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Carlos Salas Silva                                   

Un nuevo movimiento aparece en el panorama político colombiano surgido del triunfo del NO en las urnas con lo que se invalidó el acuerdo siniestro de entrega del país a los narcoterroristas. NO fue la respuesta de la mayoría en el plebiscito al que convocó el gobierno ilegitimo de Santos y NO es lo que se le dice categóricamente al conejo a la voluntad popular.

Este grupo tiene de partida 6.424.385 simpatizantes activos contados el 2 de octubre de 2016. Número que no ha parado de crecer desde que el acuerdo firmado entre Santos y Timochenko se impuso a las malas, burlando la decisión del pueblo soberano como solo se ve en las peores dictaduras.

Contar con unas bases tan numerosas es motivo de preocupación para el sátrapa de turno quien es repudiado cada día más y más por los colombianos. Preocupación que crece cuando los lideres del NO, es decir las cabezas de la oposición unidas por la causa común de salvar al país del desastre, convocan a una marcha para el primero de abril. Primera vez en los desastrosos años de gobierno de Juan Manuel Santos en la que todos y cada uno de ellos invitan a una manifestación.

Nadie en Colombia, hoy en día, podría hacerse el de la vista gorda ante la grave situación del país producto de encontrase dirigido por un presidente que ya debería haber sido destituido como lo ordena la Constitución. Ni siquiera sus más fieles adeptos pueden ocultar que de mantenerse ilegítimamente Santos en el poder las consecuencias serán desastrosas, perspectiva que llena de horror al ser testigos cercanos de lo que ha venido ocurriendo en nuestra hermana Venezuela por causas idénticas.

Los del NO vamos a sacar al país de este atolladero, de eso no nos quepa duda. La cuestión es cuándo, conociendo el peligro que significa continuar hundiéndonos en el fango en el que estamos metidos. La cosa es de altísima urgencia y tenemos que aligerar los pasos. El destino de la Patria está en nuestras manos y el compromiso ha sido asumido, lo que resta es potencializar la fuerza que significa la unión de quienes decimos NO a la ignominia.

Estamos hastiados de tanta corrupción y hasta la coronilla de traiciones. Tuvimos la oportunidad de decir NO hace cinco meses y ahora tenemos el deber de defenderlo. Tengamos muy presente que el NO es nuestra bandera, símbolo de unión y de fortaleza, por encima de cualquier filiación política. Con ella saldremos el sábado a las calles como primera acción con un objetivo claro, la destitución de Juan Manuel Santos y la convocatoria a unas elecciones que nos permitan llevar a la presidencia a una persona digna.

Los colombianos no somos lo que Santos y sus secuaces creen, una partida de borregos asustados y confundidos. No señores, somos un pueblo vencedor de grandes batallas, valiente y decidido.

El NO nos mantendrá unidos hasta que restauremos un SÍ lleno de esperanza y fe.

Publicado en Columnistas Nacionales

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