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Ariel Peña                                   

“Detesto el comunismo porque es la negación de la libertad y no concibo nada humano sin libertad”.

La  frase no es de un antiguo miembro de la CIA o de un fascista o nazista, tampoco de un  militante de algún partido denominado de ultraderecha, sino que es ni  más ni menos que de Mijaíl Bakunin; conocido como el padre del anarquismo o de los ideales libertarios, cuyos seguidores le propinaron a Karl Marx una gran derrota conceptual en la primera internacional de los trabajadores en el  siglo XIX, por tener tesis totalitarias, estatistas e idiotizadoras, al querer mediante el Estado  llevar a los obreros a una esclavitud política interminable.

El anterior comentario lo hacemos a raíz de las 61 tesis de abril que defenderá el partido de las Farc, que próximamente se creará, cuyo fundamento es el marxismo leninismo, supuestamente con el pensamiento bolivariano. Lo cual constituye a primera vista una insolencia, porque el marxismo leninismo no se puede revolver con los postulados de Bolívar. El Libertador fue escarnecido y vilipendiado por el señor Marx en una biografía que publicó en 1858, en donde trató a Bolívar de canalla, cobarde y traidor, y también lo acusó de haber entregado a Francisco Miranda, precursor de la independencia venezolana, a los españoles. Esa  mezcolanza es el colmo de la desfachatez, y sería igual a montar una creencia en donde se juntara al cristianismo con el fariseísmo, sabiendo que los fariseos fueron los principales perseguidores de Jesucristo cuando estuvo en la tierra.

El partido que quiere crear la narcoguerrilla de las Farc jamás podría ser representante de los trabajadores, porque históricamente el marxismo, a través de casi 170 años de existencia,  ha sido predador del movimiento de los trabajadores, y ha utilizado a los sindicatos como correa de trasmisión para que las elites comunistas se tomen la burocracia estatal y que la nomenclatura pueda parasitar por toda la eternidad, usando la violencia y la mentira como fórmulas.

El hegemonismo, que es una combinación entre marxismo y maquiavelismo, fue propuesto por Antonio Gramsci (comunista italiano muerto en 1937), y  de acuerdo con esa  tesis, para las Farc sigue siendo su prioridad continuar con el panegírico de que se tiene que estar con el socialismo o con el capitalismo; semejante dicotomía o reduccionismo es un despropósito, pues la historia ha sido rica en ejemplos y por eso hay que preguntar ¿cuál capitalismo? o ¿cuál socialismo?

Han existo muchas formas de socialismo. Hasta Hitler decía ser socialista y defender a los pobres y oprimidos, por eso fue dirigente del partido obrero nacional socialista (Nazi); Mussolini también hizo parte del  partido socialista italiano, además fue un  marxista recalcitrante que promovió la expulsión de los social demócratas, por blandos, a principio del siglo XX, creando posteriormente el fascismo, porque el Duce quería ser  mucho  más revolucionario y socialista; también fue amiguísimo de Lenin, el cual se derramaba en elogios con Mussolini, llegándolo a considerar como el máximo revolucionario de la península itálica, en una visita que  hicieron los dirigentes del partido comunista italiano a Moscú en 1922. Así las cosas, el término socialistas tiene muchas acepciones, pero  es utilizado por los comunistas totalitarios para engatusar  ingenuos.

De la misma manera al llamado capitalismo, no se le puede dar una aplicación especifica, ya que existe variadas formas como: el capitalismo salvaje que es aplicado por el partido comunista chino con toda rigurosidad en contra de los trabajadores en ese país asiático; además hay capitalismo de Estado, industrial y comercial, financiero y hasta autogestionario. Entonces la dicotomía entre capitalismo y socialismo es un truco marxista para que la persona más  ignorantes y atrasada asuman una posición.

Causa hilaridad que cabecillas de las Farc, hablen acerca de que el marxismo leninismo busca la felicidad de los seres humanos. Eso es igual a decir que en la ley de la selva, el tigre busque la felicidad de su víctima, que puede  ser  un venado; pues  el comunismo totalitario, como lo señalaron los dirigentes de la primera internacional que despedazaron ideológicamente a Marx, pretende mediante la dictadura llevar a las naciones al envilecimiento y la ruina, para lograr perpetuar el poder político, creando nuevas castas y monarquías sanguinarias quienes nunca van a entregar el gobierno quedando la voluntad popular proscrita, porque al comunismo poco le interesa ser una ridícula minoría, ya que a base de la fuerza bruta y el engaño busca  someter a las mayorías.

La lucha ideológica que no se le ha dado con intensidad al marxismo leninismo, hoy por hoy se pone en el primer plano, porque es triste que después de la caída del muro de Berlín y de la debacle de la Unión Soviética, las fuerzas democráticas no aprovecharon la coyuntura para enviar definitivamente a la basura de la historia al esperpento comunista totalitario.

En cambio, de una manera tonta el señor Francis Fukuyama, tomó esos acontecimientos como el “fin de las ideologías”, ignorando que indudablemente las grandes religiones de la humanidad se fundamentan en ideología, como ocurre con el Hinduismo que tiene más de 3000 años, el Budismo con 2500, Cristianismo Católico 2000, y el Islam 1400. Por lo cual hay mucho para hacer en la batalla de ideas en contra del marxismo, que es enemigo de la humanidad, ya que en sus principios considera que no importa que su teoría sea criminal, pues lo que interesa es que se lleve a la práctica,  con lo cual queda  convertido en una doctrina inescrupulosa y terrorífica.

El sátrapa de Lenin, quien consideraba a la verdad como un prejuicio burgués, y que además decía que a base de mentiras se pueden construir verdades, fue el mayor genocida de personas libertarias a comienzos de la revolución rusa, al asesinar a  millones de ucranianos seguidores de Nestor Majnó, un anarquista que al igual que sus hermanos de la primera internacional repudiaba las entelequias del comunismo totalitario o marxismo. Entonces el marxismo leninismo, cuyos sofismas son indefendibles, tiene que seguir siendo derrotado por las fuerzas amantes de la libertad.

Y por eso, a las 61 tesis farianas con las que buscan construir el partido, y que están apegadas al anacronismo y la irracionalidad marxista, mediante el debate ideológico hay que desnudarlas, porque son otra forma de engaño de quienes no son capaces de abjurar del totalitarismo comunista, ya que saben que ese método perverso y criminal le ha servido a camarillas y regímenes abyecto para someter algunos pueblos.

Basándonos en la última consideración, para Latinoamérica en los diferentes países, hay que pensar en crear bloques de repudio al marxismo leninismo que tanto daño le ha hecho a la humanidad, y que de una manera astuta asaltó la inteligencia de nuestra gente al crear el foro de Sao Paulo en 1990 y el socialismo del siglo XXI, amén de otros disfraces con los que busca engañar y expoliar a nuestros pueblos. De ahí que la democracia liberal, la social democracia, los libertarios y otras fuerzas democráticas, deben unirse para defenestrar el peligro marxista leninista en la región.

Publicado en Columnistas Nacionales

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