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Francisco José Tamayo Collins                                     

Celebrando el momento más importante de la historia de la Humanidad, que es la Resurrección de Jesucristo, quisiera proponer una ucronía para nuestro país; vale decir, abrir la puerta a la construcción de la patria que deseamos para nuestros hijos, si se votara masivamente la prohibición de partidos políticos que atentan contra la Libertad. En estricto sentido, sería un escenario donde no cabría ninguna posibilidad para el marxismo-leninismo ni sus vástagos ideológicos. Así de sencillo.

Dado que en la República de Colombia no tendría lugar ninguna manifestación que abrazara la combinación de las diferentes formas de lucha, nuestra realidad ofrecería posibilidades de crecimiento socio-económico nunca antes vistas, en paz y con resultados palpables en todas las ciudades y regiones de la geografía nacional.

La primera gran meta a conquistar en esa Colombia añorada y posible es precisa: posicionarnos como el primer país exportador de comida orgánica, categoría premium, a nivel mundial.  Este gigantesco propósito demandaría la consolidación de microempresas, especializadas en la producción de alimentos específicos, bajo una premisa simple: potencializar nuestra capacidad productiva de suelos, atendiendo las características climáticas de cada departamento.

Industrializar el campo es sinónimo de desintoxicar las ciudades en el ámbito demográfico. Por supuesto que esto solo es factible, si se ofrecen oportunidades decentes de salud, educación y empleo para las personas que quieran regresar a sus lugares de origen, y ser parte de la resurrección de la tierra que los vio nacer, apoyados en una tecnología que estimule la creación de trabajo, especialmente para los jóvenes que hoy deambulan por las calles sin mayores aspiraciones en sus vidas.

Factor fundamental para llevar a cabo esta tarea, es la toma de conciencia sobre la conservación de las fuentes hídricas y la erradicación de cultivos ilícitos, dentro de un programa integral de recuperación de fauna y flora, que permita además, adecuar una gran cantidad de hectáreas, para adelantar la construcción de infraestructura en beneficio del agro: necesitamos centros de acopio, puertos competitivos y mercados de calidad internacional, que soporten la labor de los empresarios del campo.

Esto obligaría a contar con una presencia real del Estado en la periferia, impulsar la aparición de una nueva dirigencia, más enterada de las tendencias y necesidades de los países ricos, los cuales, con seguridad, pagarían con gusto una alimentación más sana para sus pueblos.

Ya es tiempo que nuestra mezquina clase dirigente actúe con visión de futuro y abandone los egoísmos estúpidos que la caracteriza. Seamos honestos: si se hacen las cosas al derecho, hay dinero para todos.

En esa Colombia que proponemos, los sindicatos trabajarían en función de resultados, bajo sólidos parámetros de productividad, lo que permitiría concertar un justo incremento de salarios, mejorando de esta manera el nivel de vida de la sociedad en su conjunto.

Nada de marchas improductivas ni terrorismo inicuo. Trabajar para ganar lo justo. En este aspecto en particular, debemos eliminar la visión de escasez, para dar paso a una de abundancia que impulse el día a día de todos.

La segunda gran meta sería la formalización laboral y tributaria del 100% de la población colombiana. Para alcanzar este logro, es imperativo ganar la guerra contra la tramitomanía, que es excusa perfecta para que se desarrolle la corrupción; y decretar la muerte civil para las empresas y particulares que negocien con el Estado, evadiendo la Ley o pagando miserables coimas. Los criminales de cuello blanco deben ser perseguidos sin contemplaciones.

La bancarización, que sea obligatoria, dentro de un marco más abierto, con reglas de juego claras: erradicar las tasas de usura y terminar el actual monopolio, dando la entrada a más jugadores en el mercado financiero, pues debemos impulsar una competencia global en este sector, en beneficio de todos los ciudadanos. Eso es capitalismo en serio.

Con todo respeto: Enorme expectativa genera la visita de Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana Arango al presidente Donald J. Trump, quien los recibió en privado, en una de sus propiedades ubicadas en Florida. Que se agarren de donde puedan los defensores de la justicia especial para la Paz, y no se hagan los gringos…

“Estamos hechos de la esencia con que se trenzan los sueños”. (Shakespeare).

Los Irreverentes, 19 de abril de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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