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Carlos Salas Silva                                       

No nos debe extrañar que los tiranos caigan por culpa de un botellazo bien dado que preceda a un caracazo o a un bogotazo. Eso le está ocurriendo a Maduro y es lo mismo que le pasará a Santos porque lo que ocurre hoy en nuestro hermano país es lo que se viene para Colombia. Múltiples videos transmitidos por las redes dan cuenta del intento, en plena Semana Santa, de linchamiento a Maduro y su gente en el estado de Bolívar; como también de turbas enfurecidas poniendo a correr a los tan temidos organismos de represión al servicio del tirano.

Lo que se ha puesto en clara evidencia es la vulnerabilidad de quienes se mostraron hasta hoy como los intocables que atemorizaban a los ciudadanos. Un botellazo en la frente del detestado Nicolás Maduro es un golpe certero a toda una estructura de poder sostenida por cimientos de opresión y barbarie. Este gesto heroico ánima a todo un pueblo a proseguir el combate, armados con sus gritos y consignas, y una que otra botella que se encuentre por ahí en el transcurso de marchas y manifestaciones.

Una simple botella puede llegar a hacer la diferencia entre un pueblo indefenso ante las armas de la represión y un pueblo que confía en la victoria porque tiene a la razón y la justicia como sus aliados. El tirano y sus esbirros se pueden burlar de los desesperados y angustiados gritos de los ciudadanos en la calle, pero no de un botellazo. Hacer sentir en carne propia al tirano de lo que significa ser golpeado, como lo ha sido el pueblo venezolano por la Guardia Nacional y las bandas de colectivos armados durante años, y hacerle sentir el dolor en el cuerpo y en el alma, es un paso de inmensa trascendencia en la lucha de liberación de un pueblo oprimido por una dictadura atroz. Aplaudo a quien con certera puntería dio en el blanco de la cabeza dura de Maduro y a todos los que en las calles de Venezuela exigen la caída del oprobioso régimen.

Quienes han esgrimido el anhelo de una América unida para aplicar sus siniestros planes, elaborados desde el Foro de Sao Paulo, van a ver como se les vendrá en su contra el que los latinoamericanos nos unamos en una sola voz. Seremos una sola América Latina para liberarnos del yugo impuesto por quienes han colocando a la cabeza de nuestros países a unos pretenciosos y muy mediocres “presidentes”. Robando elecciones con el mayor descaro como ocurre hoy en Ecuador y como lo han hecho en repetidas ocasiones en Colombia, se pretenden “democráticos” y no son más que unos sátrapas de republiquetas bananeras. Un tipo de la poca altura intelectual y moral como nuestro actual presidente que da apenas la talla de un Nicolás Maduro, un Evo Morales, un Ortega o un Correa con los que se sabe “príncipe entre príncipes”, debe sentir el botellazo que su colega y amigo recibió como si hubiera impactado en su propia frente. Bastantes oportunidades tuvo el traidor Santos de tomar distancia con Maduro pero más le pesaron sus compromisos con sus aliados narcoterroristas para mantener la fidelidad con quien, con su inmensa masa corporal, lo va a arrastrar en su caída libre.

La ceguera de Santos y su orgullo y vanidad, lo va a poner en la situación en la de quienes protagonizaron La parábola de los ciegos. Vamos a ver a Maduro y detrás de él a sus colegas cayendo como pintó Brueghel hace cinco siglos a una hilera de seis ridículos y grotescos ciegos de los cuales tres se tambalean luego de la caída en un hueco del primero de la fila. Los dos últimos no se percatan de lo que está ocurriendo pero, como lo dijo Jesucristo: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.”

Publicado en Columnistas Nacionales

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