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Eduardo Mackenzie                                     

Es como si se hubieran puesto de acuerdo para enredar aún más a la prensa internacional sobre el “proceso de paz”. El mismo día que el presidente Juan Manuel Santos declaraba que “ya se tiene un inventario de 14 mil armas de las Farc que próximamente pasarán a manos de @MisionONUCol”, su ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, afirmaba lo mismo pero con unas curiosas variantes: “Estamos en pleno desarrollo del desarme de las Farc. Ya han entregado varios cientos de fusiles y Naciones Unidas tiene ya el inventario de las armas que rodean las 14 mil, de ellas unos 11 mil fusiles”.

Esas dos declaraciones asimétricas y simultáneas se transformaron inmediatamente en titulares de prensa en Europa del siguiente tenor: “Colombie: les Farc ont déjà rendu 14.000 armes”. Es decir: “Colombia: las Farc ya entregaron 14 000 armas”. El titular erróneo, pues ni Santos ni Villegas habían dicho eso,  fue redactado por el popular matutino Le Parisien que circuló el 18 de marzo, quien tragó entero lo del “pleno desarrollo del desarme de las Farc”.

Las Farc, en realidad, están lejos de cumplir sus promesas de desarme. El ministro Villegas habla de “varios cientos de fusiles” entregados pero de esa entrega no hay traza alguna.  ¿Dónde, cuándo, cómo y a quién entregaron esos cientos de fusiles? La prensa  tomó nota de  una frase lanzada por la comisión de la ONU en Colombia donde dice haber recibido, el pasado17 de marzo, únicamente “140 armas” de las Farc, lo que no coincide con los “cientos de fusiles” que menciona el ministro Villegas.

Es evidente que esas declaraciones cojean: una cosa es decir que las Farc habrían entregado ya a una comisión de la ONU el “inventario” de sus armas y que éstas serían “14 000”, y otra muy distinta es decir que las Farc han entregado a la ONU esas 14 000 armas.

¿Dónde está la declaración de la misión de la ONU confirmando que recibieron tal “inventario”?  ¿Por qué solo Santos y Villegas son los que abordan ese tema preciso cuando  ellos no están habilitados para hacerlo según las condiciones que las Farc les impusieron en La Habana?  Según los pactos de Cuba sólo la comisión de la ONU está  autorizada a controlar todo lo relativo a la “dejación” de las armas de las Farc. Esa misión es la única que debe supervisar, sin testigos, sin prensa, sin garantes, el depósito de esas armas en unos contenedores oficiales de la ONU y el traslado físico de los dos tercios de esas armas, en esas precarias condiciones, sin testigos de ninguna especie, a dos ciudades extranjeras, La Habana y Nueva York. La ONU también debe trasladar el otro tercio de armas a un lugar desconocido en Colombia y bajo control de las Farc, para que  éstas construyan un monumento a la gloria de Tirofijo y de otros cabecillas del terrorismo comunista.

El diario francés Le Monde no cayó en la trampa de las 14 000 armas “ya entregadas”, ni  en lo del “inventario” completo, pues admitió que el tamaño del arsenal de las Farc “sigue siendo desconocido”, y subrayó algo que contradice de frente las afirmaciones ambiguas de Santos y Villegas: que la misión de la ONU detalló en un comunicado que  “ella conocerá el número total de armas de las Farc únicamente cuando termine el proceso de identificación y registro en curso”.

El 30 septiembre de 2016, la víspera del plebiscito sobre  las negociaciones Farc-Santos, el general Javier Florez,  jefe del recién creado “comando  estratégico de transición (COET)”, afirmó que las Farc tenían  5.765 miembros armados, así como 14 000 fusiles y pistolas y 6 000 otras armas, como granadas y morteros, fuera de varias toneladas de explosivos que iban a ser destruidos, según Florez, antes de que los colombianos fueran a las urnas el 2 de octubre de 2016. Nunca se supo que pasó con esas toneladas de explosivos.

Luego hay como una contradicción flagrante entre lo que dice el señor Santos y lo que dice la ONU sobre la pretendida entrega de armas de las Farc.

Dos días antes, la prensa había lanzado un baldado de agua fría sobre el pretendido “desarme” al publicar una declaración del coronel Raúl Ortiz, comandante de Desminado Humanitario del Ejército de Colombia, quien afirma que sus servicios han detectado “nuevas siembras de artefactos explosivos en zonas donde ya se adelantaba el desminado humanitario”, es decir en Arauca, Antioquia, Nariño, Cauca y Santander. Aunque los altos mandos militares de hoy hacen contorsiones para no entrar en disonancia con las cuentas alegres de Santos, el coronel Ortiz deja ver que las Farc abandonaron su compromiso de participar en el desminado y que sólo volverían a esa tarea obligatoria en una fecha incierta: “cuando se cumpla [el] proceso de desmovilización y se resuelva [la] situación judicial” de ellos. La agenda para retirar esas minas está, pues, en el limbo. En 34 de los 47 primeros municipios seleccionados para iniciar el desminado, nada se ha hecho y sólo en 13 hay algunos resultados, según declaró el ex ministro Rafael Pardo, asesor materia de “postconflicto” del presidente Santos.

A eso, y lo de la nueva siembra de minas antipersona, se suma la ola de asesinatos de “líderes sociales” en las zonas que  desocuparon las Farc al irse a las “veredas de concentración provisorias”. El Fiscal general, Néstor Humberto Martínez, atribuye esos asesinatos a bandas criminales del Clan del Golfo y del ELN, quienes buscan “frenar la erradicación de cultivos ilícitos”. Sin hablar de que la situación de los puntos de concentración de las Farc sigue siendo de una opacidad total para los colombianos y hasta para las autoridades locales, como acaba de verificarlo en persona el gobernador de Antioquia. Para resumir, las declaraciones y los anuncios optimistas del gobierno no han logrado sacar del pantano al llamado “post conflicto”.

Esa crisis podría tener dos razones: 1.- la dirección de las Farc sigue temiendo que el proceso con Santos caerá en lo que cayeron las negociaciones de paz en Centroamérica, donde las guerrillas castristas no lograron realizar su proyecto de cambio social. Para ella, los avances logrados con Santos son una fase intermedia, un paso importante en la combinación de todas las formas de lucha, pero no ha alcanzado el salto cualitativo “hacia los objetivos superiores”. Eso estaría por verse y ese sería el núcleo de la famosa “implementación de los acuerdos”, etapa contra la cual los colombianos se muestran más y más hostiles. 2.- Mientras que Barack Obama estuvo en la Casa Blanca, esas metas estratégicas parecían alcanzables gracias a la política de Santos, pero con el desgaste profundo de éste y, sobre todo, con la llegada de Donald Trump al frente de los Estados Unidos esa perspectiva se desdibuja. ¿Es esto lo que explica el notable auge de los narco cultivos, el apagón informativo sobre lo que está ocurriendo en los 27 campamentos, el aplazamiento del desarme y del abandono real de la lucha armada?

@eduardomackenz1

Publicado en Columnistas Nacionales

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