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Jaime Jaramillo Panesso                             

Los hombres de la ONU y los generales del  ejército colombiano andan dizque detrás de las caletas donde las Farc esconden armas desde 1963 cuando eran los fusiles de pólvora, mejor dicho, según los apuntes del diario de Manuel Marulanda, alias Tiro Fijo, escopetas hechizas o artesanales de uno o dos tiros. Esas caletas aparecerán si los comandantes de las Farc supieran cuándo y dónde quedaron. Es insensato pedirles a los muchachos de la guerrilla actual que conozcan de esas reliquias.  De las que si conocen es de las últimas importadas a cambio de cocaína. Pero de esas no son tan  estúpidos para entregarlas todas. Algunas sí, para no hacer quedar mal a la ONU.

Esas caletas son tan ciertas como los lugares donde instalaron las minas quiebrapatas, que con seguridad deben ser iguales al lecho del río Tumaradó que dizque se perdió y dejó fuera del mapa a Bajirá, razón por la cual el IGAC, Instituto Geográfico Agustín Codazzi, “decretó” que ese corregimiento perteneciera al Chocó y no a Antioquia. Las caletas con armas y el mapeo de las minas quiebrapatas son los cuentos  de hadas mejor elaborados por Timochenko y su corte de brujos leninistas. Una guerrilla que anduvo corriendo de un lugar a otro, ya para atacar la fuerza pública, ya para huir de la misma, no podía ponerse a levantar actas con mapas como en los vivacs de la guerra regular.

¿Y de los bienes y riquezas qué? Como estamos tratando con mentirosos crónicos, tanto que juraron y juraron que no tenían ni oro ni plata, ni cobre ni coltán para reparar a las víctimas de su monstruosa violencia revolucionarias, resulta que el Fiscal sí descubrió tierras y ganado por miles de millones de las arruinadas y empobrecidas Farc. Y falta saber en cuál país están las cuentas en dólares contantes y sonantes del negocio creciente de la coca y la heroína, al uso restringido de una pléyade de testaferros que no se desmovilizarán por razones evidentes.

Nosotras, las víctimas de las Farc (igual va ocurrir con las víctimas del Eln) que no viajamos a La Habana, nunca hemos creído en las embrujadoras palabras farianas. No ocurrió lo mismo con las escogidas, sesgada y maliciosamente, por el delegado de la Universidad Nacional, Alejo Vargas, por los representantes de la ONU y de la Santa Madre Iglesia, turistas eméritas invitadas por el Secretariado y por el Alto Comisionado, Don Sergio Jaramillo (de quien no soy pariente, aclaro) a la capital de Cuba. Esas víctimas terminaron igualándose en su pena con las Farc. Y que penen por penosas, por ingenuas o por oportunistas.

Así queda el cuadro del divino proletario, Don Rodrigo Londoño, tras su paso por esta tierra colombiana “en tratándose” de caletas con armas y con dólares, erradicación de minas quiebrapatas o asesinas y de víctimas victimizadas.

Publicado en Columnistas Nacionales

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