilateral acordada”, no una condición previa para los diálogos, y punto. No jodan más.

Brutal. Ni las consideradas palabras de Juan Camilo Restrepo, ni algunas forzadas críticas de juristas tan próximos al pensamiento de los “rebeldes”, como Rodrigo Uprimmy que ve como “esperanzadoras” ciertas actitudes de los terroristas, pero les señala que no solo el secuestro está prohibido en el DIH bajo la figura de “toma de rehenes”, sino que en la legislación internacional y el Tratado de Roma se contempla como crimen de guerra, lograrán echar atrás lo que ya está pactado: ¡que pueden seguir plagiando y extorsionando, mientras dialogan “en medio del conflicto”, dizque buscando “dinámicas y acciones humanitarias” que nos libren del secuestro y la extorsión! Con la seguridad de que todo será perdonado, indultado y amnistiado al final, cual ha ocurrido con las Farc.

Víctima de sus inconsecuencias, dobleces y vanidades, el gobierno está atrapado y sin salida en esa pocilga apestosa. El acuerdo con las Farc lo han tomado sus compinches del Eln no como el tope de concesiones de Santos, sino la base para nuevas entregas. Una banda menor, pero más astuta y delirante, aspira a mayores y más graves concesiones. Juegan con los aprietos de su contraparte. El Nobel de Paz obra a su favor, pues impele a Santos a franquearles el paso, cualesquiera sean las exigencias, para no aparecer torpedeando la “paz”. El corto tiempo que le queda en ejercicio al primer mandatario es otra desventaja que los elenos no desaprovechan para exprimirlo. Un fracaso de los diálogos con el Eln, por otra parte, impactaría negativamente la opinión pública y las posibilidades de los paniaguados del gobierno en los comicios de 2018, pensarán ellos (aunque, como sucedió con las Farc, la firma de un esperpento no engatusa fácilmente a la gente, colegimos nosotros).

Así las cosas, el final de esta tramoya no está del todo claro. Aunque lo previsible sea que, dada la docilidad y blandura del gobierno las negociaciones prosigan y los terroristas coronen sus ambiciones más exaltadas, conociendo la naturaleza desorbitada y delirante de esta pandilla, con pretensiones tan descomunales como desbordadas, no es descartable que el día de mañana todo vuele hecho trizas. Por ahora, para desgracia de los colombianos, la escena de la entrega, en medio del accionar criminal de la banda, prosigue sin novedad. Sea cual sea el desenlace, para lo que tenemos que prepararnos los colombianos, sin la menor duda, es para dar al traste el próximo año con el régimen que propicia tan despreciable componenda.

Publicado en Columnistas Nacionales

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