Facebook

     SiteLock

Última hora
Timochenko muestra sus colmillos - Martes, 23 Mayo 2017 05:55
Guardando las apariencias - Martes, 23 Mayo 2017 05:55
Indignidad periodística vs. verdad - Martes, 23 Mayo 2017 05:55

Ariel Peña                                    

De manera farisea en los últimos días, cabecillas guerrilleros y personajes proclives al totalitarismo, hablan de un supuesto “odio” porque algunos ciudadanos adversos al proceso de paz han cuestionado  la claudicación de parte del gobierno. Y eso si es el mundo al revés, ya que la estafa comunista del marxismo leninismo que es seguida por las bandas narcoterrorista de las Farc y el Eln, es en los últimos 100 años para la humanidad, la madre del odio, la mentira y el crimen.

No hay que olvidar que el comunismo es responsable de más de 150 millones de asesinatos perpetrados por los marxistas más conspicuos como son: Pol Pot, Stalin, Lenin, Mao Zedong, Kim Il Sung, Fidel Castro, y desde luego a las bandas armadas marxistas en Colombia les toca su parte de responsabilidad en esa calamidad; recalcando que el principio marxista de la lucha de clases es ni más ni menos que una vendetta, cuya práctica es igual a la de  cualquier mafia.

El odio es el común denominador de la secta marxista leninista; de ahí la consigna que ha enseñado el comunismo totalitario, a sectores ignorantes y atrasados que ha influenciado: para ser un buen revolucionario “hay que amar al pueblo y odiar a su enemigo”. Pero ¿cuál pueblo? La fauna comunista  tiene su propia semántica y al término pueblo le colocan un significado diferente del que conocemos el resto de mortales. Indiscutiblemente el odio es un patrimonio inamovible del marxismo, por ello no se explica en la lógica, las posturas hipócritas de los miembros de ese engendro, ya que para que exista la lucha de clases debe haber un   odio inmenso.

Hasta donde se sabe, ni las Farc ni el Eln piensan abjurar de la lucha de clases, tampoco el resto de mamertería que abraza el esperpento marxista, pues la diabólica lucha de clases, según las entelequias totalitarias, es el motor de la historia. Entonces la batalla de ideas se tiene  que poner al orden del día para frenar las intenciones hegemónicas comunistas que buscan avasallar al verdadero pueblo colombiano, y por ello no hay que confundir la lucha de clases con la lucha social.

La lucha social es inherente a  la casi totalidad de los seres humanos, porque durante nuestra existencia tenemos necesidades tanto materiales como espirituales; lo que significa que las personas nacemos con necesidades, trascurre la vida en medio de esas necesidades y hasta la muerte de una u otra forma necesitamos del apoyo de los demás, por lo cual la vida es una lucha permanente. Entonces como diría un dirigente de la Segunda Internacional de los trabajadores a finales del siglo XIX, “el movimiento lo es todo, el objetivo final, no es nada”; con esa afirmación se desenmascararon  los dogmas absolutistas de Karl Marx.

La lucha de clases planteada en el Manifiesto Comunista en 1848,  promueve  un ajuste de cuentas o vendetta, en donde supuestamente se pretenden vengar las injusticias cometidas en toda la historia. Para ello los seguidores de la cáfila marxista, en sus diferentes denominaciones por la concepción mágica  de ese engendro, se creen iluminados para dominar a sus semejantes, creando dictaduras a perpetuidad, con ejemplos claros en Cuba, Norcorea, China y Vietnam,  y  en Latinoamérica donde quieren imponer  la misma fórmula  con el socialismo del siglo XXI y el foro de Sao Paulo. Desde luego Colombia hace parte del proyecto totalitario, y de ahí que se continúa con la combinación de todas las formas de lucha, en donde las bandas narcoterroristas de las Farc y el Eln son parte importante del entramado.

Así que una cosa es la lucha social movida por nobles ideales para el bienestar de las gentes y, otra muy distinta es la  lucha de clases que utiliza medios perversos  para instaurar  una esclavitud permanente en contra de los pueblos. Las clases existen en la Zoología y la Botánica con  los animales y las plantas; pero los seres humanos somos únicos e irrepetibles, y  a las diferencias sociales y económicas hay que darles el titulo de estrato o nivel, pero nunca de clase. La terminología marxista no solo impulsa el odio, sino que busca con la violencia llevar a confrontaciones crueles, como el caso colombiano, en donde el comunismo totalitario le declaró hace 52 años la guerra al estado y la sociedad  para tomarse el poder, utilizando sus bandas armadas.

La fábula de la lucha de clases se basa en el fetiche del materialismo histórico, en donde hasta  el sátrapa de Mao Zedong,  decía que esa era  una ley objetiva  independiente de la voluntad del hombre; semejante exabrupto es propio de la fantasía enfermiza y burocrática producida por el marxismo. El oscurantismo del comunismo totalitario no tiene en cuenta el pensamiento ni el querer de las personas, sino que como cualquier secta religiosa cree de manera cerril en la superstición, cuando menciona al materialismo histórico y la inevitabilidad como leyes determinantes.

De la misma manera  que  el marxismo leninismo en una forma mendaz, dice luchar a favor de los pobres y en contra del capitalismo (que tiene diferentes acepciones), el nazismo y el fascismo también manejaban esa predica falaz, ya que tanto Hitler como Mussolini hablaban a favor de las masas necesitadas antes de llegar al poder, lo que significa que desde la visión del marxismo leninismo este par de genocidas podrían aparecer  también como  “padres del proletariado”.

El comunismo en Latinoamérica amenaza la democracia, usando diferentes marcas, para descrestar ingenuos, principalmente porque las viejas oligarquías que han parasitado con el manejo del estado durante largas décadas  tienen un  complejo de inferioridad frente al marxismo, de pronto asustadas con la monserga comunista del materialismo histórico y la inevitabilidad, creyendo el cuento tonto de que el futuro de la humanidad es del  socialismo basado en el marxismo. Por ello dichas oligarquías, más preocupadas por sus privilegios que por el futuro de sus países, no le han dado la lucha ideológica al comunismo totalitario. Entonces esa tarea le corresponde hoy por hoy a las capas medias de la sociedad, unidas con los sectores populares, y también a los estamentos nacionales e internacionales interesados en defender la libertad, porque si hay algo que asusta a los marxistas  es el debate ideológico, ya que eso los paraliza, porque son huérfanos de argumentos para defender el bodrio marxista.

Al marxismo leninismo hay que marginarlo de la lucha social, que es diametralmente opuesta a la tal lucha de clases, pues  las reivindicaciones  de los pueblos no pueden ser usurpadas por el totalitarismo, cuyos miembros buscan conquistarse el poder político  para montar dictaduras oprobiosas, envileciendo a las masas y  echando para atrás la rueda de la historia. De ahí que hay que destacar que en Colombia se empieza a consolidar la movilización social de una manera destacada, como ocurrió con  las marchas en contra del gobierno de Santos el pasado primero de abril, que independientemente de la agrupación política que las haya convocada se circunscriben dentro de la lucha social y política, que es un patrimonio antropológico e histórico de la humanidad desde que existe sobre la faz de la tierra.

Publicado en Columnistas Nacionales

Compartir

Opinión

Nuevos videos

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Ingrese su dirección de correo electrónico:

Nuestras Redes