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Hernán González Rodríguez                                   

Algunos colombianos estamos observando con un optimismo ingenuo la concentración de unos “supuestos guerrilleros” en sus repúblicas independientes. Pero soslayamos que están bien armados y movilizados “como nunca antes”, con el fin de oponerse a la erradicación de las plantaciones de coca, con la participación de sus socios  los cultivadores, como sucede hoy en Tumaco, ¿video de la Colombia del posconflicto?

Mientras esto sucedía, con la colaboración de un extremista extranjero y algunos congresistas retorcidos, nos habilitaban en forma dictatorial el Ejecutivo y nos nombraban un seudotribunal de justicia que nos dejó sin Corte Constitucional, sin Fiscal, sin Procurador y sin Justicia Ordinaria.

Pero a la par con lo anterior marchaba en Colombia algo aún más azaroso, a saber: la sustitución de la Constitución del 91 por los Acuerdos de La Habana, con el fin de implementar o desarrollar unos textos que fueron rechazados por el voto popular. Voto ignorado, porque el fin de la paz les justificó hasta desmantelar las instituciones. 

El desmonte aludido acaba de confirmarlo nuestro inefable Congreso de la República, por medio de la Reforma Constitucional que estableció que hasta el año 2030: “en caso de que los contenidos del pacto de La Habana contradigan o difieran con lo establecido en la Constitución de 1991, lo establecido en el texto de La Habana será lo que prime sobre la Constitución”.  ¡Increíble, apreciados lectores!

La paz sin instituciones funcionales, sin equilibrio de poderes, no pasa de ser una ilusión tropical. Nos han colocado en la misma senda de Venezuela entre las irresponsabilidades, tanto del Gobierno del presidente Santos como de sus mayorías en el Congreso.  Eso de que firmar la paz con las Farc justifica pagar cualquier precio, nos marcó el fin de la democracia liberal y participativa de Colombia.

Evidente considero la imposibilidad para financiar los textos de La Habana, en un país en el cual el narcoterrorismo nos revaluó el peso colombiano durante 10 años y nos debilitó en forma exagerada la industria y la agricultura. Sin “repunte” previo de la economía, el país se descuadernará aún más por cumplirle a las Farc.  

Complejo negar que caímos a niveles económicos y de corrupción desde los cuales la recuperación será ardua y lenta, sobre todo, porque todo nos demuestra que los pactos de La Habana sí se firmaron con el compromiso,  tanto de proteger y legalizar el narcotráfico como concederles la impunidad a sus “empresarios”. 

Publicado en Columnistas Nacionales

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