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Rafael Guarín                                     

No debe haber repetición. Y lo cierto, es que, sin desmovilización total, sin desarme absoluto y sin desmantelamiento del aparato violento, tal garantía no existe.

Con la aceptación del Gobierno y el silencio de la comunidad internacional, es un hecho que las FARC no entregaran la totalidad de las armas. La Misión de la ONU informó que “el fin de semana concluyó el registro de las armas de las FARC” y que “la estimación inicial es de aproximadamente 7000 armas” (Ver 1) (Ver 2). El 17 de marzo el Presidente Santos (Ver 3) indicó que se tenía “un inventario de 14 mil armas de las FARC que próximamente pasarán a manos de la Misión de la ONU” y el Ministerio de Defensa fue aún más específico: “de esas son cerca de 11 mil fusiles” (Ver 4). En realidad, pueden ser muchas más y mucho más diversas que simples fusiles, pistolas y revólveres.

¡En dos semanas se perdieron 7000 armas! Nunca llegaron a las zonas veredales, como tampoco nunca llegaron los miembros de las milicias, a pesar que el Acuerdo establece (página 222) que debían trasladarse a dichas zonas. Lo que no se ha dicho es que el 16 de enero, a espaldas de los colombianos, Gobierno y FARC firmaron un acta que modifica el Acuerdo ratificado por el Congreso en los términos admitidos por la Corte Constitucional. ¡Siguen negociando! Lo hicieron para permitir que los milicianos no tuvieran que concentrarse y que las FARC solo debiera incluirlos en los listados de quienes recibirán beneficios judiciales. Recuerdo a De La Calle y a Jaramillo diciendo a la Comisión de Voceros del NO que si los milicianos no se concentraban no tendrían beneficios. ¡Otra mentira!

A las 7000 armas (como mínimo) que las FARC no entregarán, se suma que a septiembre de 2016 el Ministerio de Defensa estableció que ese grupo estaba compuesto por alrededor de 13.739 miembros, entre milicianos y guerrilleros. Según comunicado de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz en las zonas y puntos están tan sólo ubicados 6804 individuos a 4 de abril. Cerca de 7000 nunca se trasladaron a esas zonas. Y las FARC sólo han entregado un listado de 1541 milicianos. La conclusión es obvia: faltan tantos militantes con capacidad violenta de las FARC como armas no registradas y por tanto que no se van a entregar. ¿Cuál desarme? ¿Cuál desmovilización? La mitad de las FARC están por fuera del cumplimiento del Acuerdo.

Mientras toda la atención se ha dirigido al debate de la jurisdicción especial para la paz, pasa de “agache” la cuestión central. “Lo más importante en un proceso de paz es precisamente resarcir a las víctimas y que no se creen más víctimas. Esto último es lo que se llama garantías de no repetición”, señaló, en un artículo en Semana.com, Todd Howland, responsable de la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Comparto que ese debe ser el propósito central de un Acuerdo de Paz y un criterio evaluador de su eficacia.

Los colombianos esperan tres cosas concretas: que las FARC se desarmen completamente, que se desmovilicen absolutamente y que no vuelvan a delinquir, asuntos claves para poder decir que sí hay garantía de que esos perpetradores no volverán a matar, secuestrar o ejercer cualquier tipo de acción violenta. Hasta ahora, todo indica que nada de eso se va a cumplir plenamente.

Tal y como vamos, las víctimas y la sociedad colombiana no van a tener ninguna garantía seria de no repetición por parte de las FARC. ¿Cuál garantía si van a dejar intactas gran parte de sus estructuras de milicias? (Ver ¿Cuál desmovilización?) ¿Cuál garantía si seguirán en territorios que naufragan en coca y minería criminal? (Ver ¿Cuál combate a la coca?) ¿Cuál garantía si se niegan a disolverse como aparato y pretenden mantener a los exguerrilleros subordinados a la organización, inclusive aquellos que serán rearmados a través de la Unidad Nacional de Protección o por medio de empresas privadas de seguridad? (Ver “La seguridad privada de las FARC”) .

No se trata de una cuestión menor. Si no hay garantía cierta de no repetición, carece de sentido otorgar tratamiento especial a los miembros de las FARC responsables de atrocidades, tampoco tendría fundamento no extraditarlos o concederles los beneficios que pululan por todo el Acuerdo. La razón de todo eso es que las FARC garanticen la no repetición, sin ello, nada merecen a cambio.

La no repetición, que incluye actuar sobre los factores que favorecieron la violencia, tiene como requisito indispensable el desmantelamiento de las FARC como aparato armado, eliminar su jerarquía militar, su mentalidad belicosa, su disciplina de ejército y el sometimiento de quienes la conforman a una estructura pensada para la guerra, no para la paz. Las cosas apuntan en sentido contrario.

El 20 de febrero, Timochenko hizo precisiones en la Agencia Prensa Latina sobre el real alcance de lo pactado: “Nadie en las FARC-EP va a desmovilizarse (...); desmovilizar es enviar a alguien para su casa, liberándolo de cualquier compromiso con la fuerza a la que perteneció, es olvidar el pasado e iniciar un camino distinto”. En otras palabras, ninguno de los miembros de las FARC que se encuentran en las zonas veredales de normalización, menos los que están fuera de ella, está allí para abandonar la estructura de las FARC. El modelo negociado en La Habana garantiza que esos colombianos sigan sujetos a dicha organización, por eso la palabra “desmovilización” no aparece por ninguna parte en el Acuerdo.

Por eso, además, en la entrevista subraya que “jamás aceptamos en la mesa de conversaciones el modelo liquidador del Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR)”. “Nos reincorporaremos a la vida civil de modo colectivo, cohesionados, con un proyecto económico, social y político de vida y trabajo legal, para continuar la búsqueda de nuestro objetivo estratégico por otros medios”. La columna vertebral del Acuerdo es esa y la prórroga de las zonas donde están ubicados los guerrilleros más allá de los 180 días iniciales, así lo ratifica.

El derecho de las víctimas a no ser revictimizadas y de la sociedad a no padecer más hechos victimizantes es la razón concreta de un Acuerdo, así le cuelguen arandelas de todos los pelambres y presentaciones. Lo concreto, lo importante, lo real, es que no debe haber repetición. Y lo cierto, es que, sin desmovilización total, sin desarme absoluto y sin desmantelamiento del aparato violento, tal garantía no existe.

Sígame en @RafaGuarin
Ex viceministro de Defensa Nacional.

Semana, Bogotá, 06 de abril de 2017

Publicado en Columnistas Nacionales

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